Teatro critico universal, ó Discursos varios en todo género de materias, para desengaño de errores comunes · Unidad 38 de 80

Unidad de lectura 38

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6s Alexo iPiamontés , hablando de un Elíxir proprío para restituir la vista á los ciegos 5 dice , que este remedio fue ordenado por consulta de los mas sabios Médicos de Italia, para restituir la vista al Ennperador de Consuntínopla el año de 1438 , estando en el Concilio de Ferrara con el Papa Eugenio IV, y en efecto se la restituyó perfectamente. El Padre LeBrun, que en su Historia de las Práétícas supersticiosas copia este pasage de Alexo Piamontés , dice , que habiendo , para verificar este hecho , consultado á los Autores contemporáneos , que hablaron del Emperador Juan Paleólogo , y de lo que pasó en Ferrara el año de 143 8 , halló , que ni Blondo , ni

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13 8 Reflexiones sobre la Historia,

cntcndÜTiiento á la neutralidad de la duda , y tal vez dcs^ cubren la falsedad ; por donde conocerá quán difícil sea, no solo apurar lo cierto ^ mas aun señalar íq mas vexisl-

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Duca$ , ni Calcondylas escribieron , que dicho Emperador perdiese^ y recobrase la vista en Ferrara ; que SUvescro Scyropulo , bi^n lexo^ de dar á entender , que el Emperador > durante su escancia en Ferra-* ' ra 3 y Constantlnopla , haya estado ciego > 6 padecido el mas leve mal en ios ojos > cüce al contrario , que no atendía 4 los negocio^ del Concilio » por divertirse continuamente en la caza > lo que nq conviene no solamente 4 una vist4 perdida , ma$ ni aun á ooa visc^ débü(*X

66 Varillas en sus Aaecdotas de Florencia escribe > que Pedro d^ Mediéis | viendo i su Padre muerto , de colera arrojó á su Medico Leoni en un pozo » donde se ahogó. Angelo Policiano , que se hallaba presente » testifica en una de sus Cartas , donde refiere toda$ las circunstancias de U muerte de Lorenzo , padre de Pedro > que Leoni, despecluido de no haberle podido curar , como se lo había promeddo, se arrojó en el pozo » y se ahogó* e.A quién creeremos, á Angelo Policiano , ó á Varillas? Puede ser , que los enemigos de Pedro de Medlcls ^ por manchar su fama , le nayan atribuido la brutalidad de ahgg^r 4I Medico. Puede ser también, que Angelo Policiano , adhereote 4 la C^sa de Medícis , haya querido defirnder á Pedro dé nota tan sensible. En esta perplexidad nos pone mu-» chas veces la Historia , que no sabemos de quien fiarnos ; igualmen-r te arriesgados 4 padecer engaño , yá por la adulación , y4 por e} odio de los Escritores.

67 Algunos Historiadores dixeron , que Felipe 11 hizo ahogar á su hijo Don Carlos. Paulo Piaseckí , Obispo , y Senador Polaco, dice, que aquel Rey hizo morir á Carlos ; pero habla anibig(|amente , sin decir si este Principe murió de veneno , ó del dolor de yct" se aprisionado. San Euremont escribe , que el Español, que jihogaba á Don Carlos, ledeciaal mismo tiempo: Paciencia y señor ^ todo ts^ to se ba^e por vuestro bien. Nada mas seguramente parece cuento inventado , que esta ironía cruel , y barbara. El Senador Veneciano Andrés Morosini cuenta en su Historia de Venécia , que no tenien-^ do Carlos armas con que quitarse la vida , resolvió morir de hambre ; mas impidiendo la ezecucion los que le guardaban , tomó par;^

(^) No debió el Autor colocar entre ht que hacen alguna ofmon en lé HístQfia al Secretista Chacharon^

Discurso Octavo, 13^

mil en la Historia. No por esto aspiro al Pyrrhonismo , ó

{>retendo una general suspensión de asenso a quanto dicen os Historiadores. Tiene mucha, latitud la desconfianza;

