Teatro selecto, tomo 2 de 4 · Capítulo real 6 de 245

ESCENA V

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.

DOÑA MENCÍA; DON ENRIQUE, _sin conocimiento, en una silla_.

D.ª MEN.

Ya se fueron; ya he quedado Sola. ¡Oh quién pudiera, cielos, Con licencia de su honor Hacer aquí sentimientos! ¡Oh quién pudiera dar voces, Y romper con el silencio Cárceles de nieve, donde Está aprisionado el fuego, Que ya, resuelto en cenizas, Es ruina que está diciendo: «Aquí fué amor»!--Mas ¿qué digo? ¿Qué es esto, cielos, qué es esto? Yo soy quien soy. Vuelva el aire Los repetidos acentos Que llevó; porque áun perdidos, No es bien que publiquen ellos Lo que yo debo callar; Porque ya, con más acuerdo, Ni para sentir soy mia; y solamente me huelgo De tener hoy que sentir, Por tener en mis deseos Que vencer; pues no hay virtud Sin experiencia. Perfecto Está el oro en el crisol, El iman en el acero, El diamante en el diamante, Los metales en el fuego; Y así mi honor en sí mismo Se acrisola, cuando llego Á vencerme; pues no fuera Sin experiencias perfecto. ¡Piedad, divinos cielos! ¡Viva callando, pues callando muero! ¡Enrique! ¡Señor!

D. ENR.

_(Volviendo en sí.)_ ¿Quién llama?

D.ª MEN.

Albricias...

D. ENR.

¡Válgame el cielo!

D.ª MEN.

Que vive tu Alteza.

D. ENR.

¿Dónde Estoy?

D.ª MEN.

En parte, á lo ménos, Donde de vuestra salud Hay quien se huelgue.

D. ENR.

Lo creo, Si esta dicha, por ser mia, No se deshace en el viento; Pues consultando conmigo Estoy, si despierto sueño, O si dormido discurro, Pues á un tiempo duermo y velo. ¿Pero para qué averiguo, Poniendo á mayores riesgos La verdad? Nunca despierte, Si es verdad que ahora duermo; Y nunca duerma en mi vida, Si es verdad que estoy despierto.

D.ª MEN.

Vuestra Alteza, gran señor, Trate, prevenido y cuerdo, De su salud, cuya vida, Dilate siglos eternos, Fénix de su misma fama, Imitando al que en el fuego Ave, llama, ascua y gusano, Urna, pira, voz é incendio, Nace, vive, dura y muere, Hijo y padre de sí mesmo; Que despues sabrá de mí Dónde está.

D. ENR.

No lo deseo; Que si estoy vivo y te miro, Ya mayor dicha no espero; Ni mayor dicha tampoco, Si te miro estando muerto; Pues es fuerza que sea gloria Donde vive ángel tan bello. Y así no quiero saber Qué acasos ni qué sucesos Aquí mi vida guiaron, Ni aquí la tuya trajeron; Pues con saber que estoy donde Estás tú, vivo contento; Y así ni tú que decirme, Ni yo que escucharte tengo.

D.ª MEN.

(_Ap._ Presto de tantos favores Será desengaño el tiempo.) Dígame ahora, ¿cómo está Vuestra Alteza?

D. ENR.

Estoy tan bueno Que nunca estuve mejor; Sólo en esta pierna siento Un dolor.

D.ª MEN.

Fué gran caida; Pero en descansando, pienso Que cobraréis la salud; Y ya os están previniendo Cama donde descanseis. Que me perdoneis, os ruego, La humildad de la posada; Aunque disculpada quedo...

D. ENR.

Muy como señora hablais, Mencía. ¿Sois vos el dueño De esta casa?

D.ª MEN.

No, señor; Pero de quien lo es, sospecho Que lo soy.

D. ENR.

¿Y quién lo es?

D.ª MEN.

Un ilustre caballero, Gutierre Alfonso Solís, Mi esposo y esclavo vuestro.

D. ENR.

¡Vuestro esposo! _(Levántase.)_

D.ª MEN.

Sí, señor. No os levanteis, deteneos; Ved que no podeis estar En pié.

D. ENR.

Sí puedo, sí puedo.