Teatro selecto, tomo 2 de 4 · Capítulo real 210 de 245

ESCENA PRIMERA

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.

_Tocan cajas y trompetas, y salen_ SOLDADOS, DON JUAN DE MENDOZA Y EL SEÑOR DON JUAN DE AUSTRIA.

D. JUAN.

Rebelada montaña, Cuya inculta aspereza, cuya extraña Altura, cuya fábrica eminente, Con el peso, la máquina y la frente Fatiga todo el suelo, Estrecha el aire y embaraza el cielo: Infame ladronera, Que de abortados rayos de tu esfera Das, preñados de escándalos tus senos, Aquí la voz y en Africa los truenos. Hoy es, hoy es el dia Fatal de tu pasada alevosía, Porque vienen conmigo Juntos hoy mi venganza y tu castigo; Si bien corridos vienen De ver el poco aplauso que previenen Los cielos á mi fama; Que esto matar y no vencer se llama, Porque no son blasones A mi honor merecidos Postrar una canalla de ladrones Ni sujetar un bando de bandidos: Y así, encargue á los tiempos mi memoria Que la llamo castigo y no vitoria. Saber deseo el orígen deste ardiente Fiero motin.

MENDOZA.

Pues oye atentamente. Esta, austral águila heroica, Es el Alpujarra, esta Es la rústica muralla, Es la bárbara defensa De los moriscos, que hoy, Mal amparados en ella, Africanos montañeses, Restaurar á España intentan. Es por su altura difícil, Fragosa por su aspereza, Por su sitio inexpugnable É invencible por sus fuerzas. Catorce leguas en torno Tiene, y en catorce leguas Más de cincuenta que añade La distancia de las quiebras, Porque entre puntas y puntas Hay valles que la hermosean, Campos que la fertilizan, Jardines que la deleitan. Toda ella está poblada De villajes y de aldeas; Tal, que cuando el sol se pone, A las vislumbres que deja, Parecen riscos nacidos Cóncavos entre las breñas, Que rodaron de la cumbre, Aunque á la falda no llegan. De todas las tres mejores Son Berja, Gavia y Galera, Plazas de armas de los tres Que hoy á los demas gobiernan. Es capaz de treinta mil Moriscos que están en ella, Sin las mujeres y niños, Y tienen donde apacientan Gran cantidad de ganados; Si bien los más se sustentan, Más que de carnes, de frutas Ya silvestres ó ya secas, O de plantas que cultivan; Porque no sólo á la tierra, Pero á los peñascos hacen Tributarios de la yerba; Que en la agricultura tienen Del estudio, tal destreza, Que á preñeces de su azada Hacen fecundas las piedras. La causa del rebelion, Por si tuve parte en ella, Te suplico que en silencio La permitas á mi lengua. Aunque mejor es decir Que fuí la causa primera, Que no decir que lo fueron Las pragmáticas severas Que tanto los apretaron, Que decir esto me es fuerza: Si uno ha de tener la culpa, Más vale que yo la tenga. En fin, sea aquel desaire La ocasion, señor, ó sea Que á Válor al otro dia Que sucedió mi pendencia, Llegó el alguacil mayor Dél, y le quitó á la puerta Del ayuntamiento una Daga que traia encubierta; O sea que ya oprimidos De ver cuánto los aprietan Órdenes que cada dia Aquí de la corte llegan, Los desesperó de suerte, Que amotinarse conciertan: Para cuyo efecto fueron, Sin que ninguno lo entienda, Retirando á la Alpujarra Bastimento, armas y hacienda Tres años tuvo en silencio Esta traicion encubierta Tanto número de gentes: Cosa que admira y eleva, Que en más de treinta mil hombres Convocados para hacerla, No hubiera uno que jamás Revelara ni dijera Secreto de tantos dias. ¡Cuánto ignora, cuánto yerra El que dice que un secreto Peligra en tres que le sepan! Que en treinta mil no peligra, Como á todos les convenga. El primer trueno que dió Este rayo que en la esfera Desos peñascos forjaban La traicion y la soberbia, Fueron hurtos, fueron muertes, Robos de muchas iglesias, Insultos y sacrilegios Y traiciones, de manera Que Granada, dando al cielo Bañada en sangre las quejas, Fué miserable teatro De desdichas y tragedias. Preciso acudió al remedio La justicia; pero apénas Se vió atropellada, cuando Toda se puso en defensa: Trocó la vara en acero, Trocó el respeto en la fuerza, Y acabó en civil batalla Lo que empezó en resistencia. Al Corregidor mataron: La ciudad, al daño atenta, Tocó al arma, convocando La milicia de la tierra. No bastó; que siempre estuvo (Tanto novedades precia) De su parte la fortuna: De suerte, que todo era Desdichas para nosotros. ¡Qué pesadas y qué necias Son, pues en cuanto porfían, Nunca ha quedado por ellas! Creció el cuidado en nosotros, Creció en ellos la soberbia Y creció en todos el daño, Porque se sabe que esperan Socorro de África, y ya Se ve si el socorro llega, Que el defenderle la entrada Es divertirnos la fuerza: Además, que si una vez Pujantes se consideran, Harán los demas moriscos Del acaso consecuencia; Pues los de la Extremadura Los de Castilla y Valencia, Para declararse aguardan Cualquier victoria que tengan. Y para que veais que son Gente, aunque osada y resuelta, De políticos estudios, Oid cómo se gobiernan; Que esto lo habemos sabido De algunas espías presas. Lo primero que trataron Fué elegir una cabeza; Y aunque sobre esta eleccion Hubo algunas competencias Entre Don Fernando Válor Y otro hombre de igual nobleza, Don Álvaro Tuzaní; Don Juan Malec los concierta Con que Don Fernando reine, Casándose con la bella Doña Isabel Tuzaní, Su hermana. (_Ap._ ¡Oh cuánto me pesa De traer á la memoria El Tuzaní, á quien respetan, Ya que á él no le hicieron rey, Haciendo á su hermana reina!) Coronado pues el Válor, La primer cosa que ordena, Fué, por oponerse en todo A las pragmáticas nuestras, O por tener por las suyas A su gente más contenta, Que ninguno se llamara Nombre cristiano, ni hiciera Ceremonia de cristiano: Y porque su ejemplo fuera El primero, se firmó El nombre de Abenhumeya, Apellido de los reyes De Córdoba, á quien hereda. Que ninguno hablar pudiese, Sino en arábiga lengua; Vestir sino traje moro, Ni guardar sino la secta De Mahoma: despues desto, Fué repartiendo las fuerzas. Galera, que es esa villa Que estás mirando primera, Cuyas murallas y fosos Labró la naturaleza, Tan singularmente docta, Que no es posible que pueda Ganarse sin mucha sangre, La dió á Malec en tenencia; A Malec, padre de Clara, Que ya se llama Maleca. Al Tuzaní le dió á Gavia La Alta, y él se quedó en Berja, Corazon que vivifica Ese gigante de piedra. Esa es la disposicion Que desde aquí se penetra; Y esa, señor, la Alpujarra, Cuya bárbara eminencia, Para postrarse á tus piés, Parece que se despeña.

