Santander · Unidad 21 de 158

Unidad 21 · SANTANDER II9

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SANTANDER II9

hiperbólicos, y revelando por la mayor parte de ellas así la afinidad de los habitadores de la Montaña con gentes orientales, como su parentesco con las griegas (i), — aparece en realidad ante la historia el cántabro : de tal y no otra forma le presentan hoy á nuestros ojos los escritores de la antigüedad, y bien que la pintura no sea del todo exacta, ni muchas veces lisonjera por cierto, como á nuestro cuidar se ofrece, — cual ejemplo de valor, de entereza, de energía y de virtudes bélicas, le distinguen y señalan los hechos conocidos y registrados. Bien le conocían los romanos, á quienes tenía jurado rencor invencible, y bien le conocía el español Silio Itálico, cuando afirmaba que ni el frío, ni el calor, ni el hambre le rendían, que era superior á toda fatiga, y que no sabía vivir más que en la guerra, como en elemento propio :

« Necnon totus adest vesper, popaelisque reposti. Cantaber ante omnes, hieraisque ustusque famisque Invictus, palmamque ex omni ferré labore. - Mirus amor populo ; cum pigra incannit aetas, Imbelles jam dudum annos praevertere saxo, Nec vitam sine Marte pati, quippe omnis in armis Lucís caussa sita, et damnatum vivere paci.»

Cuando ponderaba sus aptitudes militares :

« Quo non alius venalem in proelia dextram Ocior attulerit, conductaque bella probarit Cantaber, et galeae contempto tegmine Vasco; »

cuando, según advierte el clarísimo Flórez, «por elogio del cónsul Flaminio pone luego el valor de no haber jamás visto su espalda el africano ni el cántabro :

«Ne terga Lybis, ne Cantaber unquam Cónsules aspiciat; »

(i) «Y todavía,— dice el erudito montañés D. Angel de los Ríos y Ríos, refiriéndose á las costumbres griegas,— se conservan en algunos de nuestros valles los epitalamios, en las bodas, y lamentaciones fúnebres por los difuntos, como en tiempos de Strabón, y como en Grecia hoy mismo» ( De Cantabria, art. Introducción, pág. I o}.

cuando «refiriendo después los que concurrieron á.la batalla, da el primer lugar» á los hijos de esta tierra :

« Subiré leves, quos hórrida misit Pyrene, populi, varioque auxere tumultu Flumineum latus : effulget caetrata juventus : Cantaber ante alios, nec tectus témpora Vasco; >^

cuando, «ponderando la ligereza del vascón y la facilidad con que el cántabro arroja las flechas», decía:

« Ac juvenem, quem Vasco levis, quem spicula densens Cantaber mgtkidX'^'»

cuando Horacio le apellida bellicosus Cantaber ; cuando el cordobés Lucano, haciendo relación en su Pharsalia «al valeroso y afamado Sceva, soldado del César», manifiesta en su encomio que «no le faltó para el lleno de su fama sino que el fuerte ibero, ó el cántabro con sus armas cortas ó el Teutón con las largas, le hubiesen vuelto la espalda» :

* Félix hoc nomine famae, Si tibi durus Iber, aut si tibi terga dedisset Cantaber exiguis, aut longis Teutonus armis; »

y cuando, entre otros muchos, que con los ejemplos copiados y conocidos de todos citan los autores, — ^Josepho reconocía en los montañeses «(por la fama general) una especie de furor marcial; Kavxáppwv ápscjxávta» , tan couforme con lo que de sus instintos bélicos consignan los escritores de Roma, y tan propio de los habitantes de nuestra España entera, y en especial de los de Cataluña, que se dieron muerte por quitarles las armas, y de quienes dijo Tito Livio : Ferox gens nullam vitam rati sine armis esse {i).

(i) Libro XXXIV, cap. i 7 cit. por Flórez, de quien tomamos estas referencias, pág. I 30 y siguientes de La, Cantabria.

