Santander · Unidad 130 de 158

Unidad de lectura 130

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través del majestuoso macizo de las Peñas de Europa, para llegar á ellas, y cuán grande hubo de ser y fué para los lebaniegos el amor á las tradiciones heredadas, las cuales para ellos eran representación expresiva de momentos, si bien no felices, por lo menos más afortunados que aquellos otros en los que sus hijos, abandonando la nativa Montaña, avanzaban entre contrariedades mil en la empresa inmortal, en la protesta sagrada que á la cabeza de sus montañeses hace Pelayo cinco años después de la conquista de España por los musulmanes.

Hallémonos pues, lector, delante del edificio de mayor antigüedad y de más significativa importancia de cuantos honran esta provincia de Santander; delante de eficacísima prueba, por la cual quedan corroboradas afirmaciones hechas ya de antemano por nosotros; en presencia de la demostración más gráfica de aquella verdad, tan notoria entre los entendidos, que persuade respecto de la progenie principal de los elementos congregados en torno de. Pelayo, y respecto de la influencia que hubo en ellos de ejercer la tradición prestigiosa, magnificada y conservada con religioso amor y con veneración manifiesta. Y si á despecho de sus humildes apariencias y de sus reformas revela en su exterior todo esto la Iglesia de Santa María de Lebeña, — mayor es aún el interés que excita en su interior, cual habremos de procurar poner de relieve, prescindiendo del atrio, rodeado de asientos, de la puerta, adintelada, y pintada figurando desdichadamente caprichosos mármoles grises, de la lápida colocada sobre la puerta, donde en cinco líneas de capitales incisas se declara que el Año de 775^... izóse hesta || ovra siendo cvra de Leveña el Li."^" || D. Caietano de Posada y con dinero || qve dio DJ" Frans." de Zeus, i D.*" Frf" La Can} || i D!" Bernardo Laso.., aivdaro7t, y del epígrafe pintado encima, en el cual se conmemora que se dio de blanco á esta yglesia año de 18 50 y siendo ctira D. Domingo de Floranes, y que aquello lo izo Fernando Gon.^

De planta de cruz latina, según al exterior revela, — consta de

tres naves, desiguales en longitud; repartida la real en cuatro tramos, de los cuales el inferior, donde á hachazos se ha labrado el coro, conforme la gráfica expresión de Pereda, recuerda el «atrio ó nartex destinado [en las primitivas iglesias cristianas] á los catecúmenos, los energúmenos y los penitentes á quienes se prohibía temporalmente la entrada en el templo» (i), — las laterales, con lo^'yó en tal sentido, muéstranse por su parte divididas en tres tramos, y seccionadas por elegantes arcos de herradura, desornados, y muros que sostienen bóvedas independientes, midiendo 3"'45 de latitud la nave central, 2"'74 la del Evangelio y 2'"7 I la de la Epístola. De esta iglesia, cuya disposición extraña, y cuyos arcos han sido pintados de imitación de mármol obscuro con las juntas caprichosamente fingidas, como han sido embadurnados de amarillo los peregrinos capiteles y algunos otros exornos de que habremos de hablar, dice su primer ilustrador, ya citado, lo siguiente al describirla: «Ocupan el centro cuatro pilares, que se corresponden con otros cuatro medios pilares de los muros exteriores». «Los orientales, de forma rectangular, terminan hacia el lado del ábside en pilastras sin capitel, de aristas achaflanadas, que, con otras análogas, adheridas al muro oriental, sostienen arcos rebajados». «Los tres lados restantes presentan columnas de fustes cilindricos, que sirven de apoyo á otros tantos arcos, peraltados los que separan de la iglesia el santuario y dos capillas accesorias — antiguas sacristías ó depósitos para vasos sagrados, diplomas, libros y oblaciones— de herradura perfecta las de comunicación entre la nave mayor y las laterales».

«Los otros dos pilares, — prosigue, — están constituidos por macizos de base cuadrada con una columna en cada lado». «Aunque no hay una exactitud tal en la construcción que se unan siempre del mismo modo las basas, es manifiesta, — observa,— la tendencia á dejar en la planta las aristas del pilar entre

(i) D. R. Torres Campos, Op. cit. pág. 27.

las columnas». «Estas sostienen arcos de herradura, más elevados los que separan el segundo tramo de la nave central del tercero, y éste de sus correspondientes en las naves laterales, que las de comunicación entre el segundo tramo de la nave central y las laterales, y entre el segundo y tercero de éstos». «Los pilares unidos á los muros tienen columnas en correspondencia con sus opuestas de los aislados » , sirviendo «de terminación á los muros de cerramiento de dos celdas, que resultan á continuación de ambas naves laterales, dos medios pilares de á dos co lumnas, correspondiente una á la del lado occidental de las anteriores, y otra al arco último de la nave central». «La

LEBEÑA.— Detalle de los arcos de su iglesia