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el mismo fin el expediente de tragar el diamante de un anillo suyo; elqual> no obrando el efecto que esperaba, resuelto í morir de un modo , ó de otro y dio en comer , y beber excesivamente » de que se produxo una disenteria , que acabó con él á pocos días. Ca« brera está acorde con el Senador Veneciano. La mayor parte de los Historiadores pretenden , que su muerte no fue voluntaria y smo or« denada por su padre > á quien á este proposito atribuyen el dicho^ de que si tuviese mala sangre > no dudaria en derramarla. Es de es« trañar y que este rasgo de Historia, siendo de tan corta antigüe'» dad> esté envuelto en tantas nieblas. Carlos murió á 24 de Julio de 2f ^8 , á las quatro de la mañana > de edad de veinte y cinco años^ y quince dias.

^8 Isabel de Frabcia , llamada la Princesa de la Pal, eñ me-» tnoria de la que acompañó á su matrimonio con Felipe II , murió a tres de Octubre del mismo año , dos meses y y diez dias después de Don Carlos* Los Historiadores Españoles atribuyen su muerte á un error de los Médicos , que la sangraron estando preñada. Los nuestros hacen delinqtíente en esta muerte á su marido, t» Notaré* •>mo5 ( dice Meceray ) como la mas monstruosa aventura, que se f 'puede imaginar , que Felipe II, habiendo sabido, que Don Carlos» i'su hijO único , tenia correspondencia con los Señores confedera* ^>dos de los Países Baxos , que procuraban atraerle á Flandes, le i'hizo poner en prisión , y le quitó la vida , 6 con un veneno lento» f*ó haciéndole ahogara y que poco después, por aelos que tuvo» i» dio veneno á su muger Isabel, haciéndola morir juntamente con »>el fruto que tenia en el vientre , como verificó después su madre •>la Reyna Catalina, por informaciones secretas , que hizo , y por •» deposiciones de los domésticos de aquella Princesa» quando tstZ" «>ban restituidos á Francia Q^y

C^) En muthoi Ésefttcres se íeiH ¡as varias opiniones , ijite tubo sobre U muerte del Principe Don Carlos ; pero en muf pocos , que la de la Re/nM Isabel de Francia fuese ordenada por Felipe JL La circunstancia de hallarte mI tiempo aquella Repta en cinta y hace esta tragedia increíble. Es menester^ para darle alguna verisitmlitud , suponer aquel Rey extremamente bárbaro, jisi yu no dudo y que esta fue calumnia inventada por la malevolencia de algunos Estrangeros.

»40 Reflexiones soíre ia H^TOria,

de modo , iquc colocaida en un grado , es discreclort , y en otro necedad. Es menester buscar con gran tiento I03 limite; hasta donde puede est^nderse la duda. Pero ha de

pro-

T ■ 1 III

69 No pueden ser ñus negros los colores con que Buchanan ha« ce el retrato de la infeliz María Estuarda , á quien otros Historia^r dorps nos represenun como una nuiy perfecta Princesa.

70 Véase aqui el juicio , que hace Montaña de una Historia es-» crlta por Guillelmo de fiellai, y de las Memorias de Martin de Bellaij su hermano, »No puede negarse» que se descubre evidentemente •ten estos dos Señores un gran descaimiento de aquella franqueza, •»y sinceridad en escribir » que resplandece en nuestros antiguos «'Historiadores » como en el Señor de JoinviUe , domestico de San 9'Luis i Eginardo > Chanciller de Gu-los M^gno , y mas reciente en «>FeUpe deComínes. Sus escritos son mas propriaraente una declama^ •9CÍon á favor del Rey Francisco contra Carlos V, que una Histo* •'ría. No quiero creer , qne hay^ alterado nada en quanto al grueftso de los hechos s poro sí, que muy freqüentemente torcieron el 9' juicio de los sucesos a favor nuestro , y omitieron todo lo que era •» algo disonante en la vida de su Monarca; lo que se conoce biea «*en Usreculermns ( dexo esta voz sin traducción , porque no alcanzo ••lo que con propriedad significa aqui ) de Montmorcnci , y de •»Bríon , y en que ni una vez sola se nombra á Madama de Esum* f > pes (**), Pueden omitirse las acciones secretas > pero callar lo que ••todo el mundo sabe > y cosas de tanta conseqüencia , y que han ••tenido efectos públicos > es un defecto inescusable. Si se me cree, ••el que quisiere lograr un entero conocimiento del Rey Francisco^ ••y de las cosas sucedidas en su tiempo, lea otros HLstoríador^r

