Teatro social del siglo XIX · Unidad 214 de 329

Unidad 214 · 66 TEATRO SOCIAL

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

66 TEATRO SOCIAL

placer; frotábase las manos de gusto, y por último, dándose una palmada en el muslo derecho, esclamd: "¡Gracias á Dios, señor mi amo! Bendito sea Dios que tenemos un Papa liberal!

— No sé, le dije, si será liberal; lo que puedo decir es, que á juzgar por sus primeros actos como gefe de la Iglesia y como monarca de un Estado, debe suponérsele un varón verdaderamente religioso y apostólico, y un hombre que á una ilustración no común, y á un conocimiento profundo del espíritu y de las tendencias del siglo, y de las necesidades de sus pueblos, reúne una gran prudencia y una tolerancia sabia y bien entendida, así como otras virtudes que le suponen los que conocen sus antecedentes. De manera, que siendo todo esto cierto, como aparece y debemos creer, la cristiandad y los Estados pontificios deben felicitarse por el advenimiento de tan eminente varón á la silla de S. Pedro.

— Así es la verdad, señor; y tanto, que si no fuera por tener que dejarle á Y., lo cual no puede entrar en mi ánimo, de buena gana me iria yo de lego del nuevo Pontífice, 6 de mayordomo, 6 cocinero, ó repostero ú otro cualquier empleo que él me quisiera dar, aunque fuera de menor cuantía, con tal que fuese sustancioso.

— Por mi parte, Pelegrin, á pesar de lo sensible que me seria tu separación, te dejo en libertad de pretenderlo y gestionarlo si así conviene á

DEL SIGLO XIX. 67

tu prosperidad y al aumento de tus intereses, y principalmente al bien de tu alma. Pero ten entendido, que lo que hace altamente recomendable al distinguido varón que hoy rige la Iglesia cristiana, no son solo sus virtudes públicas, sino también sus virtudes privadas, y llamémoslas así, domésticas. El se pasea por las calles de Koma á pié y sin boato, con una humildad y una modestia verdaderamente evangélicas. El ha disminuido considerablemente los gastos interiores de palacio. Por ejemplo, el entretenimiento y cultivo de los dos jardines del Papa costaban hasta ahora sesenta mil escudos: él los ha reducido á mil. Cuando el Papa se paseaba por los jardines, el confitero o repostero de la casa solia presentar al Pontífice helados por valor de sesenta escudos: él ha suprimido completamente este gasto. Otro tanto ha hecho con lo perteneciente á la mesa y á la cocina. Gastábanse antes cincuenta libras de carne diaria para el palacio de S. S. Hoy se han reducido íi solas cinco libras, y así respectivamente de los demás artículos y alimentos.

— Señor, bien se está S. Pedro en Roma, y bien me estoy yo con Y. Ya no me iria de manera alguna con el nuevo Papa, como no fuera en virtud de santa obediencia. Porque esas virtudes que Y. dice, son muy buenas para la Iglesia y para el Estado, y de ellas debieran tomar ejemplo no solamente los Padres Santos que le siguieran, sino