Teatro selecto, tomo 2 de 4 · Capítulo real 160 de 245
ESCENA XIII
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.
EL TETRARCA, MARIENE.
TETRARC.
Ya pues Que serán mudos testigos De mis lágrimas y voces Estos mares y estos riscos, Salgan, Marïene hermosa, Afectos del pecho mio En lágrimas á las ondas, Y á las peñas en suspiros. Este sangriento puñal, Sacre de acero bruñido (Que no con poca razon Sacre de acero le digo, Pues cuando desenlazado De mi mano le despido, Con la presa vuelve á ella, En sangre y horror teñido), Es aquel que la dudosa Ciencia de un astro previno Para homicida de quien Más adoro y más estimo. Y aunque es verdad que constante A peligrosos jüicios No doy crédito, y desprecio Los contingentes delirios Del hado y de la fortuna (Dioses que coloca[11] el vicio), No sé qué nuevo temor En mi pecho ha introducido Verle volver á mi mano, Que ya le temo y le admiro; Y entre el miedo y el valor, Ya cobarde, ya atrevido, Sitiado dentro de mí, Me quiero dar á partido. Porque aunque bien yo no creo Los acasos prevenidos, No los dudo; que no ignoro Que ese estrellado zafiro, República de luceros, Vulgo de astros y de signos, A quien le sabe leer Es encuadernado libro, Donde están nuestros alientos Asentados por registro. Y así, ni dudando bien, Ni bien creyendo, imagino Que debe el varon perfecto A los sucesos previstos Darlos al crédito en una Parte, y en otra al olvido: Aquí para no esperarlos, Y allí para prevenirlos; Pues señor de las estrellas, Por leyes de su albedrío, Previniéndose á los riesgos, Puede hacer virtud del vicio. Yo, pues, entre dos afectos Vacilante y discursivo, Ni creyendo ni dudando, El puñal á tus piés rindo. Tú eres, bellísima hebrea, La luz hermosa que sigo, La beldad que sola adoro, La imágen que sola admiro. No es posible que yo quiera, Si inmortal al tiempo vivo, Otra cosa más que á tí; Tanto, que mil veces digo Que el mayor monstruo del mundo Que te amenaza á prodigios, Es mi amor, pues por quererte, A tantas cosas aspiro, Que temo que él ha de ser Ruina tuya y blason mio. Pues si lo que yo más quiero Eres tú, y el cielo mismo No puede hacer que no seas, Sin borrar lo que ya hizo; Tú eres á quien amenaza Ese hermoso basilisco, Que en tus piés se disimula Entre dos cándidos lirios. Yo quise hacer imposible Tu muerte, cuando atrevido Arrojé al mar el puñal; Pero habiendo una vez visto Que áun en él no está seguro, Pues por casos exquisitos Podrá llegar donde estés Siempre ignorando el peligro: Para más seguridad Tuya, cuerdo he prevenido Que tú, árbitro de tu vida, Traigas tu muerte contigo; Que mayor felicidad Nadie en el mundo ha tenido, Que ser, á pesar del hado, El juez de su vida él mismo. La parca, que nuestras vidas Tiene pendientes de un hilo, Para que el tuyo no corte Pone en tu mano el cuchillo. En tu mano está tu suerte: Vive tú sola á tu arbitrio, Pues si acercas el aliento, Podrás embotarle el filo. Si es verdad ó si es mentira El hado, no lo averiguo, Mas prevengo los dos males; Pues prudente y advertido, Si es mentira la sospecha, De que la temas te alivio; Si es verdad, con la razon A hacerla mentira aspiro. Luego, mentira ó verdad, Para todo prevenido, Yo no puedo darte más Que tu vida: esta te rindo. Este acero y este amor Son hoy tus dos enemigos: Pues miéntras yo te corono De mil laureles invictos, Triunfa tú dese, y al fin Dueño tú de tu albedrío, Guárdate tu vida tú, Huye tú de tu peligro, Hazte tú tu duracion, Lábrate tú tus designios, Cuéntate tú tus alientos, Y vive al fin tantos siglos, Que este amor y este puñal Triunfen de muerte y olvido.
[11] Erige.
MARIENE.
