Teatro selecto, tomo 3 de 4 · Capítulo real 154 de 196

ESCENA XI

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.

DOÑA ANA, DOÑA LUCÍA.

D.ª LUC.

¿Tú, señora, tan dejada Del aliño y la belleza, Que, fuera de la tristeza, Vives de tí descuidada?

D.ª ANA.

No hay consuelo para mí, Ni me has de ver en tu vida Sino triste y afligida.

D.ª LUC.

Pues ¿qué remedias así?

D.ª ANA.

¿Quién te ha dicho que yo quiero Remediar, sino sentir? Aunque si llego á advertir Que es el remedio primero Del mal el sentir el mal; Por sentirle más, no sé Si el sentirle dejaré; Pues es mi desdicha tal. Que apeteciendo el morir Sin pretender resistirle, Por no dejar de sentirle Le dejara de sentir. Desde el dia que á Don Juan En mi casa sucedió Aquella desdicha (y yo Veo que todos me dan La culpa sin merecella), Tan muerta y tan otra estoy, Que áun sombra mia no soy.

D.ª LUC.

Si tan noble como bella, Tu perfeccion me asegura De callarlo, yo diré Que adónde está Don Juan, sé.

D.ª ANA.

¡Qué neciamente procura Tu lisonja divertir Mi mal!

D.ª LUC.

Yo sé dónde está; Y aunque tú no lo oigas, ya Lo tengo yo de decir. Don Juan á Madrid llegó (Mas que lo calles te pido), Y está en la casa escondido De nuestro vecino. Yo Lo sé, porque una criada Me lo ha dicho ahora á mí. Pero no salga de aquí: Ya ves que es cosa pesada.

D.ª ANA.

¡Qué dices!

D.ª LUC.

Lo que es verdad.

D.ª ANA.

Siendo dicha mia, no sé Si algun crédito la dé, Siendo esa temeridad.