Santander · Unidad 71 de 158

Unidad 71 · PIES DE

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PIES DE

AÑOS

CLASE

NOMBRE

E S LO R A

ARMADORES

CONSTRUCTORES

Corbeta. . . .

Nueva Luisa. .

IDO

D. Francisco Díaz. . . .

D. Miguel Aberasturi.

Draga para la limpia del Puerto. .

IDO

Junta de limpia del Puerto

Corbeta. .

María Víctorina

. ICO

D. Francisco Díaz. . . .

D. Felipe Fernández.

Bergantín-goleta

Corzo. . . .

IDO

D. Manuel F. Cortines. . .

Idem Ídem. .

Gonzalo.. . .

D. José María Aguirre. . .

Bergantín. . .

Primavera. . .

D. Jerónimo B. Parra. . .

D. Miguel Aberasturi.

1S48

Sirena. . . .

D. Antolín Hornedo. .

Bergantín-goleta

Eustoquia. .

D. Lorenzo Blanchard. . .

D. E. Gassis y herrn."

Goleta. . . .

Dolores. . . .

D. Mateo Obregón. . . .

Corbeta. . .

María Luisa. .

I2S

D. Domingo de la Portilla..

Quechemarin. .

José Francisco..

D. Francisco Díaz. . . .

Bergantín-goleta

María Juana.

D. Felipe Díaz

Bergantín.

Renedo. . . .

ICO

D. José María Montalván. .

P. P. . . . .

D. Fermín San Miguel.

Corbeta. . . .

Soberana.

D. José C. Bustamante. . .

D. E. Gassis y herrn."

Fragata. , . .

Pasiega. . . .

D. Manuel Pérez. Abascal. .

Corbeta. . . .

Aureliana. . .

D. Aureliano Pedraja, . .

Fragata. . . ,

Don Juan. .

á raíz del agua, y no falta cuál se haga notar por las piedras de su portada ó la claraboya de un tejado» (i).

No lejos del Astillero, y más cerca de Santander, está la península de Maliafio, y su iglesia de San Juan, donde quiso el insigne arquitecto Juan de Herrera que reposasen sus cenizas; y más adelante el pueblo de Muriedas, á cuya entrada, sobre la izquierda del camino, levanta humilde sus pajizos muros la casa en la que nació Pedro Velarde, el héroe montañés del Dos de Mayo, el 19 de Octubre de 1779. Aquella ventana que se abre vulgar al extremo derecho de la solana, corresponde á la estancia en que el inmortal héroe, según la tradición, vino al mundo para renovar los laureles de los héroes de la Montaña en otras edades; y los ojos, llevados allí por imán irresistible, creen contemplar al glorioso oficial de artillería en su feliz infancia, tan ageno de que su voz había de producir una epopeya! De aquí salió para ingresar en el ejército, lleno de esperanzas y de ilusiones; quizás siguiendo con el deseo las campañas victoriosas del Capitán del siglo; extremeciéndose de entusiasmo ante el espectáculo que ofrecía la Francia en guerra con toda Europa, y triunfando en todas partes á las órdenes de aquel oficial de artillería, como él, que soñó cual los Césares y Cario Magno con el imperio universal, y que regeneró la patria. Capaz se debió sentir el hijo de Muriedas, de medirse con el gran Napoleón y con sus generales, cuando solo, sin recursos, desobedeciendo con generoso pecho la ordenanza, y seguido de Luís Daoiz, de Ruiz, de Malasaña y del pueblo madrileño en tropel, supo con su muerte detener el carro triunfal de Bonaparte, y reconquistar la independencia de la sorprendida España, que hoy honra su memoria y la bendice agradecida.

