Supersticiones y leyendas: región misionera, valles calchaquíes y las pampas · Unidad 52 de 91

Unidad 52 · 148 JUAN B. AMBROSETTI

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facie, sin explicaciones ni razonamientos sencillos y convincentes, resultando con ellos lo que sucede con todos : cuanto más se prohibe una cosa, mayor deseo se tiene de ella.

Todas las familias indígenas poseen, en general, una imagen del santo de su predilección, ya sea pintada^ ya de hiilto: estas últimas de pequeño tamaño.

La mayor parte son importadas de Bolivia, y de una factura generalmente tosca y bizarra.

Casi toda's se hallan encerradas en cajoncitos con dos puertas en su parte anterior, de modo que puedan abrirse y cerrarse a voluntad, pintadas con colores chillones.

Algunos de estos cajoncitos tienen tres santos; uno, el principal, ocupa el centro, y los otros dos, de yeso pintado, se hallan pegados en la parte interna de ambas hojas de las puertas.

Cuando no han podido conseguir santos de hulfo, los substituyen con otros de yeso o pasta en alto relieve, encerrados en relicarios o medallones de lata o metal^ con su correspondiente vidrio para que puedan ser vistos.

Para la fiesta del santo, todos los años lo llevan al pueblo más próximo, a fin de hacerle decir una misa, casi siempre cantada, con ÍLa procesión de ordenanza.

La conducción del santo se efectúa colocándolo en una angarilla especial, con un toldo que le cubre totalmente, a fin de que no tome sol; cuatro

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personas, de cualquier sexo, lo Ülevan en andas,

precedidas por otra, también a pie, generalmente

un hombre que, durante la marcha, va tocando la caja o tamboril.

Este personaje o cajero, como allí lo llaman, es indispensable en toda conducción de santos, pues sin este requisito no andaría bien, o no quedarían satisfechos los que lo van a festejar, por creer que él forma parte principal de los honores que se le deben tributar.

El tamboril es circular y de aro bajo; tiene una vaga reminiscencia con las cajas prusianas de guerra; generalmente lo llevan suspendido con la mano izquierda, o colgado debajo del brazo del mismo lado, y es tocado con uno o dos palillos que tienen en su extremidad una pelotilla de trapo.

De este instrumento se sirven también para acompañarse en sus cantos de carnaval. Casi todos los ranchos poseen uno y son de un peso muy reducido.

Detrás del santo van algunos fieles a pie, rezando el rosario o cualquiera oración, y luego, en larga fila, siguen los demás acompañantes, hombres, mujeres y chicos, encaramados en caballos, muías y buiTas, ya solos o con alguno en ancas.

De tiempo en tiempo, los que llevan el santo en andas, se remudan con otros de los que vienen