Teatro selecto, tomo 4 de 4 · Capítulo real 72 de 185
ESCENA III
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 1 tramo técnico para mejorar el rendimiento.
DON FÉLIX Y DON PEDRO, _encontrándose con_ DON JUAN.
D. FÉLIX.
¿Qué haceis, Don Juan?
D. JUAN.
Esperaros Para saber á qué iglesia Quereis que vamos á misa. (_Ap. á él._ De aquí no hagamos ausencia.)
D. PED.
Lo mismo le decia yo. Vamos adonde os parezca.— No os vais, Don Félix, de aquí. _(Ap. á él.)_
D. FÉLIX.
(_Ap._ Desta suerte fácil fuera Servir un hombre á dos amos, Mandando una cosa mesma.) Vuesarcedes, caballeros Muy enamorados, ¿piensan Que no hay más que irse y llevarme Cada cual á su querencia? Pues no ¡vive Dios! que hoy Se han de estar donde yo quiera; Que quiero yo enamorar Tambien un dia en conversa. Y así, hasta que mis vecinas Salgan y vamos tras ellas, Para ver la que me toca Festejar (pues cosa es cierta Que yo la que quiero más, Es la que tengo más cerca), No se ha de ir de aquí ninguno.
D. PED.
Por mí sea norabuena.
D. JUAN.
Por mí tambien.
D. PED.
_(Ap. á Don Félix.)_ ¡Lindamente Habeis hecho la deshecha Con Don Juan!
D. JUAN.
_(Ap. á Don Félix.)_ ¡Bien con Don Pedro Desmentido habeis mis penas!
D. FÉLIX.
_(Ap.)_ Más lo hago por saber Si es que es la dama una mesma. Y si es la que de las dos... Mas no prosiga mi lengua; Que es tarde para que á mí Beldad alguna me venza.
D. JUAN.
Pues ya que quereis, Don Félix, Que os asistamos, no sea Tan de balde, que no os cueste El pagarnos una deuda Que nos debeis.
D. PED.
Es verdad, Y es famosa ocasion esta, Pues sólo para hacer hora Son las relaciones buenas.
D. FÉLIX.
Yo me huelgo, pues así Hablaré un rato siquiera, Sin que á la mano me vayan Con amor, celos y ausencia. —Con el general contento, Madrid, digno á su fineza, A su lealtad y su amor, Oyó las felices nuevas De las bodas de su rey; Y más cuando supo que era La divina Marïana...
D. JUAN.
Tened, que dejar es fuerza Otra vez la relacion Para otra ocasion suspensa.
D. FÉLIX.
¿Por qué?
D. JUAN.
Porque sale gente.
D. FÉLIX.
¿Cuánto va que se me queda La relacion en el cuerpo, Y vienen otros á hacerla?
D. PED.
Un criado es el que sale, Que á su amo sin duda espera.
D. JUAN.
Bien podeis ya proseguir.
D. FÉLIX.
Digo que en gozosa muestra Del alegría de todos... —Pues todos juntos quisieran Significar los afectos En regocijos y fiestas; Y aunque, como vos dijisteis, Caminan con su pereza Las dichas, y no es el gusto Correo á toda diligencia; Con todo eso...—llegó el dia De saberse que en Vïena El Rey desposado estaba, Remitiéndole que ejerza Sus poderes Ferdinando, Rey de Hungría y de Bohemia: Ferdinando, ínclito jóven, En quien la sacra diadema De rey de romanos, presto Hará la eleccion herencia. El pues, no del poder sólo Usó, mas de la fineza: Con que sirviendo á su hermana, Hizo de la corte ausencia. Dejemos en el camino Las dos majestades (que esta No es la accion que á mi me toca, Ya que vos con la agudeza De vuestro ingenio dijisteis El aparato y grandeza), Y vamos á que Madrid, Desvelada, fiel y atenta Al servicio de sus reyes, Que es de lo que más se precia, En tanto que prevenia La usada lid de sus fiestas, Convidó lo más ilustre De la española nobleza, Para una máscara; haciendo (Fuese acaso ó diligencia) A propósito de bodas Ceremoniosa la fiesta; Porque si á la antigüedad Revolveis humanas letras, Hallaréis cómo en las nupcias Aun ménos ilustres que estas, Con antorchas en las manos Corrian tropas diversas A quien llamaban preludios, Invocando la suprema Deidad del sacro Himeneo, A cuyas aras las teas Sacrificaban, cantando Epitalamios, en prendas De que á aquellos casamientos Favorable á asistir venga. Y así de la antigüedad Tomando Madrid aquella Parte festiva, y dejando La gentílica depuesta, Usó el regocijo sólo, Mejorando ilustre y cuerda El rito, pues que fué dando Al cielo gracias inmensas De sus dichas, cuyas voces Váriamente lisonjeras, Fueron el epitalamio Que España cantó contenta, En música, que es confusa, Más dulce, si no más diestra. En toda mi vida ví Tan hermosa tropa bella, Como la máscara junta, Cuando al compas de trompetas, Clarines y chirimías Empezaron á moverla Los dos polos que de España Y de Alemania sustentan La política, bien como Dando generosas muestras De que Alemania y España Por todo el tiempo interesan, Una en que tal prenda da, Y otra en que admite tal prenda. Bien quisiera yo pintarlos; Pero aunque más lo pretenda, No es posible, si no es Que la retórica quiera En sus figuras prestarme El uso de sus licencias, Cometiendo una que llaman Tropo de prosopopeya, Que es cuando lo no posible Bajo objeto de la idea, O callando se imagina, O hablando se representa. Porque si no es que finjais Allá en la fantasía vuestra Bajar de púrpura un monte, Arder de plata