Santander · Unidad 17 de 158
Unidad 17 · DlBUJOS (ó INSCHIPCIONES ? ) EN LA CUEVA DE AlTAMIRA
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DlBUJOS (ó INSCHIPCIONES ? ) EN LA CUEVA DE AlTAMIRA
guras indescifrable epígrafe de alfabeto desconocido, ya que no malévola é intencional distracción de quien buscó entretenimiento remedando la rudeza grosera de las edades remotas. Con altura por algunos sitios no menor de diez metros, la tercera estancia, á que da paso la anterior, es mucho más extensa y de más imponente aspecto, mostrándose en muchas partes obstruida por las piedras que han ido desprendiéndose de la bóveda, y conserva una sola representación pictórica, la cual, en condiciones no desemejantes á las del primer recinto, y con seguridad visible en el trazado, simula el cuerpo de un solípedo; en pos, y como á nivel cuatro metros más bajo que el del piso de la precedente, sigúese la cuarta galería, cueva de regulares dimensio-
nes, donde, siempre de perfil, se distingue pintada la figura de un toro, y parte de la cabeza de otro cuadrúpedo, al parecer un asno.
Para reconocer la quinta y última de las estancias de esta Gruta notable de Altamira^ preciso se hace volver á la tercera; y torciendo en esta con dirección al N., interrumpe allí el silencio majestuoso y solemne de aquellas extrañas y subterráneas concavidades, morada un tiempo del hombre, que las halló formadas por la mano providente de la naturaleza, — el eco lento, monótono y acompasado de la gota de agua, que entre las sombras se condensa, y fluye con fatídica resonancia de los protuberantes recónditos relieves de la bóveda, para constituir tranquila charca, y más adelante, á la izquierda, depositar en las lóbregas entrañas del pozo abierto quizá naturalmente entre las peñas, el caudal pacientemente, cual medida del tiempo, gota á gota acumulado en largos, eternos días de soledad y de tinieblas por nada interrumpidos. Al fin, y pasado el pozo, «que mide próximamente cuatro metros hasta tocar con el agua que contiene», muéstrase el postrer recinto de la Gruta, de tan molesto acceso, que obliga á andar algunos metros de rodillas, «con precaución de no tocar con la cabeza» en los salientes desiguales.
« Más digna de atención que las tres que la preceden», «pasada la parte estrecha, se levanta la galería poco más de un metro sesenta centímetros, por un metro treinta centímetros de ancho; examinadas las paredes laterales, que son de piedra», y de superficie «lustrosa y suave, como si hubiese sido causada por el frotamiento muy repetido, ya de personas ó de animales»,— «se las ve en muchos sitios cubiertas de infinito número de rayitas, hechas al parecer con un instrumento de punta muy aguzada, pero sin que se descubra ninguna figura ó signo que llame la atención : podríase sospechar que estas rayas son hechas por los murciélagos; pero existen en algunos sitios donde no es posible aceptar esta opinión», señalándose en los costados de la estancia perfiles de animales, ya aislados, ya en gru-
po, con otras representaciones singulares y formadas de rayas al trazo y de perfil negro, asemejables á las de la segunda galería algunas, y tan difíciles de interpretar como aquellas, si es que tuvieron significación determinada (i).
Tal es la Gruta de Altamira^ cuya importancia, á despecho de las controversias suscitadas por las pinturas que la decoran en sus varios recintos y en el principal especialmente, resulta muy superior á la de las demás cavernas exploradas de la provincia, de las cuales, unas, como la que en el mismo Ayuntamiento de Santillana, y sitio denominado Venta del Cuco, aunque extensa y habitada un tiempo, según lo indican y demuestran la capa de conchas del género patella^ y el «pequeño depósito de huesos tallados, conchas, dientes de animales y varios objetos de piedra tallada», como la de San Pantaleón^ en el pueblo de Escobedo y ayuntamiento de Camargo, y como la de Cobalejo^ en el ayuntamiento de Piélagos, — no añaden enseñanza alguna por corresponder también los objetos allí encontrados al período mesolítico, y otras, como la de Revilla^ no lejos de la ciudad de Santander y en el ayuntamiento de Camargó, ya referido, parecen de período posterior, á juzgar por los restos en ella reconocidos.
