Teatro selecto, tomo 2 de 4 · Capítulo real 150 de 245

ESCENA PRIMERA

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.

EL TETRARCA, MARIENE, LIBIA, SIRENE, FILIPO, CRIADOS, MÚSICOS.

_(Música.)_

_La divina Marïene,_ _El sol de Jerusalen,_ _Por divertir sus tristezas,_ _Vió el campo al amanecer._ _Las aves, fuentes y flores_ _La dan dulce parabien,_ _Repitiendo, por servirla,_ _Al aire una y otra vez:_ _Sea triunfo de sus manos_ _Lo que es pompa de sus piés._ _Fuentes, sus espejos sed,_ _Corred, corred, corred:_ _Aves, su luz saludad,_ _Volad, volad:_ _Flores, paso prevenid,_ _Vivid, vivid._

TETRARC.

Hermosa Marïene, Á quien el orbe de zafir previene Ya soberano asiento, Como estrella añadida al firmamento: No con tanta tristeza Turbes el rosicler de tu belleza. ¿Qué deseas? ¿Qué quieres? ¿Qué envidias? ¿Qué te falta? ¿Tú no eres, Amada gloria mia, Reina en Jerusalen? Su monarquía, En cuanto ciñe el sol, el mar abarca, ¿No me aclama su ínclito monarca, Como dan testimonio Letras de Marco Antonio Y firmas de Otaviano, Porque los dos intentan, aunque en vano, Repartir el imperio Que dilata y extiende su hemisferio Desde el Tíber al Nilo? Y yo, con cauto pecho y doble estilo, ¿De Antonio no defiendo La parte, porque así turbar pretendo La paz, y que la guerra Dure, porque despues cuando la tierra De sus huestes padezca atormentada Y el mar cansado de una y otra armada, Pueda yo declararme, Y en Roma, tú á mi lado, coronarme? Tu hermano y Tolomeo, ¿No son á quien les fío mi deseo Y ley de mi albedrío, Pues con los dos socorro á Antonio envío? Y en tanto ¡oh cielo hermoso! Que al triunfo llega el dia venturoso, ¿No estás de mí adorada? ¿De mis gentes no estas idolatrada? ¿No habitas esta quinta, Que sobre el mar de Joppe el cielo pinta? Pues no tan fácilmente Se postre todo el sol á un accidente; Liberal restituya tu alegría Su luz al alba, su esplendor al dia, Su fragancia á las flores, Al campo sus colores, Sus matices á Flora, Sus perlas á la aurora, Su música á las aves, Mi vida á mí, pues con discursos graves A celos me ocasionan tus desvelos.-- No sé qué más decir, ya dije celos.

MARIENE.

Tetrarca generoso, Mi dueño amante y mi galan esposo, Ingrata al cielo fuera Y á mi ventura ingrata, si rindiera El sentimiento mio A pequeño accidente su albedrío. La pena que me aflige, De causa ¡ay cielos! superior se rige, Tanto, que es todo el cielo Depósito infeliz de mi desvelo, Pues todo el cielo escribe Mi desdicha, que en él grabada vive En papel de cristal con letras de oro. No con causa menor mi muerte lloro.

TETRARC.

Ménos entiendo ahora yo y más dudo El mio y tu dolor; y si es que pudo Tanto mi amor contigo, Hazme ya de tu mal, mi bien, testigo. Sepa tu pena yo, porque la llore, Y más tiempo no ignore Muerte, que ya con mis sentidos lucha.

MARIENE.

