Teatro escogido de Lope de Vega · Unidad 50 de 466

Unidad 50 · ACTO I, ESCENA Xll.

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ACTO I, ESCENA Xll.

hum. No está

sabedlo mañana, f . ¿ Para qué andáis con rodeos^ se Ten ios enojos, or la boca y los ojos ( trocando deseos ? I la partida bien, se muere por no irse^ a puede decirse) menos, ya qne fuese I esta TolBntad, saber la Terdad, ide, á praeba, y estése. ^ 08 estáis mirando ? han. Por mi yo me qnedo aqai. u Y yo 4 qué diré de mi? f. Di« qoe lo estás deseando. ¿ Y él DO tiene hermana allá ? i. No, perra... perla quería que tú lo eres mía. . Tu hermano ha venido ya. I. Sainamos del aposento, ratú.

^iiaa. A Dios. I. A Dios.

. i Eo fin se quedan los dos? t. O es amor, ó atrevimiento.

Sala en casa de don Antonio.

LEQMARDA t FELICIANO.

, i Leonarda, señora mia ? t. \ Cuánto me alegro de verte ! le has tenido con pena que tan loco fueses npanar otro loco, lia sucedido? ¿ qué tienes? » bailado por dicha otero valiente? qué le babeis muerto ?

Yo que vengo á ia muerte. I. ¡ Ay cielos! ¿estás herido? le? ¿cómo?

Espera, tente, i una herida invisible, ! sola el alma muere. I. 4 El alma puede morir? i De amor, hermana, no puede? I. ¿ Pues tú sabes qué es amor, m gusto indiferente nina quieres bien, s, que á todas quieres ?

Fel. Como yo pienso, Leonarda, Que mi dinero pretenden, Guardo el alma, y doy la bolsa, Que es lo que ellas apetecen. Dijeron nos la posada De aquel don Juan, y cual suelen Romper los aires los rayos, Fuimos á cal de la Sierpe, Entramos, pensando hallar Prendas de don Juan, y en frente Estaba un retrato suyo. Con alma entre viva nieve. Una doña Angela, un ángel, Claro está, pues lo parece. Con unas lágrimas tristes. Que hicieran la noche alegre. Las lágrimas te encaresco, Para que por ellas pienses Cuál deben de ser los cielos. Que tales lágrimas llueven. Pero si llorando, y tristes Nombre de cielos merecen, ¿ Qué serán con alegría Ojos que tal gloria tienen ? Abrió por medio un clavel, Ya quisieran los claveles Tomar las perlas que vi,

Y d^o en ratones breves

La desdicha en que se hallaba. Hablóla yo tiernamente, Que no supo á tanto sol El corazón defenderse ; Pesó á perlas mis palabras Enternecida de verme De su parte en su desdicha ; Que á veces, Leonarda, mueve Al llanto en las desventuras El ver que alguno las siente. Prometí darla favor, Don Pedro enojóse, y fuese ;

Y aunque yo también me fui. Diré la verdad, quedóme.

Di para regalos de hoy Cincuenta escudos ai huésped, Que llevaba en un bolsillo. Con esto he venido á verte. Porque sepas que don Pedro Puede buscar quien le vengue; Porque yo pienso, i^eonarda, (Y ríñeme como sueles) Tener el ángel que digo Por mi dueño para siempre.

L^on. Lo que yo pienso reñirle, (I>ues sabes que las mugeri^is De ver otras en desdichr^. Se lastiman fácilmente}