Teatro selecto, tomo 2 de 4 · Capítulo real 68 de 245

ESCENA VI

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.

D. LOPE.

¡Válgame Dios! ¡quién pudiera Aconsejarse prudente, Si en la ocasion hay alguno Que á sí mismo se aconseje! ¿Quién hiciera de sí otra Mitad, con quien él pudiese Descansar? Pero mal digo: ¿Quién hiciera cuerdamente De sí mismo otra mitad, Porque en partes diferentes, Pudiera la voz quejarse Sin que el pecho lo supiese? ¡Pudiera sentir el pecho Sin que la voz lo dijese! ¡Pudiera yo, sin que yo Llegara á oirme ni á verme, Conmigo mismo culparme, Y conmigo defenderme! Porque unas veces cobarde, Como atrevido otras veces, Tengo vergüenza de mí. ¡Que tal diga! ¡que tal piense! ¡Que tenga el honor mil ojos Para ver lo que le pese, Mil oidos para oirlo, Y una lengua solamente Para quejarse de todo! Fuera todo lenguas, fuese Nada oidos, nada ojos, Porque oprimido de verse Guardado, no rompa el pecho, Y como mina reviente. Ahora bien, fuerza es quejarme; Mas no sé por dónde empiece; Que, como en guerra y en paz Viví tan honrado siempre, Para quejarme ofendido No es mucho que no aprendiese Razones; porque ninguno Previno lo que no teme. ¿Osará decir la lengua Qué tengo?... Lengua, detente, No pronuncies, no articules Mi afrenta; que si me ofendes, Podrá ser que castigada, Con mi vida ó con mi muerte, Siendo ofensor y ofendido, Yo me agravie y yo me vengue. No digas que tengo celos... --Ya lo dije, ya no puede Volverse al pecho la voz. ¿Posible es que tal dijese Sin que, desde el corazon Al labio, consuma y queme El pecho este aliento, esta Respiracion fácil, este Veneno infame, de todos Tan distinto y diferente, Que otros desde el labio al pecho Hacer sus efectos suelen, Y este desde el pecho al labio? ¿A qué áspid, á qué serpiente Mató su propio veneno? A mí ¡cielos! solamente, Porque quiere mi dolor Que él me mate y yo le engendre. Celos tengo, ya lo dije. ¡Válgame Dios! ¿Quién es este Caballero castellano, Que á mis puertas, á mis redes Y á mis umbrales clavado, Estatua viva parece? En la calle, en la visita, En la iglesia atentamente Es girasol de mi honor, Bebiendo sus rayos siempre. ¡Válgame Dios! ¿Qué será Darme Leonor fácilmente Licencia para ausentarme, Y con un semblante alegre, No sólo darme licencia, Sino decirme y hacerme Discursos tales, que áun ellos Me obligaran á que fuese, Cuando yo no lo intentara? Y ¿qué será, finalmente, Decirme Don Juan de Silva Que ni me vaya ni ausente? ¿En más razon no estuviera Que aquí mudados viniesen De mi amigo y de mi esposa Consejos y pareceres? ¿No fuera mejor, si fuera Que se mudaran las suertes, Y que Don Juan me animase Y Leonor me detuviese? Sí, mejor fuera, mejor. Pero ya que el cargo es este, Hablemos en el descargo: Vaya, que el honor no quiere Por tan sutiles discursos Condenar injustamente. ¿No puede ser que Leonor Tales consejos me diese, Por ser noble como es, Varonil, sagaz, prudente, Porque quedándome yo, Mi opinion no padeciese? Bien puede ser, pues que dice Que da el consejo, y lo siente. ¿No puede ser que Don Juan, Que me quedase dijese Por parecerle que estaba Excusado, y parecerle Que es dar disgusto á Leonor? Sí, puede ser. Y ¿no puede Ser tambien que este galan Mire á parte diferente? Y apretando más el caso, Cuando sirva, cuando espere, Cuando mire, cuando quiera, ¿En qué me agravia ni ofende? Leonor es quien es y yo Soy quien soy, y nadie puede Borrar fama tan segura Ni opinion tan excelente. Pero sí puede (¡ay de mí!); Que al sol claro y limpio siempre, Si una nube no le eclipsa, Por lo ménos se le atreve; Si no le mancha, le turba, Y al fin, al fin le oscurece. ¿Hay, honor, más sutilezas Que decirme y proponerme? ¿Más tormentos que me aflijan, Más penas que me atormenten, Más sospechas que me maten, Más temores que me cerquen, Más agravios que me ahoguen Y más celos que me afrenten? No. Pues no podrás matarme, Si mayor poder no tienes; Que yo sabré proceder Callado, cuerdo, prudente, Advertido, cuidadoso, Solícito y asistente, Hasta tocar la ocasion De mi vida y de mi muerte: Y en tanto que esta se llega, ¡Valedme, cielos, valedme! _(Vase.)_

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_Calle con puerta de casa de Don Lope._