Nunca pensé decirlo; pero escucha. Un doctísimo hebreo Tiene Jerusalen, cuyo deseo Siempre ha sido, estudioso Apresurar al tiempo presuroso La edad, como si fuera Menester acordarle que corriera. Este, pues, vigilante, En láminas leyendo de diamante Caracteres de estrellas, Hoy los futuros contingentes dellas A todos adelanta: Tanta es la fuerza de su estudio, tanta, Que es oráculo vivo De todo ese cuaderno fugitivo Que en círculos de nieve Un soplo inspira y un aliento bebe. Yo, que mujer nací (con esto digo Que amiga de saber), docto testigo Le hice de tu fortuna y mi fortuna, Porque viendo que al orbe de la luna Hoy empinas la frente, El futuro previne contingente. Con el mio juzgó tu nacimiento, Y á los delirios de la suerte atento, Halló... Aquí el labio mio Torpe, muda la voz, el pecho frio, Se desmaya, se cansa y desfallece, Y aquí todo mi cuerpo se estremece. Halló, en fin, que sería Trofeo injusto yo ¡qué tiranía! De un monstruo el más cruel, horrible y fuerte Del mundo: halló tambien que daria muerte (¿Qué daño no se teme prevenido?) Ese puñal, que ahora traes ceñido, A lo que más en este mundo amares. ¡Mira si tales penas, si pesares Tan grandes, es forzoso Que tengan mi discurso temeroso, Muerta la vida y vivo el sentimiento! Pues infaustos los dos, con fin sangriento, Por ley de nuestros hados, Vivimos á desdichas destinados: Tú, porque ese puñal será homicida De lo que más amares en tu vida; Y yo, siendo con llanto tan profundo, Trofeo del mayor monstruo del mundo.

TETRARC.

Bellísima Marïene, Aunque ese libro inmortal En once hojas de cristal Nuestros discursos contiene, Dar crédito no conviene A los secretos que encierra; Que es ciencia que tanto yerra, Que en un punto solamente Mayores distancias miente Que hay desde el cielo á la tierra. De esa ciencia singular Sólo se debe saber El mal que se ha de temer, Mas no el que se ha de esperar. Sentir, padecer, llorar Desdichas que no han llegado, Ya lo son; pues tu cuidado No puede haberte oprimido, Despues de haber sucedido, A más que haberlas llorado. Y si ahora tu desvelo Lo que ha de suceder llora, Tú haces tu desdicha ahora Mucho primero que el cielo; Que llorar con desconsuelo, Por imaginada ó dicha[7], Una distante desdicha, Ya es acercarla en rigor; Y no hay desdicha mayor Que el esperar la desdicha. Con otro argumento yo Vencer tu dolor quisiera: Si ventura acaso fuera La que el astrólogo vió, ¿Diérasla crédito? No, Ni la estimaras ni oyeras; ¿Pues por qué en nuestras quimeras Han de ser escrupulosas, Las venturas mentirosas, Las desdichas verdaderas? Dé crédito el cauto igual Al favor como al desden: Ni aquel dudes porque es bien, Ni este creas porque es mal: Y si en argumento tal No estás satisfecha, mira Otro que al discurso admira. Esta prevista crueldad, O es mentira ó es verdad: Dejémosla si es mentira Pues nada nos asegura, Y á que sea verdad vamos, Porque siéndolo, arguyamos Que es el saberla ventura. Ninguna vida hay segura Un instante: cuantos viven, En un principio perciben Tan contados los alientos, Que se cumplen por momentos Los números que reciben. Yo en aqueste instante no Sé si mi cuenta cumplí, Ni si la debo; tú sí, A quien el cielo guardó Para un monstruo: luego yo Llorar debiera ignorante Mi fin; tú no, si este instante A ser tan dichosa vienes, Que seguro el vivir tienes, Pues no está el monstruo delante. Y pasando al fundamento De lo que sabes de mí, ¿Cómo es compatible, dí, Que aqueste puñal sangriento Dé en ningun tiempo violento Muerte á lo que yo más quiero, Y á tí un monstruo? Ver no espero Cosa de mí más querida; Luego amenazan tu vida Aquel monstruo y este acero. Pues si hoy el hado importuno, Que es de los gentiles dios, Te ha amenazado con dos Fines, no temas ninguno. No hay más rigor para el uno Que para el otro piedad: Luego será necedad Temer, al rigor atenta, Cuando es fuerza que uno mienta, Que el otro diga verdad. Y porque veas aquí Cómo mienten las estrellas, Y que triunfar puedo dellas, Mira el puñal... _(Desenváinale.)_

[7] Predicha, vaticinada.

MARIENE.

¡Ay de mí! Tente, señor.

TETRARC.

¿De qué así Tiemblas, dí?

MARIENE.

Mi muerte advierte Mirarle en tu mano fuerte.

TETRARC.

Pues porque no temas más, Desde hoy inmortal serás, Yo haré imposible tu muerte. Sea el mar, campo de hielo, Sea el orbe de cristal, Deste funesto puñal, Monstruo acerado del suelo, Sepulcro.

_(Arroja el puñal por una ventana.)_