pg la ¡mena crítica de I4 Historiar

$. XI.

7í rr^Iempo es yá de levantar la mano de una materia tan InaM- |[ table y como son las contradicciones de los Historiaoores. Para formar un juicio algo ajustado sobre las Historias sospe* chpsas 9 debe ascender la Critica á la primera fiíente » y acaso única de ellas : Como por exemplo , á Mariano Scoto para el cuento d^ h Papisa Juana ; y i Caguin para la pretendida erección del Reyni>

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(**) Dama de Francisco P rimero antes , / después de casada ^ con escaño dalo de toda Europa.

DfscúR*) Octavó. ' ¿41'

procurar salirse de ella siempre que se pueda , 6 por el ca- v mino de la verdad , ó por la senda de la verisimilitud.

99 Lo que intento es mostrar las grandes dificultades, que hay en exercer dignamente la profesión de Historiador. Pide esto una lectura inmensa , una memoria fclicisima , una crítica extremamente delicada. ¿Qué haré yo con leer dos, ó tres Autores , quando trato de averiguar su- ^ ce-

de Yvetoc. £s menester luego considerar con diligencia en quétiemr po^escríbiael primero, que dio i luz el hecho incierco ; qual era su profesión s qué partido seguía; ^obre todo su adhesión , ó indiferencia por la verdad s y quánu ha sido su exactinid en todas sus '^i'"' Obras. Deben también contarse los testimonios uniformes , si los hay. '^'*- ' * Escás precauciones pueden acercarnos al conocimiento de la verdad «en los hechos históricos.

'Fntu dtl estoMé de ia Ilut$rÍ0m

^. xn.

7^ Xj^ principal estudio en la lectara de la Historia debe ítít W^j el de los hombres , y de isus caracteres , ó genios. No se aplique tanto ) dice Montaña , el queda lee á enterarse de la dau "de la ruina de Cartago, como á conocer las costumbres de Anní-. bal > y de Scipion ; ni tanto i saber dónde murió Marcelo ^ como por qué fiíe indigno de su obligación exponer su vida , y perderla por tan leve motivo. Estudiar Historia , es estudiar las opiniones^ los motivos ;>l2ís pasiones de los hombres ; y el fruto debe ser aprender á conocerse i sL mismo , conociendo á h>s ceros ; corregirse por los exemplos , y adquirir experiencia sin riesgo.

7} La obligación del Historiador, es hacer conocer los hom* bres j)or la exacta verdad de los sucesos s porque si no fuese me^ nester mas que pintar sentimientos , genios , y costumbres , las Novelas , y piezas de 'Theatro serían igualmente oportunas , que lo$ libros de HS^oria. El Au€(» de la Novela de Setos, qule Insertó en ella una moralidad ^ubHmc , dice bien en d Prefacio, que las si-' tuaciones, y lances ungidos $00. mw aptos para proponer grandes exeniplos; mas el estudio de caracteres , y de exemplos , hace incomparablemente mayor impresión, quando se junta , sino con una ^tera persuasión , por lo menos con «na opinión probable de la irerdadde-los Jhíehos. í

Tíím. JV. del Tbeatra. Q