D. JUAN.

Don Juan, vuestras prevenciones Son de Mendoza y son vuestras, Que es ser dos veces leales.--

_(Tocan dentro.)_

Pero ¿qué cajas son estas?

MENDOZA.

La gente que va llegando, Pasando, señor, la muestra.

D. JUAN.

¿Qué tropa es esa?

MENDOZA.

Esta es De Granada, y cuanto riega El Genil.

D. JUAN.

¿Y quién la trae?

MENDOZA.

Tráela el marqués de Mondéjar, Que es el conde de Tendilla, De su Alhambra y de su tierra Perpetuo alcaide.

D. JUAN.

Su nombre El moro en África tiembla.--_(Tocan.)_ ¿Cuál es esta?

MENDOZA.

La de Murcia:

D. JUAN.

¿Y quién es quien la gobierna?

MENDOZA.

El gran marqués de los Vélez.

D. JUAN.

Su fama y sus hechos sean Corónicas de su nombre. _(Tocan.)_

MENDOZA.

Estos son los de Baeza, Y viene por cabo suyo Un soldado, á quien debiera Hacer estatuas la fama, Como su memoria eterna, Sancho de Ávila, señor.

D. JUAN.

Por mucho que se encarezca, Será poco, si no dice La voz que alabarle intenta, Que es discípulo del duque De Alba, enseñado en su escuela A vencer, no á ser vencido. _(Tocan.)_

MENDOZA.

Aqueste que ahora llega, El tercio viejo de Flándes Es, que ha bajado á esta empresa Desde el Mosa hasta el Genil, Trocando perlas á perlas.

D. JUAN.

¿Quién viene con él?

MENDOZA.

Un monstruo Del valor y la nobleza, Don Lope de Figueroa.

D. JUAN.

Notables cosas me cuentan De su gran resolucion Y de su poca paciencia.

MENDOZA.

Impedido de la gota, Impacientemente lleva El no poder acudir Al servicio de la guerra.

D. JUAN.

Yo deseo conocerle.