No deja, sin embargo, de brindar interés ciertamente la Gruta de Revilla, situada en la ladera meridional, « y como á dos tercios de altura de una eminencia, no muy elevada, con subida muy pendiente», á pesar de ser de dimensiones reducidas, pues, conforme su explorador, «mide de N. á S. siete metros y medio, de Saliente á Poniente poco más de cinco metros, y casi lo mismo su entrada, y de alto sobre cuatro á cinco metros.» Merced á las excavaciones practicadas, fueron encontrados « algunos centenares de objetos, entre los que se hallan útiles de
(i) Véase el curioso trabajo, ya citado, del señor Sautuola, de quien tomamos algunos rasgos descriptivos, así como también el artículo del señor E. Harlé, La, grotte d' Altamira, en los McLtérixux pour lliistoire primüive de l'homme, t. XVI, 1881, pág. 2757 siguientes.
piedra de formas muy distintas, pedazos de cristal de roca en abundancia, dientes y molares de diferentes clases de animales, gran número de huesos, muchos de ellos partidos longitudinalmente, como para sacar, según opinión admitida, la médula que servía de alimento al hombre en aquella época, bastantes conchas marinas del género /¿^/^//¿í, mucho mayores que las que hoy se ven en esta costa, algún ejemplar de ostras, dos pedazos de ladrillo y teja, y algunos, aunque pocos, de cacharros" de barro » (i).
De diferentes, bien que cercanas épocas unos y otros de los restos allí por su diligente explorador recogidos, — no todos de los tallados en piedra, lo habían sido en la procedente de las rocas de la provincia, pues muchas son extrañas, y acaso no falte entre ellas alguna de procedencia oriental, como ocurre con crecido número de los instrumentos del período neolítico hallados en diferentes regiones de nuestra España; por la abundancia y por el carácter de los precitados restos, más quizás que por lo desacomodado del lugar para vivienda, deduce no sin verosímil razón el señor Sautuola que la cueva referida parece hubo de ser taller donde semejantes útiles fueron labrados, pues no de otra suerte, á su juicio, sería dable comprender el número de instrumentos, la mezcla de tierra y cenizas, los trozos de piedra aún informes, los de cristal de roca, y los rudos representantes de la industria alfarera aparecidos, con las ro^as á medio labrar todavía, que constituyen verdaderos núcleos, y que en tal paraje, como obra comenzada y no concluida por accidente se manifiestan.
Arcano es el suceso que motivó el súbito abandono del taller, si fué éste de cierto el destino de la Ctieva de Revilla, cual arcanos á la par la extensión y el desenvolvimiento del comercio industrial de aquellos artífices no conocidos. ^Vieron acaso invadido á deshora y por la violencia ocupado de extrañas gentes
(i) Sautuola, Op. cit., pág. 5.
el territorio donde tenían asiento? ¿Qué raza, ó pueblo, ó nación, fué el que reemplazó á aquel otro en la posesión y disfrute del valle de Camargo, y en qué época hubo de verificarse acontecimiento de tal índole, perfectamente revelado, al parecer, por la situación en que á través de los siglos la precitada Cueva ha llegado hasta nosotros... ? Empeño será inútil el de pretender siquiera averiguarlo quizás, en el trasiego y movimiento incesantes de unas y de otras razas, tanto más cuanto que no ha sido aún descubierto cráneo alguno cuya configuración y cuyas circunstancias pudieran hoy alzar algo del velo que encubre sucesos tales, como resulta vano el intento de inquirir por lo general, todo lo relativo á aquellas edades, en que la humanidad aparece, y como lo es, á nuestro cuidar, el de decidir por modo exacto la cultura inicial de nuestro linaje.
Dotó el Supremo Hacedor á la criatura, cual de dón privilegiado y exclusivo, superior á cuantos le hubo discernido, de la luz prodigiosa de la inteligencia ; dióle á la par necesidades y deseos, conforme le dió aptitudes y aspiraciones, é hízole entrega del mundo, según salió de las divinas omnipotentes manos del Eterno, para que del mundo obtuviese cuanto la satisfacción de la doble naturaleza moral y física del hombre le demandase : y en tal camino, á la razón repugnan con verdad los supuestos gratuitos, ni probados ni probables del conde de Maistre, y no se hacen, á despecho de todo, tan inadmisibles en conciencia los de Lenormant, que han sido entre vacilaciones y timideces, contradichos sin argumentos valederos, con afirmar el uno cultura perfecta y adelantada en los primeros hombres, y reconocer el otro el estado salvaje de la humanidad en tales días.
Prescindiendo de semejante orden de consideraciones, — demás de las cavernas reconocidas, conserva la Montaña en lugares apartados testimonios y recuerdos de aquella edad, tan lejana de la nuestra, como para que se haya estimado anterior á la historia ; y bien que no todos los monumentos señalados y distinguidos fuera de España y en España misma como repre-