Santander · Unidad 119 de 158

Unidad 119 · Y ANTIGUA TORRE REFORMADA

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Y ANTIGUA TORRE REFORMADA

empedrado en mosaico , de guijarros, á la manera usual de la tierra» (Costas y Montañas, págs. $42 y =543).

todas ellas moradas de hidalgos, blasonadas, de simpática y agradable estructura, que recuerdan edades fenecidas, y engalanadas con los vistosos arreos de la fantasía. « ¡Qué admirable libro de la sociedad antigua, fuera aquel que nos conservara en su forma original y primera, bárbara ó culta, explícita ó misteriosa, romana ó latina, la serie escrita de los hechos de nuestros padres en motes y divisas! » — «En la piedra de sus fachadas tiene escritas Santillana algunas de las hojas de tal libro : » allí está, con el escudo de los Mendoza, su ojival portada de saliente periferia, su piso alto decorado por moldurada imposta que á modo de greca recorre la fachada y rodea las ventanas como un marco, solitario edificio de sillería, ya al parecer abandonado; allí de época posterior, y señalada con el número 32, la Casa del dgzcila, sobre porches, con su resaltado escudo de los Villa, en el cual hacen dos guerreros oficio de tenantes, y custodian el blasón, en que destaca el águila, «agonizando de un saetazo que le pasa el pecho, recibido en defensa de buena causa, disparado tal vez por mano regia ó por mano armada», pues dice la divisa que le rodea: vn bven morir || honra to || da la vida.

«En otra parte, las fajas de los Ceballos, y su leyenda: es

ARDID DE CABALLEROS, CEBALLOS PARA VENCELLOS» ; « luegO alrededor de su brazo armado, el anónimo testimonio de la participación de los montañeses en las empresas ilustres de la política y las armas españolas,» expresado en el pretencioso y metrificado mote: brazo fuerte, á italia dió terror y á esforcia muerte; «más lejos estas misteriosas letras beth, arrimadas á atributos de la Pasión, cruz, columna y azotes» (i), «y por último, el resumen y compendio del código del caballero cristiano: da la

VIDA por la ONRA Y LA ONRA POR EL ALMA» (2). Así, Casi COmO

(í) «Son acaso,— escribe el señor Escalante,— las [letras] de la segunda consonante hebrea, expresión de la idea de la casa, hogar, domicilio,» cual manifiesta en su gramática el antiguo hebraizante y catedrático de este idioma en la Universidad Central don Antonio García Blanco. «Acaso [son], continúa el referido escritor montañés,— iniciales de una frase ya perdida, como las célebres f. e. r. t. de la guerrera casa de Saboya» (pág. 5 $2 de Costas y MontañasJ.

(2) Id., id.

museo arquitectónico se manifiesta por un lado la antigua y abadenga población, mientras por la otra aparece con los caracteres que distinguen en general las poblaciones montañesas, envanecidas con lo ilustre de los linajes que las habitaron; pero sobre todos estos recuerdos misteriosos y sombríos cual solitaria tumba; sobre todos aquellos residuos de culturas borradas por el eterno laborar del tiempo, y como lugar donde halla término la arqueológica y linajuda del Cantón^ — deformada y no menos sombría en su envoltura de sillares de asperón jalde, aparece la insigne Abadía^ con espacioso atrio empedrado, que sirvió un tiempo de enterramiento, y al cual da acceso moderna escalinata de piedra, fingiendo ser guardadores centinelas suyos sendos leones mutilados, y colocados á la una y otra parte de la entrada; sus salientes desordenados cuerpos, sus dos distintas torres del crucero y de las campanas, á uno y otro extremo, sus arcaturas superiores, y su aspecto en fin, de edificio venerable, precedido de grande y merecida nombradía, ñaera y dentro de la Montaña.

Más quizá que por efecto de los siglos, y de la situación y resentimiento de la fábrica de la Abadía^ más que por necesidad de conservar todos y cada uno de los miembros de aquella joya arquitectónica, con la cual, y no sin causa, se enorgullecen los hijos de esta provincia de Santander, considerándola como testimonio evidente de sus glorias, no disputadas, en las edades que fueron, — por aquel afán inmoderado de reformarlo todo, por aquel como invencible odio á las creaciones artísticas de los ingenuos tiempos medios, — manos trastornadoras han hecho que pierda la Abadía su fisonomía característica, y que al primer golpe de vista se enfríe el entusiasmo en quien por vez primera también la contempla. La portada, donde en su origen debió hacer é hizo ostentación de peregrinos primores el estilo de que es fruto, — compuesta se halla, es verdad, de cinco arcos concéntricos; pero ni voltean con la gallardía con que los hicieron moverse sus constructores, ni conservan su aspecto propio, á despecho de las

dos columnillas acodilladas y de corto fuste, que á cada lado fingen soportar las arcaturas, y á despecho de los capiteles que coronan los dichos fustes, donde en la columna de la derecha dos cuadrúpedos unen sus cuellos en la voluta, y en la de la izquierda se muestran dos aves en disposición análoga. Bien clara idea da de por sí, de las transformaciones injuriosas que este miembro del monumento ha experimentado, no ya el triangular frontón que cobija, en desacuerdo con todo, el saliente cuerpo de la portada, y en cuyo tímpano, y dentro de su ornacina, se destaca la imagen de la titular Santa Juliana; sino la indiscreta y mentirosa lápida negra, colocada en el machón derecho, donde poco escrupulosos restauradores declaraban en el pasado siglo: