Santander · Unidad 39 de 158
Unidad de lectura 39
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Bien que no afectando á ella, turbada se vio no obstante con dolorosa frecuencia por las banderías que ensangrientan durante largo espacio de tiempo la Montaña, divididos sus habitadores fijosdalgo, en Giles y Negretes^ y luego en Agüeras y Albarados; y como señal, muestra y testimonio del amor invencible que á su independencia profesaban, basta con recordar el espectáculo que ofrecían durante la XIV. ^, XV. ^ y XVI. ^ centurias, sosteniendo los
valles reñidísimos pleitos contra los señores que pretendían dominarlos, y cuya jurisdicción, á juzgar por las escrituras compulsadas en el pleito del valle de Carriedo, de mar á mar, según el sentir de algún escritor montañés (i), en los que fueron dichos Asturias de Santillana, correspondía al rey exclusivamente. El más notable de todos ellos, por la calidad de las personas, fué el referente á las Asturias de Santillana. Lugar era de behetría ya de antiguo, aquel que con el nombre de Pando en el siglo xiv, tenía por señores naturales á los de la Vega, quienes, como la mayor parte de los de la Montaña, habían en la empresa de la Reconquista ganado prez y honra. En pago, con efecto, de servicios prestados á don Alfonso XI, había en 1341 obtenido de este monarca Gonzalo Ruiz de la Vega el dominio de los nueve valles de las Asturias de Santillana, los cuales eran «á su muerte vendidos por sus testamentarios Juan Martínez de la Mayona y Pero Díaz de Azedo, á Garcilaso de la Vega», Adelantado mayor de Castilla en los comienzos del reinado de don Pedro I, por orden de quien recibía afrentosa muerte en Burgos el año de 1351.
«No había salido aún de la infancia su hijo, del mismo nombre, cuando fué llevado á las Asturias de Santillana, para sustraerlo de la saña del soberano, uniéndose después á doña Mencía de Cisneros, de quien tuvo á doña Leonor, y pasando de esta vida en 1367, todavía en la flor de su juventud», de suerte que quedaba doña Leonor «única heredera de los Garcilasos, y de la casa de la Vega, con todos sus estados» (2). «Viuda ya de donjuán de Castilla, hijo del conde don Tello (3)», contraía doña
(1) Lasaga Larreta, Dos memorias^ pág. lOO.
(2) Amador de los Ríos, Obras de don íñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana, págs. X y XI de la Vida de este insigne poeta, donde cita en el Archivo de la casa del Infantado, el caj. 8, leg. i, núm. 8.
(3) El señor Llórente Fernández en sus Recuerdos de Liébana, afirma «que consta en documentos auténticos que... de toda Liébana era señor el infante bastardo don Tello», á cuyo hijo primogénito don Juan, reconocido en testamento, había don Enrique II «por privilegio rodado, en concepto de irrevocable,... hecho
Leonor segundas nupcias con don Diego Hurtado de Mendoza, «el más acaudalado caballero de su tiempo», y Almirante mayor del reino, viudo por su parte de doña María de Castilla, hermana del rey don Juan I, siendo uno de los frutos de aquella última unión el preclaro don Iñigo López de Mendoza, gloria de su siglo, nacido en Carrión de los Condes el 19 de Agosto de 1398. Componían á la sazón los estados de don Iñigo en las Asturias de Santillana, los valles de Carriedo, Villaescusa, Cayón, Camargo, Cabezón de la Liébana y el alfoz de Lloredo, así como los de la Liébana, Potes, Pernia y Campóo de Suso, demás del estado de la Vega, que le fueron disputados á doña Leonor por Garci Fernández Manrique, marido de doña Aldonza de Castilla, hija de don Juan y de la referida señora (i), y por los cuales hubo
donación de la Torre y villa de Potes y de todas las demás villas y lugares de Liébana, y de Pernia, y de Campóo de Suso, según y como ya las tenia desde antes don Tello, con todas las rentas, pechos y derechos de las villas, lugares y aldeas, y tributos foreros y no foreros, heredades, montes, valles, prados, pastos, dehesas, ríos, aguas, hornos, haceñas, molinos, carnicerías, huertos y viñas » (pág, 92). Sólo con la confiscación de los bienes del Adelantado mayor de Castilla Garcilaso de la Vega en i 3 $ r , es comprensible que Enrique II hiciese donación á su sobrino don Juan de los mismos ; doña Leonor de la Vega, nieta de Garcilaso, al ser declarada la nulidad de las mercedes enriqueñas, tenía derecho á los bienes de Garcilaso, de forma que si casada con don Juan de Castilla, y heredera de su hijo, don Juan también, las mercedes referidas no hubiesen sido invalidadas como lo fueron, habría sido también por derecho propio señora de las Asturias de Santillana, cual lo era en realidad como nieta de Garcilaso, quien había adquirido á título oneroso los bienes donados en i 341 por Alfonso XI á Gonzalo Ruiz de la Vega.
(i) Pretendía fundar éste su derecho «en un privilegio concedido por don Enrique II, al expresado don Juan [de Castilla], en que le donaba la villa de Aguilar de Campóo, con las demás villas y lugares de tierra de Liébana, Pernia, Santa Agueda, Castañeda, etc.» «Pero estos bienes que, según el Manrique, se habían dado en arras á doña Leonor, no habían sido reclamados en tiempo del almirante, ni podían serlo ahora legítimamente, pues incluidos en las mercedes enriqueñas que por testamento del mismo rey volvieron á la corona, se había menester una nueva donación para poseerlos, lo cual había sucedido respecto de Aguilar y Castañeda» (Amador de los Ríos, Op. cit., pág. XIII, nota). «En 17 de Marzo de aquel año [1407] declaraban... los oidores Juan González de Acebedo y Juan Alfonso de Toro, que los valles de Carriedo, Villaescusa, Cayón, Camargo, Cabezón y el Alfoz de Lloredo estaban comprendidos en los privilegios de Gonzalo Ruiz de la Vega, y debían por tanto los moradores de ellos acudir á doña Leonor con todos sus pechos y contribuciones.» «En 22 de Julio [de 1420] se dió «por bueno y legítimo, el privilegio que don Alfonso XI había otorgado en 1341 sobre las merindades de Santillana, á Gonzalo Ruiz de la Vega, mayordomo de su hijo don Fadri-
de entrar aquél violentamente, sin obedecer él ni su hijo y sucesor Diego Manrique, así las órdenes del monarca, como la sentencia definitiva que en el pleito dictaron en 2 de Noviembre de 1442 Juan Fernández de Toledo y Maestre Abrahem de Medina, siendo los valles de Santillana teatro de robos y sangrientas escenas, de que fué héroe Garci González Orejón, parcial de los Manriques, quien penetraba á mano armada en la jurisdicción de Potes (i), se apoderaba después de gran parte de aquel señorío (2), y era muerto en él por el primogénito del señor de la Vega, en 1444 (3), mientras don Juan II, por cédula fecha en
que» (Amador de los Ríos, citando en la misma obra el Memorial ajustado á favor de la casa del Infantado sobre la propiedad de los valles de Santillana, que en el tomo 27 de la Bibl. de Salazar, existe en la de la Real Academia de la Historia).
(1) Allí cometió con efecto «todo género de violencias en sus moradores, quienes no pudieron ser parte á estorbar el estrago hecho en los bienes de su señora [doña Leonor de la Vega], por carecer de armas y hallarse desapercibidos ; mas no faltaron algunos valientes montañeses que, bajo la conducta de Pero Gutiérrez de la Lama acudieran á la defensa de sus hogares, rechazando con el hierro aquella agresión injusta», y « es por cierto documento digno de estudio la protesta, fechada en Potes á 30 de Junio de 1409 y hecha por los vecinos y moradores de los valles de las Asturias de Santillana contra las violencias cometidas por Orejón y sus soldados ; documento en que resplandecen á la par el más puro afecto y la lealtad más acrisolada», quejándose amargamente «los vasallos de doña Leonor... de no haber podido mostrar su hidalgo valor á los agresores, á quienes califican con la mayor dureza »( Amador DE los Ríos, Op. cit., pág. XVI, refiriéndose al Arch. del Inf. caj. 10, leg. i, núm. 20).
(2) Véase los documentos que cita el señor Amador de los Ríos en la obra citada, por los cuales se halla contradicho todo cuanto manifiesta el señor Lasaga Larreta en su opúsculo Dos Memorias^ respecto á los pleitos de estos valles. En lugar oportuno volveremos á tratar de este asunto interesante.
(3) « Sorprendido en Ventanilla, acaso por la deslealtad de un hijo suyo, halláronle durmiendo las gentes de don Diego, y despertado al estruendo de las armas y vocerío de sus enemigos, comprendió fácilmente que era llegada su última hora.» «Pidió en aquel trance que le dejasen morir como cristiano, y terminado su peregrino testamento fué decapitado sin más tardanza, con lo cual hubieron de allanarse plenamente los valles de Santillana al señorío de la casa de Mendoza» ( Amador de los Ríos, Op. cit., pág. LXXX). El señor Llórente Fernández, confundiendo á este García González de Orejón con otro de igual nombre, sin duda, nacido según dicho escritor en «su casa señorial de la Lama, junto al pueblo de la Vega, en el valle de Cereceda, el año 1447», es decir tres después de la muerte del parcial de los Manriques, le atribuye también el testamento de éste, diciendo: « fué preso el caballero, y conducido hasta el Condado de Ventanilla en el valle de San Martín, donde el día 23 de Agosto de 1521 fué fusilado, habiendo el día anterior otorgado testamento como sigue : In Dei nomine amen. Sepan quantos esta
Burgos á 8 de Agosto de 1445, le hacía merced del título de «Marqués de la vuestra villa de Santillana», cuyo señorío alcanzaba sin embargo por cédulas de 3 y 1 5 de Septiembre del mismo año (i).
El 25 de Marzo de 1458, bajaba al sepulcro el insigne autor de la Comedieta de Ponza^ y heredaba sus estados de Santillana su hijo don Diego, á quien ocho años adelante, hacía el desventurado príncipe don Enrique merced de la villa de Santander, ocasión en la cual daban nueva muestra de independencia los habitantes de aquella, rechazando por las armas el señor que la debilidad del rey trataba de imponerles: espectáculo con verdad digno de ser ensalzado fué el que ofreció la antigua villa de San Emeterio, ya desligada seguramente del señorío del Abad, á que hubo de declararla para siempre sujeta el vencedor de las Navas: Santander, en aquella lucha en que era ayudada por las agermanadas villas de Vizcaya, no peleaba solamente por conservarse siendo del señorío absoluto del monarca, no peleaba tampoco por libertarse de la coyunda de aquellos señores, en tantas ocasiones causa y origen por sus discordias de la sangre derramada entre hermanos en la Montaña, sino que peleaba por aquella independencia, por aquella autonomía soberana de que venía disfrutando, y en virtud de la cual, conforme al tratado de Hermandad^ aún entonces firme, habían cruzado los mares sus navios, había mantenido relaciones comerciales con Inglaterra, Francia y Holanda, había pactado con Enrique III de Inglaterra, había hecho guerra pirática á los ingleses y había alcanzado el desarrollo y crecimiento con que se ofrecía al mediar de la XV. ^ centuria.
Ni contribuían menos á ellas, los servicios prestados por las naves cantábricas en la Rochela, ni los que las tres galeras san-
carta de Testamento bieren, como Yo, García González Orejón de la Lama, estando en poder de mis enemigos, el cuchillo á la, garganta))^ etc. (Recuerdos de Liébana, págs. 36 "5 y siguientes).
(i) Arch. del Inf. caj. 9, leg. i, núm. 18, y leg. 3, núm. 4.
tanderinas, puestas bajo el mando del insigne don Pero Niño, primer conde de Buelna, prestaban por su parte, en auxilio también del rey de Francia, ni la participación que tomaron los marineros de los puertos de Vizcaya y de las Cuatro villas, en la expedición naval contra los turcos dirigida por los Reyes Católicos, hechos unos y otros que venían á recibir como complemento, las reformas introducidas en la Montaña por aquellos príncipes, la carta de 30 de Enero de 1498, por la cual doña Isabel y don Fernando regularizaban y prescribían la forma en que debían ser hechas en lo sucesivo por Santander, las elecciones municipales, causa de grandes trastornos y desdichas en anteriores tiempos, y finalmente la creación del consulado mercantil y marítimo de Burgos, hecha por aquellos en real cédula fechada en Medina del Campo á 21 de Junio de 1494. Lícito nos será prescindir, como de menor importancia, aun siendo grande en realidad la que tuvieron, de los acontecimientos en que hubo de intervenir la Montaña durante el siglo xvii, en el que permaneció en aquella situación favorable reconocida, y con el prestigio que para ella conquistaron sus esforzados hijos, ya distinguiéndose en la guerra contra los musulmanes, ya también en las empresas marítimas, mercantiles y militares, de los tiempos medios.
