Bien dentro de casa entré Sin que fuese conocida. Lindamente le he engañado, Aunque él más, pues me ha dejado Tan afrentada y corrida. ¡Que dijera que era fea! No importaba, aunque lo fuese, Ni importaba que dijese Que necia y que sucia sea; Pero ¡aceite un ojo á mí, Y otro arrope! No, por Dios. Y áun si lloraran los dos Una cosa, entónces sí Que callara; ¿mas que tope Un picarón, un taimado, Que mis ojos han llorado Uno aceite y otro arrope?