Poco más allá del pintoresco Astillero de Guarnizo, siguiendo por la ría, los vapores se detienen en otro muelle de madera, que conduce al Cespedón, en la carretera que pasa por Bóo y Solares;

(i) Escalante, Op. cit., pág. 1 8 I .»

hoy, no inaugurado todavía el ramal del ferro-carril que desde la estación citada debe terminar en dicho pueblo, á pesar de estar ya concluido, — se hace preciso cruzar la vía férrea, por donde discurren trenes de balastro, para llegar en la carretera, al sitio en que aguardan ya multitud de cestas y otros carruajes para conducir los viajeros. Para fortuna nuestra, la lluvia había cesado, y como vedijas de algodón obscuro, iban las nubes desgarrándose por sí solas en el firmamento, dejando ver la azul atmósfera, y permitiendo que el sol alegrase con sus rayos el panorama. El camino se desenvuelve á la derecha por la falda de un monte, lleno de húmeda verdura, con frondosas arboledas en las quebradas, y casitas blancas que parecen, sobre aquella alfombra, cuentas desprendidas de un rosario de nácar, ó que dibujan sus contornos sobre el horizonte, cual dibujan á modo de guarnición de encaje los heléchos y las plantas de las crestas sus hojas y sus tallos, — mientras á la izquierda se dilata el cristal sosegado de la ría, cambiando en breve el paisaje, al torcer el camino, que sigue las ondulaciones del terreno, con ofrecer á este lado de la marisma, prados, mieses, pequeños edificios de rojizos tejados, arboledas, y como último término, larga serie de escalonadas colinas que, sucediéndose unas á otras, se pierden vagas en el lejano horizonte.

La carretera cruza el pequeño pueblo de Heras, pasando por delante de la plaza en que, con su cuadrada torre, y su portada ojival de arco rebajado, grumo de cardinas, y agujas, — todo algún tanto descompuesto, — se levanta la Iglesia parroquial de San Migtcel, — y por espacio de tres kilómetros continúa sombreada de copudos álamos y chopos, desplegando en su desarrollo ante la vista, deliciosos paisajes con vigorosa arborescencia; valles, montes, quebradas, todo cubierto de hermosa vegetación, todo salpicado de pequeñas construcciones, en las cuales, el rojizo color de la madera que viste sus costados, y el de las tejas, forman singular contraste con el tono general del cuadro, sobre el que derrama el sol sus regocijados esplendores. Al fin,

y al descender por inclinada cuesta, aparece Solares, «con sus vegas y montecillos, alfombradas aquellas con el verde musgo, el tupido retoño y el espigado maizal, y coronados éstos con espesa cabellera de zarzales, madroños y avellanos; con sus arroyos que serpean en la mies y dibujan bosques de espadañas, de sauces y de alisos; con su río Miera de sombríos remansos en los que la sabrosa trucha al saltar para coger su presa forma círculos concéntricos de pequeñas olas que se agrandan más y más para desvanecerse hasta morir á la orilla...; sus rápidos de rodados cantos y sauces á medio arraigar; sus presas y sus molinos cubiertos de musgo y sombreados por frondos cajigales» (i), y sus edificios, elegantes, esbeltos y suntuosos los unos, de mediana apariencia los otros, blasonados éstos, y de escasa importancia los más que forman el pueblo.

. Pródiga con él la naturaleza, no sólo le ha dotado de saludable y pintoresco asiento, por lo cual muchas familias santanderinas le prefieren para el verano, — sino que además, en la «honda y profunda depresión del terreno» en que se levanta, brotan sus poderosos manantiales de aguas cloruradas sódicas, comprendidas por algunos entre las bicarbonatadas cálcicas que, dando importancia inusitada al lugar como estación balnearia, prometen para él mayor desarrollo y engrandecimiento; y cual si esto no fuera bastante, cruzan por él caminos diferentes, que le ponen en comunicación con Santander, Muriedas, Ontón, Bilbao y Santoña. «Le da sombra á Poniente, y manantial para sus fuentes, y árgoma para sus hornos el monte Cabarga..., al cual aplicó el ilustre P. Flórez un pasaje de Plinio, apoyando la sólida crítica de su irrefutable libro La Cantabria. » « Cantabriae maritimae parte ^ qitam oceamis alluit, mons praerupte altus, incredible dictus^ totus ex ea materia est, dice el célebre naturalista insubrio, pintando el suelo cántabro y su riqueza en vena de hierro: en la falda meridional del monte están patentes los soca-

(i) De Canícibria, pág. i66.

vones de la explotación antigua; el cárdeno color de la tierra movida denuncia la metálica esencia que encierran sus entrañas, y el nombre de un sitio, Veneras de Cabarceno, parece convidar á sondearle de nuevo» (i).

