Teatro selecto, tomo 3 de 4 · Capítulo real 23 de 196

ESCENA XII

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.

LISARDO, CALABAZAS.

CALAB.

Señor, ¿qué es lo que tienes? ¿De dónde ó cómo á tales horas vienes?

LISARDO.

Ni sé de dónde vengo, Calabazas, ni sé lo que me tengo.

CALAB.

Despues de haberte ido Sin mí (cosa que nunca ha sucedido, Ni héchose con lacayo De bien), vuelves á casa como un rayo, Casi al amanecer, descolorido, Colérico, furioso, acontecido. Airado...

LISARDO.

No me mates, Ni empieces á decirme disparates, Sino pon las maletas; porque luégo Me tengo de ir, y en tanto que á esto llego, A esotra cuadra pasa, Mira si hablar á Félix puedo.

CALAB.

En casa Él no está; que aunque ya ha amanecido, Creo que no ha venido A acostarse hasta agora.

LISARDO.

¡Feliz él, que habrá estado (¿quién lo ignora?) Celebrando las paces con su dama; Que es la felicidad del que bien ama! ¡Y yo, infeliz, á quien han sucedido Tantas cosas!...

CALAB.

¿Qué han sido?

LISARDO.

Oye, porque me dejes, Con condicion que luégo no aconsejes. Llamóme por un papel Aquella dama tapada, A que en su casa la viese. A verla fuí, y la criada Por un jardin me guió, Hasta que llegué á una sala De estrado, donde la misma Que ví en las huertas, estaba Tan bella como entendida: Esto, que te diga, basta. Muy á los primeros lances, Me dió á entender enojada No sé bien qué quejas, cuando Su padre á la puerta llama. Métenme en un aposento, Donde, despues de pasadas Algunas conversaciones, De quien poco entendí ó nada (Porque como retirado Estaba á puerta cerrada, Llegaban á mí confusas Las voces sin las palabras), La puerta un hombre entreabrió; La capa tercié y la espada Empuñé, y al mismo instante Me volvieron á cerrarla Por defuera, sin poder Ver el talle ni la cara Del hombre. De allí á otro rato, Triste, confusa y turbada, Otra moza me sacó Hasta la calle, con várias Prevenciones de que Félix No supiera desto nada. Yo pues, cercado de dudas Y de sospechas contrarias, Estoy sin saber qué hacerme En confusion tan extraña; Porque si á Félix le callo El lance, ya acreditada La sospecha de que ha sido Dama suya, será ingrata Correspondencia, que él tenga A su enemigo en su casa; Si se lo digo, y no es Su dama, sino otra dama Que de mí se fía, el decirlo Es de mi nobleza infamia. Y así entre hablar y callar, La opinion más acertada Es, pues dos daños me embisten, Volver á los dos la espalda. Así con esto á Don Félix No ofende lo que se calla, Ni lo que se dice, ofende A la mujer. Luego trata De poner toda la ropa, Que ántes que amanezca el alba, Con ocasion de que ya Hecha mi consulta baja, De Ocaña me tengo de ir, Aunque me deje en Ocaña En un ingenio la vida, Y en una hermosura el alma.

CALAB.

¡Honrada resolucion!

LISARDO.

Porque apruebas y no cansas, Toma aquel vestido que hice De camino, Calabazas.

CALAB.

Tus manos, señor, te beso De resultas de las plantas, No tanto por el vestido, Aunque es dádiva extremada, Como por dármele hecho; Y en tanto que se levanta Quien la ropa me ha de dar, Escúchame en dos palabras Lo que hecho un vestido ahorra.

_(Mudando voces.)_

—Señor maestro, ¿cuántas varas De paño son menester Para mí?—Siete y tres cuartas. —Con seis y media le hace Quiñones.—Pues que le haga; Mas si él saliere cumplido, Yo me pelaré las barbas. —¿Qué tafetan?—Ocho.—Siete Han de ser.—No quite nada De siete y media.—¿Ruan? —Cuatro.—No—Si un dedo falta, No puede salir.—¿De seda? —Dos onzas, treinta de lana. —¿Bocací á los bebederos? —Media vara.—¿Angeo?—Otra tanta. —¿Botones?—Treinta docenas. —¿Treinta?—¿Habrá más de contarlas? Cintas, faltriqueras, hilo: Vamos con todo esto á casa. Junte vuesarced los piés, Ponga derecha la cara, Tienda el brazo.—¿Seor maestro, Son matachines?—¡Qué gracia Hará el calzon!—Oye usted, La ropilla ancha de espaldas, Derribadica de hombros, Y redondita de falda. —Frisa para las faldillas Haber sacado nos falta. Póngala usted.—Que me place. —¡Ah! sí; esto se me olvidaba: Entretelas.—Deste viejo Ferreruelo me las haga. —Voy á cortarlo al momento. —¿Cuándo vendrá esto?—Mañana A las nueve.—La una es: ¡Oh cuánto este sastre tarda! —Seor maestro, todo el dia Me ha tenido usted en casa. —No he podido más, que he estado Acabando unas enaguas, Que, como mil paños llevan, No fué posible acabarlas. —¡Ah! caballero, muy seca Está esta obra.—Remojarla. —Angosto vino el calzon. —De paño es, no importa nada, Que luego dará de sí. —Esta ropilla está ancha. —No importa nada, es de paño, Que ella embeberá (así basta, Que los paños dan y embeben Como el sastre se lo manda.) —El ferreruelo está corto. —Más de media liga tapa, Y ahora no se usan largos. —¿Qué se debe?—Poco ó nada: Veinte del calzon, y veinte De la ropilla y sus mangas, Diez del ferreruelo, treinta De los ojales... y tantas Impertinencias, que en fin, Que me venga ó que me vaya, Quien me da un vestido hecho, Me da la mejor alhaja. A componer voy las tuyas; Aquí gloria y despues gracia.

_(Vase.)_

LISARDO.

¡Qué locuras! ¡Quién tuviera Tu alegría, y no llegara Hoy á sentir los extremos De tantas penas, de tantas Confusiones y sospechas! ¡Válgate Dios por tapada, Toda misterios y toda Prevenciones, sin que haya Nunca visto la verdad!

_(Vuelve Calabazas.)_

CALAB.

Ya la dije á una criada Que me sacase la ropa; Porque hoy nos vamos á Irlanda.

LISARDO.

En efecto, me destierran, Antes de tiempo de Ocaña, Tramoyas de una mujer.