En extenso perímetro, según han determinado sus dos más insignes y famosos ilustradores, — comprendía la Cantabria, y reconocía como suya, toda aquella parte de la encrespada costa que con vario movimiento, entre esteros más ó menos considerables, y entre revueltas peñas, se derriba al mar que la combate, desde la ría de Villaviciosa al Occidente, por donde partía entonces límites con la región astúrica, hasta llegar á las Encartaciones, punto en el cual la placentera ría de Oriñón, que corre sosegada y tranquila por anchuroso seno, marcaba su término á Levante. Incluidos quedaban así, la desembocadura del río Sella, Llanes, Puertas, la boca del caudaloso Deva, ó Tinamayor, la península de San Vicente de la Barquera con sus esteros anchurosos que la estrechan amantes en sus brazos, Cóbreces, Suances, Santander y la enhiesta península de Santoña ; torcía después por Oriente hacia Mediodía ondulante línea que, abriéndose verosímil paso por Castro, Ramales, Arceo, la señorial Medina de Pomar, Puente-areas y Oña, — penetraba en el distrito burgalés de la Bureba, y bajaba hasta Sasamón cerca ya del sitio en que fué fundada Burgos, para marchar con no menor movimiento al Occidente por territorio burgalés también, subir en la dirección boreal desde Lobera á San Juan de Pedrosa, y continuar desde allí por las jurisdicciones hoy palentina y ovetense, cerrándose en la ría de Villaviciosa, su punto de partida, ya en la costa.

Región tan vasta y tan varia al propio tiempo, que dilataba sus términos por circunscripciones tan distintas en la actualidad, y de las cuales pretenden ajenarse los que como sucesores de los cántabros se estiman, — distribuida se hallaba, á juzgar por el testimonio de los escritores latinos, en hasta nueve y diferentes distritos, en los cuales tenían determinado asiento las diversas tribus cántabras distinguidas por los geógrafos, apareciendo en el confín del NO., esto es, en territorio hoy de Asturias, y tendidos á lo largo de la costa en primer término, los Cántabros Selenos, — adoradores de Selene ó la Luna como tantos otros

pueblos establecidos en España (i), — estrechados al N. por el Océano, «desde la ría de Villaviciosa, hasta Puertas, en la banda derecha del río Purón, á 8 kilómetros hacia el E. de Llanes.» A partir de la citada ría hasta Fano de Libar don, lindaban al O. con los Astures transmontanos^ y mientras al S., «por Cofiño, Fíos de Biabaño, Castiello, Arobes, Arriondas, el río Sella, Covella, Triongo, Tresanio, Táraño, Pedrosa, Avín^ hasta Torre (dos leguas hacia el Oriente de Covadonga)» limitaban con los Cántabros Cáncanos, — al E. se hallaban en contacto con los Orgenoméseos, «desde Torre hasta Puertas y la desembocadura del río Purón en la mar», señalándose como su capital y centro la ciudad de Octaviolca (2).

Sucedían con mayor extensión por Oriente á los Selenos, los Cántabros Orgenomescos ó Argenomescos, cuyos dominios, bañados al N. por las saladas ondas del mar, se dilataban « desde Puertas y el río Purón, hasta Toñanes, á Oriente de San Vicente de la Barquera y á Poniente de Santillana, siendo fronterizos al O. con los ya mencionados Selenos «desde la entrada del río Purón» en el Océano, por «Puertas, Ar angas, Arenas de Cabrales. Puertas, Puertas (hay dos lugares cerca llamados así), hasta Torre (al sol saliente de Covadonga)», y con los Cáncanos, «desde Torre, Molina, por el río Casaño arriba, canal de Trea (^Tria Cápita?), Caín, Posada de Valdeán, Picos de Europa, hasta la Peña Prieta y «al S. y al E., con los C Vadinienses, desde la Peña Prieta á Toñanes y el mar», con el que estos últimos cántabros lindaban también por el Septentrión, á

( 1 ) Véase respecto de este particular, cuanto afirma nuestro hermano político, el académico Sr. Fernández y González en su interesante trabajo acerca de los Primeros pobladores históricos de la Península Ibérica.

