Teatro social del siglo XIX · Unidad 15 de 329

Unidad 15 · DEL SIGLO XIZ. 37

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DEL SIGLO XIZ. 37

M0FOL0GO3 Y APARTES.

Les poetes ne devraient done se pcrmettre de monologue que le vlus rarement possíble; et iorsqu'üs ne pouvent se s' en dispenser, les /aire excuser par le mérite de la hriécete.

Champagnac.

Mucho tiempo hace que me están chocando, á mí Fr. Gerundio, los monólogos y apartes con que los señores poetas dramáticos procuran entretenernos en las representaciones teatrales.

Ciertamente que no deja de ser curioso y divertido, y sobre todo muy natural, el que un personaje cdmico 6 trágico se ponga á contarse á sí mismo todo lo que pasa, á descubrirse sus mas recónditos pensamientos, á revelar las trazas y ardides con que se propone enredar un negocio, á referirse su historia por medio de una tirada de ciento 6 doscientos versos, á echar sus cuentas y hacer sus cálculos, á manifestar sus dudas y sus zozobras, y á poner, en fin, al público al corriente de todos los secretos, entonces que nadie le oye.

38 -ÍÉATÍIO SÓCiAt

Es indudablemente gracioso ver á uno de estos personajes cerrar cuidadosamente las puertas, y cuando se ha asegurado de que está solo y nadie le escucha, dirigirse muy serio al público, y comenzar á decir con mucha formalidad: "esta gente cree que me engaña, pero no saben ellos lo que yo voy á tramarles: ahora que estoy solo lo puedo decir: pues señor, lo que voy á hacer es esto, y esto, y lo de mas allá: si me dicen esto, yo contestaríí lo otro; si me arguyen por aquí, yo replicare por este lado: voy á disponer las cosas de esta y de la otra manera: buen chasco se van á llevar, porque yo soy hombre que- me pinto solo para estos enredos: voy á fingir que la amo, y cuando obtenga su cariño, etc., etc."

A veces el poeta no necesita de estos preparativos para hacer hablar solo al que le da la gana, sino que desde el momento que se queda solo en la escena, comienza á desembuchar cuanto bien le viene, y charla y parlotea, y se pregunta y se contesta á sí mismo, y se alegra, y se enfada, y se tranquiliza, y dice por qué hace todo aquello, y á veces no se contenta con menos que con informarnos en qué consiste todo el enredo de la comedia.

Una de dos; 6 aquel hombre habla con el público, y entonces no es el personaje del drama, sino el autor que por su boca gasta un rato de conversación con nosotros espectadores, ó habla consigo mismo, lo cual no lo acostumbran á hacer

sino los simples ó los locos. A lo menos en el Teatro Social estas dos castas de gentes son los únicos que hablan solos, y si el teatro dramático debe ser una imitación del Teatro Social, no sé yo d(5nde esté la naturalidad de los tales soliloquios.

Otro de los chistes de los teatros son los apartes. Está un hombre hablando con su dama, le dice cuatro chicoleos, da de repente un cuarto de conversión á la cabeza, y dice en voz tan clara, sonora é inteligible como antes, pero aparte, "¡si ella supiera que la estoy engañando!" El público lo oye desde la tertulia del tercer piso, pero la dama que está tropezándole con el codo no le oye, porque lo dijo aparte.

A veces el amante va á entrar en la sala, pero desde la puerta observa que su amada se halla erí agradables coloquios con su rival; entonces se detiene y grita con desaforada voz: **iah picaros! ¿esas tenemos? ^o os áé cuidado, que yo os compondré'." El público rie porque lo ha oido, pero como los interlocutores, aunque estaban mas cerca, no lo oyeron porque lo dijo aparte, continúan enfrascados en sus requiebros. El otro sigue rabiando de celos aparte, y así se están un cuarto de hora, 6 el tiempo que ha dispuesto el autor, voceando unos y otros, pero sin oirse, porque hablan aparte.

Otras veces se esconde el actor detras de una cortina, 6 debajo de una mesa, y desde allí de