Derramado sin orden aparente por los relieves que el terreno ofrece á la izquierda, asoma encaramado el pueblo, cuyo desigual caserío, aislado, provisto de anchas y salientes solanas de madera, que avanzan sobre la línea de fachada, — ostenta á veces, proclamando su señorial extirpe, blasonados escudos en los ángulos ó sobre las portadas, mientras extenso tapial conduce por estrecho callejón á la casa solariega de los marqueses de Balbuena, allí apellidada de Palacio. Cilindricos, ornados de molduras y escociado cornisón circular, y con agudos pináculos por remate, — sendos pilares de sillería, medio ocultos por el tapiz sobre ellos tendido por la verde y trepadora hiedra, que por los sillares sube hasta suspender de la cornisa vistosísima guirnalda, — flanquean la puerta que da paso á la señorial morada, la cual se muestra al fondo de anchuroso patio empedrado, plantado de árboles y cubierto de hierba. Descuidada y suave rampa, con su balaustrada ya medio destruida, pone por la izquierda en comunicación el patio y el huerto, mientras al frente se alza rojiza construcción de piedra, con desahogado porche á que dan acceso tres grandes arcos rebajados y sombreados por frondosa parra, cuyos vástagos trepan por el muro para engalanar exuberantes los adintelados balcones del piso superior, ostentando entre los dos del extremo izquierdo rectangular frontón que con su frontis partido, y sus pirámides en el acroterio y en las vertientes, excede de la cornisa general sobre que descansa el alero del tejado.

Hermoso en proporciones, y tallado con maestría y con arte,

(i) Escalante (Op. cit. pág. 175), hace notar que en las inmediaciones «es común el nombre», como lo atestiguan Veneras de Vismaya, Veneras de Montecillo, etc.

resalta en el frontón el nobiliario escudo de los señores de la casa. A uno y otro lado del mismo, bien dibujadas, con largas y holgadas túnicas y peplum ornado de colgantes en las haldas, actitud respetuosa, y rizosa cabellera — dos matronas, de ejecución correcta, empuñan sendas banderas de dos colas, timbradas de un león rapante, y cuyo paño ondea simétricamente sobre sus cabezas; á sus pies, que asoman por debajo de la túnica y van calzados de sandalias, — con no menor simetría dispuestas, destacan dos vichas de rostro varonil, barbado, y cuerpo desnudo que se resuelve en floridos vástagos, cada una de las cuales ase un áncora; y mientras en el centro superior, coronado por una diadema de marqués, sobre la venera de Santiago surge el blasón, partido, con orla de aspas por las que se acredita la participación que los de aquel linaje tomaron en la conquista de Baeza, y la letra gratia dei — ave maría en una faja oriental, — entre los vástagos de las vichas memoradas aparece á la parte inferior otro escudo heráldico, y el todo se muestra timbrado por flordelisada cruz patriarcal y episcopal sombrero, cuyos resaltados cordones sostiene á cada parte desnudo geniecillo, que destaca sobre otros exornos.

Encajonada entre salientes estribos, — hácese eh el extremo opuesto de la derecha en este edificio, la portada de la Capilla de San Juan Bautista, propia del Palacio, con arco rebajado, y frontón triangular ornado de esféricos remates, apareciendo en pos el estrecho recinto de la Capilla, que con ser tan pequeña, se halla por mitad consagrada á la Virgen del Pilar y al Bautista, que allí tienen sus altares respectivos, barrocos y de mal gusto. Consta de cuatro bóvedas esferoidales, recorridas de nervios sin embargo, los cuales giran sobre sólido machón rectangular plantado al centro, pareciendo, aunque no sin reparos posteriores, obra de la XVII. ^ centuria, á la cual corresponde sin duda alguna la casa, como corresponde el interesante blasón, en el cual viven con singular energía las tradiciones del grande estilo del Renacimiento, puestos de relieve así en el di-

SOLARES.— -Palacio de los Marqueses de Balbuena

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bujo como en la ejecución de la mayor parte de las figuras, en la sobriedad con que se hallan prodigados los elementos ornamentales, y en los generales lineamientos del mismo, cosas todas que darían motivo á vacilaciones, para quien no tuviese conocimiento de la tenacidad con que arraigan en la Montaña las tradiciones artísticas (i).

