Teatro social del siglo XIX · Unidad 111 de 329
Unidad 111 · 248 TEATRO SOCIAL
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248 TEATRO SOCIAL
— Sí señor, respondía el buen hombre.
— ¿Y son muchos?
— Siete.
— ¿Siete no mas?
— Siete solamente ^
— Pues no son muchos: ya los haremos salir.
Tuvo el medico un rato de conversación con el paciente, para inferir por ella si el estado mental en que se hallaba provenia en efecto de la causa que le habian informado, y penetrado de ser así ofreció al enfermo que le curaría en siete días arrojando un demonio en cada mañana, siempre que se aviniese á pagarle á 20 francos por cada demonio, añadiendo, que debiendo ser el último el mas rebelde y tenaz por los síntomas que observaba, éste merecia bien 40 francos. Accedió el paciente y se convino en el precio, en cuya virtud el médico se despidió hasta otro dia. Al salir encargó el doctor el mayor sigilo á los que se habian hallado presentes, declarándoles que el precio de la curación se destinarla al socorro de los pobres. En honor de la verdad este médico era algo mas filantrópico que los que se usan por aquí.
Al dia siguiente se presentó el doctor al maniático, llevando consigo una máquina de curar: en lo cual conocerán mis lectores que el médico era
1 Y es que lo último que acababa de leer eran Los siete pecados capitales de Alejandro Dumas; y los Siete castillos del diablo de Dennerry y ClairviHe.
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otro maniático; con la diferencia que al enfermo le habia dado la manía por la literatura diabólica, y ál médico le habia contaminado la manía de la maquinaria; pues al ver que en estos tiempos todo se hace á la mecánica, ¿1 habia concebido la idea de curar á máquina también, y hacíalo así muy persuadido de que no habia enfermedad que se resistiera á su sistema de curación.
Hizo, pues, al paciente aproximarse á la máquina; movió un manubrio, y sintid el paciente una fuerte conmoción eléctrica, que le hizo lanzar un grito. Ya salió uno, dijo el médico con mucha gravedad: ya tenemos fuera al demonio de la ópera diabdlica, y cayeron 20 francos del bolsillo del endemoniado.
Al otro dia se repitió la misma función. El mismo sacudimiento eléctrico, el mismo grito, y otros 20 francos. Habia salido el demonio de la novela diabélica. El tercer dia salid el demonio de la comedia diabólica. El cuarto dia fué arrojado el demonio del drama diabólico. Al quinto, el demonio del baile diabólico. El sesto el de los anuncios diabólicos.
Restaba el último, el gefe de la partida, el demonio de la literatura diabólica en general. El doctor recomendó al paciente mucho valor y mucha serenidad, porque este demonio iba á oponer una resistencia endemoniada, y seria menester tratarle con dureza. En efecto, la conmoción eléc-