Fué en el siglo xviii, cuando Santander, especialmente, recogía el fruto de sus afanes y de sus esfuerzos, y cuando erigida en Catedral su antigua Abadía por Bula de Benedicto XIV que lleva la fecha de 12 de Diciembre de 1754, vió también fomentada su industria con el auge alcanzado por su Astillero de Guarnizo, la explotación de sus ferrerías, la fundación de las fábricas de cañones de La Cabada y de Liérganes, la apertura de un trozo de la carretera que debía unir desde Santander la Montaña con la provincia de Falencia, el establecimiento en la propia Santander y año de 1785 del Consulado de mar y tierra, y otros grandes beneficios no para olvidados, en que figuraba inmenso número de molinos harineros, de que aún quedan restos por
todas partes. Quede á cargo de otros el reseñar la historia en conjunto de la provincia, durante la guerra de sucesión y la guerra de la independencia, así como la participación que hubo de tomar en los acontecimientos políticos de este siglo xix, ya tan próximo á su término: contentémonos con dejar sentado, lejos de toda censurable adulación, el hecho de que en la Montaña, desde aquella edad remota en la cual se impone el cántabro á todas las razas que en ella tuvieron asiento, á despecho de los elementos extraños aportados por los romanos, los bárbaros, los visigodos y los bereberes, y de aquellos otros allí conducidos por Alfonso I y sus sucesores inmediatos, — como característica y determinante, resplandece en todas ocasiones el anhelo fervoroso de independencia, si velado algún tiempo á consecuencia de los sucesos, brillante siempre, y en virtud del cual, aun constituidos en behetrías, aun dependientes de Abadías y Monasterios tan pingües y poderosos como los de Oña, Santillana, San Emeterio, Santoña, y Sahagún, principalmente, — lucharon contra magnates y contra los reyes mismos en defensa de sus fueros, se proclamaron con las villas marítimas de Vizcaya y Guipúzcoa señores cjel mar y del comercio, se confederaron Ubérrimamente entre sí, dictaron leyes, pactaron de igual á igual con los monarcas, y buscaron en Flandes, en Bayona, en la Róchela, como después en América, lugar donde esparcir su genio comercial y aventurero, con el cual han llegado á nuestros días.
Jamás dolió á la Montaña ser Castilla, perdido en la épica guerra de la Reconquista su antiguo nombre; jamás recelaron los montañeses inferir ofensa á los manes de sus antecesores, estimándose los de la marina como castellanos, acudir en tal sentido á las empresas navales de los sucesores de San Fernando, figurar en los tratados que podrían ser como internacionales admitidos, y consentir que sus costas fuesen designadas con el nombre de las marismas de Castilla: costa de este reino fué siempre, puerto Santander del mismo, y cuando en la pasada centuria hacen famosos sus nombres cual marinos Cornejo, los
dos Vélaseos, Colina, Barreda, González Haedo, Bustillo, Bustamante, Alsedo, Cevallos, Gutiérrez de la Concha, Caloca y otros, con la gloria de la Montaña exaltan la de la patria al propio tiempo, figurando como castellanos todos sus hijos. Lástima grande que el extravío del sentimiento de independencia lleve hoy y á deshora á algunos de los montañeses á suspirar por la autonomía de la región, rompiendo arrogante y dolorosamente los vínculos creados por la naturaleza y por la sangre en dilatadas centurias; en cambio, y mientras confiamos en que no habrá de ser hecho histórico tal apartamiento injustificado y nocivo para la vida de la Montaña misma, confiamos también en que el espíritu de los montañeses habrá de despertar, si es que han de ser dignos representantes de aquellos cuya memoria invocan á la continua, y que en las luchas de la industria y del comercio habrán, como otras veces, de salir vencedores para fortuna y gloria suya.
Y pues, lector, bien que atropellando sucesos durante los cuales la fisonomía montañesa ni se altera ni se borra, conducidos de la mano por los escritores montañeses hemos tenido ocasión de reconocer lo que se llama historia de la actual provincia, vamos ya juntos á recorrerla, no sin que antes consultemos las costumbres de la misma, según las ha advertido y las describe el eminente Pereda, incomparable pintor enamorado de la Montaña locamente, por ser ella su madre, con el espíritu de observación que le caracteriza y le distingue, y con aquel dominio del lenguaje, en que comparte con fi^ecuencia el triunfo con el autor de Costas y Montañas.