Oye, señor, oye, espera; Que aunque agradezco y estimo El don que á mis plantas pones, Ni le acepto ni le admito; Que de púrpura manchado Y entre flores escondido, Tanto me estremezco, tanto En verle me atemorizo, Que muda y helada creo, Torpe el labio, el pecho frio, Que soy de aquesos jardines Estatua de mármol vivo. Mas rompiendo á mi silencio Las prisiones y los grillos Con que en cárceles de hielo El temor los ha tenido, Quiero declararme, y quiero Argüirte que no ha sido Cuerda determinacion (Si bien de tu amor indicio) La que contigo has tomado Y ejecutado conmigo. Dejo á una parte si es bien El darse por entendido Hoy mi amor de que yo sea Del tuyo sujeto digno; Y creyéndote cortés (Pues por amante y marido Me está tan bien el creerlo), En mi argumento prosigo, Sin tocar si es bien ó mal Tampoco haberlo creido; Pues por verdad ó mentira, Ya tú en esta parte has dicho Que el prevenirlo es cordura, Esperarlo desatino, Y providencia discreta No esperarlo y prevenirlo. Y así, esto aparte dejando, Vuelvo á mi argumento, y digo: Si ese sangriento puñal Es el que cruel y esquivo El hado esquivo y cruel Contra mi pecho previno, ¿Quién te persuadió, Tetrarca, Quién te informó, quién te dijo Que era la seguridad De mi vida traer conmigo La ejecucion de mi muerte, Y que podrán ser amigos, Ni hacer buena compañía La vida y el homicidio? Si este mi suerte amenaza Con asombros, ¿es arbitrio Para excusar que se encuentren, Hacer que anden un camino Los dos, siguiéndose siempre El acaso y el peligro? ¿Fuera buena prevencion En el humano sentido, Para estorbar que se abrase Este supremo edificio, Acompañarle del fuego? ¿Fuera acierto conocido Para excusar que un espejo No se quiebre, junto á él mismo Poner piedras en que encuentre? Pues piensa que es esto mismo Lo que intentas, pues intentas Que nunca estén divididos Ese puñal y este pecho; Y han de ser siempre enemigos, Por más que juntos los vea, Seguridad y peligro, Vida, muerte y impiedad, Sombra y luz, virtud y vicio, Homicidio y homicida, Torre y fuego, piedra y vidrio. Confieso que la razon Es fuerte, cuando advertido Dices que no es ocultarle Remedio, cuando le vimos Volver del mar á tus manos; Y que será gran martirio, Confieso tambien, estar Dudando siempre afligido Un pecho, «¿quién será ahora Dueño de los hados mios?» Pero entre apartarle tanto Que ignore quién habrá sido, Y acercarle tanto, que Sepa que viene conmigo, Hay un medio, que es ponerle Con tal dueño y en tal sitio, Que lo sepa y no lo tema. Tú lo has de traer ceñido; Pues si del juicio me acuerdo, El mágico no me dijo Que tú darias la muerte A lo que más has querido Con él, sino que con él Moriria; y pues colijo Que otro podrá aborrecer Lo que tú quieres, delito Fuera, echándole de tí, Dar armas á tu enemigo, Pues podrá venir á manos De quien me haya aborrecido. Y así, señor, yo te ruego, Y así, señor, te suplico Que tú, alcaide de mi vida, Traigas el puñal contigo. Con eso seguramente Sabré que aquel tiempo vivo Que tú le tienes. Que escuches El argumento te pido. O tú me quieres ó no: Si me quieres, no peligro, Pues á lo que tú más quieres No has de dar muerte tú mismo. Si no me quieres, no soy A quien arrastra el destino De tu amor, y al mismo instante De la amenaza me libro. Luego olvidada ó querida, Mi seguridad te pido, Mis temores desvanezco, Mis quietudes facilito, Mis deseos aseguro, Mis contentos solicito, Mis recelos acobardo, Mis esperanzas animo, Cuando tu amor y mi vida Triunfen de muerte y olvido.
TETRARC.
Tanto tu vida deseo, Que á ser tu alcaide me obligo. ¡Ojalá fuera verdad, No prevencion, este estilo, Para que nunca murieras! Y así á tus voces movido, En tu nombre, dulce esposa, Segunda vez me le ciño. _(Tocan dentro cajas.)_ Pero ¡válganme los cielos! ¿Qué alboroto, que rüido Es este?
MARIENE.
El cielo parece Que se hunde de sus quicios.
TETRARC.
¡Qué asombro!
MARIENE.
¡Qué confusion!