Santander · Unidad 2 de 158
Unidad 2 · CARTA — PREÁMBULO
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CARTA — PREÁMBULO
que él y yo nos ufanaríamos con ello : sino porque al descender al estudio de la Montaña, al abrir por mi parte el libro por ella formado, me asalta grande y doloroso desaliento, y siento la necesidad de comunicarles mis impresiones íntimas y mis juicios directos. Creo que Vds., y con Vds., Pereda y el preclaro D. Angel de los Ríos y Ríos, — cuya diestra tuve á honor estrechar en Reinosa, — habrán de convenir conmigo si no en todo, en mucha parte, y que doliéndose en mi compañía de que las exageraciones tengan virtualidad suficiente para envenenarlo todo, pondrán ó procurarán poner con la autoridad indiscutible de su voto, algún remedio al mal que desearía combatir, y del cual apetecería ver libre esa hermosa región de nuestra España, cuna de la Reconquista, y fuente y origen de que proceden, como de manantial común, el mayor número de aquellos insignes varones que en armas y en letras enaltecieron y subHmaron el nombre de la patria en todos tiempos.
No soy montañés, bien que de la Montaña desciendo, y mis palabras podrían ser por tanto interpretadas en sentido muy diferente de aquel en que las escribo; pero si no soy montañés, soy en cambio español, todo lo más español que pueda imaginarse, y he mirado y miro y miraré siempre cual hermanos míos á todos los españoles, como hijos nacidos de una misma madre, nutridos con una misma leche, educados en un mismo pensamiento y herederos y representantes de una sola y única aspiración y una sola y única idea. Miembros de una familia, de igual suerte el que habita en las comarcas que fertiliza el Miño, que aquel que tiene su morada en la montañosa Asturias, que el que mira nacer el Ebro y batir sus costas por el Cantábrico, que los que hablando idioma dife- ^ rente se reparten el suelo de la Vasconia, que él que recuerda en Roncesvalles sus glorias de otra edad, que el aragonés de Jaca y el habitante de la región industriosa y próspera de Cataluña ; lo mismo el castellano que el leonés, el valenciano que el conquense y el manchego, y el andaluz en sus diversos matices, — todos á una, como españoles, llamados estamos á realizar por modo ineludible un solo y único ideal, el ideal de la patria, que es la unidad superior, lograda no sin trabajosos afanes, luchas y fatigas en el proceso de los siglos, y á lo que todo también se subordina.
Todos llevamos impreso en nuestro sér, como sello impuesto en el acto material de la generación, como lazo invisible que nos aproxima y funde, — la marca indeleble de la madre patria: todos pensamos y sentimos, todos procedemos, y manifestamos nuestros pensamientos y nuestros sentimientos de manera análoga y muy distinta de como piensan, sienten y proceden los que han nacido de otra madre, llámese como se quiera : que supo Roma, aunque en provecho suyo y en perjuicio de la española independencia, tantas veces origen de las desventuras nacionales, — fundir en una sola turquesa los elementos étnicos congregados en la Península de antiquísimas y no bien discernidas edades todavía.
Cosa añeja es por cierto y rancia para Vds. esta de la unidad de la patria, y no lo es menos, ciertamente, la que á la variedad de la misma atañe y se refiere; pero permítanme Vds. que á ella haga relación, porque parece por desventura