Soledades, galerías y otros poemas · Sección preliminar
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Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.
SOLEDADES * GALERIAS OTROS POEMAS
Biblioteca Hispano-Americana.
Galernas. Otros poemas.
MADRID LIBRERÍA DE PUEYO Mesonero Romanos, 10.
fBadrid» imprenta 4e Hn»o> nio ffÍAtzo, San Rermeiiegildo, SI dupUcadc, CeUfotto 1*97/.
PEPICATORIA
Ji ¡). Jigustín Carreras y 3). JJntonio Raspar del Campo.
EL VIAJERO
Está en la sala familiar, sombría, y entre nosotros, el querido hermano que en el sueño infantil de un claro día vimos partir hacia un país lejano.
Hoy tiene ya las sienes plateadas, un gris mechón sobre la angosta frente, y la fría inquietud de sus miradas revela un alma casi toda ausente.
Deshójanse las copas otoñales del parque mustio y viejo, La tarde, tras íos húmedos cristales, se pinta, y en el fondo del espejo.
El rostro del hermano se ilumina suavemente. ¿Floridos desengaños dorados por la tarde que declina? ¿Ansias de vida nueva en nuevos años?
¿Lamentará la juventud perdida? —Lejos quedó la pobre loba, muerta—, ¿La blanca juventud nunca vivida teme, que ha de cantar ante su puerta?
¿Sonríe al sol de oro de la tierra de un sueño no encontrada; y ve su nave hender el mar sonoro, del viento y luz la blanca vela hinchada?
Él ha visto las hojas otoñales amarillas rodar, las olorosas ramas del eucaliptus, los rosales, que enseñan otra vez sus blancas rosas...
Y este dolor que añora ó desconfía el temblor de una lágrima reprime, y un resto de viril hipocresía en el semblante pálido se imprime.
Serio retrato en la pared clarea todavía. Nosotros divagamos. En la tristeza del hogar golpea el tic-tac del reloj. Todos callamos.
He andado muchos caminos, he abierto muchas veredas, he navegado en cien mares y he atracado en cien riberas.
En todas partes he visto caravanas de tristeza, soberbios y melancólicos borrachos de sombra negra,
y pedantones al paño que miran, callan y piensan que saben, porque no beben el vino de las tabernas.
Mala gente que camina y va apestando la tierra.
Y en todas partes he visto gentes que danzan ó juegan cuando pueden, y laboran sus cuatro palmos de tierra.
Nunca, si llegan á un sitio, preguntan adonde llegan. Cuando caminan, cabalgan á lomos de muía vieja,
y no conocen la prisa ni aun en los días de fiesta. Donde hay vino, beben vino, donde no hay vino, agua fresca.
Son buenas gentes que viven, laboran, pasan y sueñan, y en un día como tantos descansan bajo la tierra.
ÍII
La plaza y los naranjos encendidos con sus frutas redondas y risueñas.
Tumulto de pequeños colegiales que al salir en desorden de la escuela, llenan el aire de la plaza en sombra con la algazara de sus voces nuevas.
I ¡Alegría infantil en los rincones ^de las ciudades muertas!...
¡Y algo nuestro de ayer, que todavía vemos vagar por estás calles viejas!