(2) El señor Fernández-Guerra, á quien seguimos, escribe respecto de Octaviolca : «me figuro ser la misma que Estrabón apellida Opsicela.^» «Ha de buscarse,—añade, —en torno de Ucío ú de Rivadesella, no lejos del mar, á una y otra margen del río que Pomponio Mela llama Sa//a [Saelia), Saunio, ó Satirio (tan varios andan los códices entre sí) , que Tolomeo apodó Ucesia, y á quien hoy decimos Sella » ( Cantabria., Bol. de la Soc. geográf. de Madrid, t. IV, pág. i 28).

partir de Toñanes^ en estrecha faja á que la desembocadura del río Pas ponía término por aquella parte.

No sucedía por aventura con los Vadinienses lo mismo que con los Orgenomescos ; pues mientras son ignorados el nombre y el lugar donde estuvo la capital y cabeza de éstos, — conócese por lo menos el apellido de la de aquellos, la cual, con el título de Vadinia, daba denominación á los habitantes del distrito, haciendo el fuero de Brañosera, que lleva la fecha de 824, expresiva mención de ella, — bien que se encontraba ya en ruinas, — con llamarle civitas antigua. Lindaban los Vadinienses á Ocaso con los Orgenomescos «desde el mar, en Toñanes, Cabrojo, Cabezón de la Sal^ Treceno ; el río Aradas^ hasta su confluencia con el Nansa; Quintanilla, Sobrelapeña; por la divisoria arriba del Nansa y el Caudal; el puerto de Cuevas, Cantaelguardia, la Peña de Brez^ Sierras Albas (Mons Vindius) hasta la Peña Prieta») y con los Cántabros CóncanoSy desde este punto de la Peña Prieta, «por la divisoria del Esla y Carrión, hasta \?i Peña Espigúete, al Mediodía de Cardaño de arriba»; partían límites al S. con los Cántabros Tamáricos desde la citada Peña Espigúete, por el puerto de Picones, Camporredondo , Alba de los Cárdanos, La Lastra, Villanueva de Bañes, Recoba, Arbejal y Cervera del río Pisuerga», desde cuyo lugar, ya á Levante, eran finítimos con los Cántabros Juliobrigenses ^ «hasta la desembocadura del río Pas en el Océano.»

Con no menos irregularidad que la accidentada zona habitada por los Vadinienses , tendíase de N. á S., con inclinación al Oriente, la que los Juliobrigenses , ya citados, usufructuaban, saliendo al mar desde la desembocadura del Pas hasta el Astillero de la ría de Santander; la boca de aquel río, «Fuente- Arce, Polanco, Torrelavega, Sopenilla, Tárriba, Pedredo^ Arenas, San Vicente de León, el puerto de Fuentes, la Sierra de Sejos Peñarrubia. Cabra la vieja, Brañosera, Nuestra Señora de la Peña, la Peña de Muda, Villanueva de la Torre» y Cervera del río Pisuerga, eran los lugares con que al Ocaso partían límites con

los Vadinienses , y mientras, á contar desde Cervera^ por Casas de Burón^ Quintanaluengo ^ Perazancas^ Frontada hasta Agttilar de Campóo se mostraban fronterizos los Juliobrigenses de los Tamáricos por Mediodía, — en igual sentido «desde AgtLilar^ por Cabria^ QuintamlLa de las Torres, Canduela, Menaza, Peñarrubia, Aguilar de Bercedo, Las Fines tros as, Hinesirosas ó Henestrosas (i), la Cuadra, Peñaescrita ó Piedraescrita, Las Quintanillas , Mataporquera, La Quintaiia, El Haya, Castillo

( I ) «Más de doce piedras terminales augusteas subsisten aún,— dice el Sr. Fernández-Guerra,— que patentizan el límite boreal del territorio Velegiense», concedido por Augusto después de finalizada la guérra cantábrica á la Legión Cuarta Macedónica, «con el Juliobrigense»; la una de ellas, encontrada en las Henestrosas^ «dos leguas más acá de Reinosa por el mediodía, y á la derecha del que vaya á esta villa desde Aguilar», según el P. M. Flórez, es tal que «lo largo pasa de dos varas» y «lo ancho es media», declarando en seis líneas :