(i) Fué esta capilla fundada bajo la advocación que hoy conserva, el año de 1621, por don Fernando Ibáñez, poseedor del patrimonio, y su hermana doña María González de Ibáñez, dotándole con varias capellanías don Juan Ibáñez de Agüero en 1678, y especialmente y en la misma fecha, «su hijo el Excmo. Sr. don Antonio Ibañez de la Riua Herrera, Arzobispo de Zaragoga, Virrey de Aragón, y Presidente que fué de Castilla», quien dotó por su parte «una capellanía con dos misas semanales, y una obra pía para casar huérfanas, con 600 reales de renta al año.» En el de 1697 «fundó dicho Excmo. Sr. la obra pía de 30 arrobas de azeyte al año, las 18 para las luminarias de las Parroquias de Cudeyo, Gajano y esta capilla, y las restantes para el Poseedor destas Casas.» «Fundó asimismo el Magisteterio de Gramática y Escuela que ay en este lugar [de Solares], con más cinco misas solemnes en las festividades de San Juan Bautista, San Zipriano, San Francisco, Nuestra Señora del Pilar y San Antonio.» «Dotó asimismo doscientos y cinquenta Escudos de plata para dar Estado á uno de los hijos legítimos de esta casa.» Hay además dos jubileos perpetuos, el uno el día de San Juan y el otro el de San Cipriano, «cuyo santo cuerpo está colocado en esta Capilla, en la qual es altar privilegiado perpetuamente »( Tabla de fundaciones, existente en la Sacristía de la Capilla). Pendiente del machón central sobre que descansan las bóvedas, se muestra la siguiente interesante Bula :

«Inocencio, papa duodécimo, ad futuram rei memoriam.=Nuestro venerable Hermano Antonio Ibañez de la Riua Herrera, Arzobispo de Zaragot^a, nos hizo saber poco ha, que haviendo hecho donación á la Iglesia de San Juan Bautista del Lugar de Solares, de la Diócesis de Burgos, de ciertas Reliquias de Santos, colocadas en preciosas Caxas, ó Relicarios, de una Lámpara de Plata, y de algunas alhajas, y ornamentos, como son Calizes, Casullas, Frontales, Imagines y otras cosas Sagradas, para el uso, y aumento del Divino culto, las quales fácilmente pueden deslucirse, y romperse, si se prestan, ó sacan fuera, desea sumamente dicho Antonio Arzobispo, que demos providencia y oportuno remedio para su conservación y manutención.» «Y Nos, queriendo benignamente condescender en esta parte con los deseos de dicho Antonio Arzobispo, y absolviéndole por las presentes, y juzgándole absuelto para el efecto de ellas solamente, de qualesquiera censuras, de excomunión, suspensión, y entredicho, y de otras sentencias y penas Eclesiásticas, por qualquiera ocasión ó causa impuestas por el Derecho, ó por sentencia de Juez, si en algunas de qualquiera manera se halla incurso : inclinados á sus súplicas á Nos en su nombre presentadas con Autoridad Apostólica, por el tenor de las presentes, vedamos y prohibimos, so pena de excomunión mayor ipso fjícto incurrenda^ quQ en adelante ninguno, aunque esté constituido en qualquiera preeminencia, Dignidad ó potestad, se atreva, ó en algún modo presuma prestar las susodichas Reliquias, Lámpara, alhajas ni ornamentos ó alguno de ellos á otras iglesias ó lugares pios ó á qualesquiera personas... etc.» «Y quere-