una selva, Y de selva y monte luégo Formais un monstruo, que á fuerza De nuevo metamorfósis Todo en fuego se convierta, No podreis imaginar Cómo aquel peñasco era De luz y nácar y plata, En cuya abrasada selva Fueron las plumas las flores, Y las hachas las estrellas. Tan iguales todos juntos Y cada uno, que no hubiera Pareja que poder darles, Si ellos mismos no se hubieran Antes convenido á ser Ellos mismos sus parejas. Cuando del un puesto al otro Corrian las tropas, eran Disueltas exhalaciones Y dilatados cometas. Tan hermosa fué la noche, Que el dia entre pardas nieblas Sucedió por muchos dias La faz de nubes cubierta, Llorando lo que llovía, O de envidia ó de vergüenza. Hasta que desempeñada Vió su luz con la belleza Del dia, que vió la plaza Para los toros dispuesta. Porque aunque su hermoso circo Siempre ha sido heroica afrenta De cuantos anfiteatros Roma en ruina nos acuerda, Nunca con más causa, pues Nunca se vió su grandeza, A fuer de dama, ni más Despejada ni más bella Ser, que cuando vió que á tropas Ocupaban la palestra De los lucidos criados Las adornadas catervas, Que como á triunfo trajeron Los grandes héroes, que en ella La suerte han hecho precisa; Porque ya el acaso deja De ser acaso, pues ya No viene á ser sino fuerza El que ha sacado al acierto Del nombre de contingencia. A ninguno he de nombraros, Y es justo; que no quisiera Que habiendo ya tantas plumas Pintado á sus excelencias, Los desluciesen ahora Cortedades de mi lengua. Solo os diré que no hubo Bruto que armada la testa, La piel manchada, arrugado El ceño, hendida la huella, Dilatado el cuello, el pecho Corto, la cerviz inhiesta, De una vez escriba osados Caracteres en la arena, Como quien dice: «Esta es O vuestra huesa ó mi huesa,» Que no fuese triunfo fácil Del primor y la destreza, Del que más hidalgo bruto Soberbio con la obediencia, Dócil con la lozanía, Sus amenazas desprecia Al tacto del acicate, O al aviso de la rienda; Pues ya el asta y ya la espada, En ambas acciones diestra, Airosamente mezclaban La hermosura y la fiereza. Feliz acabó la tarde, Quedando Madrid contenta Con ella y con la esperanza De que su deidad se acerca; Y así, sólo en prevenciones Desde entónces se desvela, Porque siendo, como es, La corte el centro y la esfera Que ha de merecer lograrla Más suya, desaire fuera, Habiendo de paso tantas Ciudades héchola fiestas, Exceder ella en las dichas, Y las otras en finezas: Y más estando á su aplauso Las naciones extranjeras, O de envidiosas pendientes, O de curiosas atentas. Y así, la prolijidad De las horas de la ausencia Gastó sólo en disponer Aparatos que ahora es fuerza Que yo remita á mejor Pluma que nos los refiera. Diciendo ahora solamente Que la señora condesa De Medellin, de Cardona Ilustre familia excelsa, A Denia fué á recibirla Como mayor camarera, Adonde esperó hasta el dia De la deseada nueva De que ya su Majestad (Que Dios guarde) estaba en Denia. Aquí el señor Almirante A darla la enhorabuena De parte del Rey salió; Y aunque salió á la ligera Fué con aquel lucimiento Digno á ser quien es; que fuera En su excelencia muy tibia La disculpa de la priesa. De deudos, criados y amigos Fué el séquito de manera, Que á no hacer particular Eleccion, pienso que fuera Dejar sin gente á Castilla; Que de un almirante della, ¿Quien de ser deudo, ó amigo, O criado se reserva? ¡Oh felice casa, adonde Entre todas tus grandezas, El afecto es patrimonio, Y lo bien visto es herencia! En este intermedio pues Hizo Madrid diligencias Más afectivas en órden A que todo se prevenga Con majestad y aparato, Para la entrada á la Reina, Asistida dignamente Del que tio la festeja, Del que esposo la merece, Del que amante la celebra, Poniendo á sus piés dos mundos; Pues como cuarto planeta, Cuanto ilumina, la postra, Cuanto dora, la sujeta, Coronándola tres veces, Esposa, sobrina y reina. Con que hasta el felice dia Que nuestros ojos la vean Entrar triunfante en su corte, Mi relacion se suspenda, Divertida en la esperanza De que generosa venga A ser fin de nuestras ánsias, Término de nuestras penas, Logro de nuestros deseos, Y á par de las dichas nuestras, Con felice sucesion Nos viva edades eternas.
D. JUAN.
La relacion con el tiempo Se ha medido de manera, Que acabarla y salir gente, Ha sido una cosa mesma.
D. PED.
Sí, mas no la que esperamos.
D. FÉLIX.
No, porque es el padre dellas.
D. JUAN.
No le conocí hasta ahora, (_Ap._ Que en mi tiempo estaba fuera.)
D. PED.
Nunca hasta ahora le ví, (_Ap._ Que yo siempre amé en su ausencia.)
D. JUAN.
¿Quién es el que con él viene?
HERNAN.
Yo podré dar esa cuenta. Es un sobrino asturiano, Con quien el padre desea Casar una de las dos.
D. JUAN.
_(Ap.)_ Quiera el cielo que no sea La novia la que yo adoro.
D. PED.
_(Ap.)_ Plegue á Dios que no sea Eugenia.