Prescindiendo de la inmediata casa solariega, donde resalta asimismo, con sendos leones por tenantes, heráldico blasón, timbrado por un yelmo, con orla de cruces de San Bartolomé, una cinta en la parte superior con la letra gratía dei esculpida, un castillo á la derecha sobre agua y dos bandas con veneras al lado opuesto, — Solares aún convida con otras obras de arte, á las que presta su encanto la naturaleza con singular exuberancia, y que son como otras tantas ejecutorias de su linaje. No es ciertamente el humilde balneario, alimentado como queda dicho por dos poderosos manantiales, «uno de los cuales pierde sus aguas cristalinas en sucio arroyo, sirviendo el otro para atender á las necesidades del establecimiento que medio avergonzado se destaca entre las sombras de una potente vegetación», creciendo «allí á porfía los álamos de temblonas hojas cuyos pies aprisionan y sujetan raquíticos rosales amarrados con rústico belorto, raquitismo y falta de vida que hace contraste con la vida exuberante del rosal silvestre que á corta distancia lanza sus vigorosos y dentados tallos á través de enmarañado bardal», donde se disputan «la luz y el aire la zarza trepadora, con sus racimos de negras moras, la ortiga con sus hojas de dardos envenenados, el helécho festoneado, el sauce que se desmaya é inclina sus tallos para beber el agua cristalina que se desliza silenciosa á sus plantas; el aliso de verde y fresco follaje, el avellano de tostada nuez, el añoso y corpulento encinal y el escajo que muerde y al que cubre elegante penacho de amarillas flores» (i).

«Coronando la cima de empinado vericueto cuyas faldas decoran la encina, el laurel y el avellano», — álzase en aquella altura, como vigilando solícita desde ella la extensión de los valles

mos que se fixe, y perpetuamente quede una copia de las presentes letras en algún sitio patente y público de dicha Iglesia.» — «Dada en Roma en Santa María la Mayor, baxo el anillo del Pescador, día 2 de Abril de 1697.))— «De nuestro Pontificado año sexto.))— «I. F. Cardenal Altano.» (i) De Cantabria, loco cit.

que domina, como punto hacia el cual desde todos aquellos lugares vuelven los ojos los rústicos habitantes de esta parte de la Montaña, la Parroquia de la Asunción^ á cuya feligresía con Solares, corresponden Sobremazas, Cudeyo y Valdecilla. Penosa es la cuesta que conduce al templo; penosa como el camino que ha de recorrer el mortal para llegar á las puertas de la vida eterna, por más que á manera de descanso, interrumpiendo con la regularidad de su fábrica la pedregosa senda que allí se ensancha,— no lejos ya de la Parroquia abre sus arcos de medio punto el Humilladero^ abrigando bajo su bóveda de nervios, que parece obra del siglo xvi, tallada cruz que se alza sobre su pedestal, con la imagen de la Dolorosa, teniendo en el un frente sobre su regazo el santo cuerpo de su Divino Hijo, desmayado y muerto.

Erguida, y destacando sus contornos sobre el horizonte, muéstrase la iglesia al terminar del sendero ; rodéala cerrado atrio, y aunque por esta parte la puerta que franquea la entrada á la nave del Evangelio es de frontón triangular, con flameros en las vertientes, — el templo, todo obscuridad y negrura, todo misterio, proclama hoy ser fruto de la transición del estilo ojival al del Renacimiento, con sus tres naves paralelas, de tres tramos cada una, los ojivales arcos del crucero, los nervios de sus bóvedas en que dominan densas las sombras, y el arco sepulcral abierto en el segundo tramo de la nave de la Epístola. Sobre los resaltados almohadones y el lucillo, reposa el yacente simulacro de un caballero : tiene cubierta la cabeza por redondo bonete, traje talar que cubre la figura, y sobre el pecho descansan los anchos gavilanes de la espada que esgrimió con gloria sin duda, mientras á sus pies, símbolo de la fidelidad, se tiende un perro en actitud humilde. Cuántas veces la curiosidad ha interrogado á aquel bulto, y tratado de descifrar la letra que se desarrolla incisa en la escocia del lucillo ! Cuántas veces sin embargo, han permanecido mudos uno y otra, sin revelar el nombre del caballero, cuyos restos duermen allí guardados des-