Teatro y novela (artículos criticos) 1903-1906 · Unidad 27 de 35
Unidad 27 · DE TEATROS
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
DE TEATROS
fiaena gente, de i?imíitf/.— Verdad, de doña Emilia Pardo Bmmm,-^ Estreno en el teatro Real de la ópera de Berlioz: La Dannazione di Faast.^J/ Central Kursaal.— Tragedias de la escena poUtica.
£|CísTAM0S en un momento de grandes novedades v5r teatrales. Todos los autores de renombre se dan á estrenar y hasta prueban fortuna las damas literatas que ya acreditaron su talento en el cuento, en la novela, en los libros de viajes, en el periodismo.
Santiago Rusiñol, el ilustre autor de El mistic^ de La alegría que pasa ^ de El pati hlaUy de E Héroe ^ ha presentado una nueva obra en el teatro de la Comedia, traducida al castellano, traducida admirablemente por Martínez Sierra. El drama se titula en catalán Gent de bí y en castellano Buena gente, y me apresuraré á decir que ha gustado al gran público y no al reducido cenáculo de críticos y hombres de letras.
Por su parte, doña Emilia Pardo Bazán, la insigne autora de novelas como Insolación^ Los Pazos de Ulloay La Quimera y cuarenta libros más, se ha arriesgado á llevar al teatro las ricas galas de su en-
— 272 —
tendimiento y de su imaginación con el drama Ver^ dad que representaron admirablemente María Guerrero y Fei;nando Díaz de Mendoza en el Español. El drama de la Pardo Bazán, pese á la fama literaria de su autora, ó á causa de esa misma fama, fracasó ruidosamente para el gran público y sólo gustó á contadísimos críticos y hombres de letras.
¿Por qué aquel éxito de Rusiñol y este fracaso de la Pardo Bazán? ¿Es justo que se aplauda un melodrama de corte sumamente arcaico en. la Comedia y pocos días después se silbe ó poco menos un meló drama de corte extraordinariamente moderno en el Español? Porque ambos son melodramas, dramones mejor diría, que merecían, en un criterio de perfecta equidad, ser rechazados los dos, y no hay razón para entusiasmarse con Scribe y para repudiar á Gror-t ki. Lo que está fuera de lo natural y de lo humano, lo mismo da que se sirva en moldes nuevos que en moldes viejos, y en último resultado, puestos á elegir, más valen los novísimos cánones que los antiguos. Por lo menos en los primeros habrá una tentativa hacia un arte que se remoza, que aspira» á hallar otras fórmulas.
¿Qué es Gent de hé ó Buena gente de Rusiñol? Es el eterno drama de la avaricia que ya dejó inmortalizado el buen padre de la comedia. Moliere, sin que ofrezca ninguna novedad en su desarrollo, llegando en ocasiones á ser inocente, en otras repugnante y siempre inverosímil. Figuraos que se trata de un banquero de Barcelona que antes de banquero ha sido dueño de una casa de préstamos, para el que no hay
— 278 -
más Dios que el oro ni otra Biblia que la Bolsa, ni más moral que hacer su santo capricho con el dinero. Ese banquero ha recogido en su casa á una huérfana á una niña sacada de la Misericordia. La educa, la hace crecer como si fuera su hija y cuando está en la edad de tener novio y de casarse, al mísero avaro se le ocurre el enamorarse de ella. ¿Pero cómo se enamora? Como una mala bestia, como un sátiro, cual un hombre que no siente delicadezas ningunas del alma y cree de buena fe que el talismán del cariño se encierra en su coffre-fort.
Hasta aquí no estaría mal planteado el problema psicológico y social, si Rusiñol lo desenvolviera dentro de términos naturales, humanos. Se comprende que el tío aquel avaro y judío triunfe de la virtud de su ahijada; se comprende también el caso contrario que la honestidad de la pupila se imponga al viejo y á cuantos le rodean y todos se declaren vencidos ante la fiera defensa de su honra hecha con los dientes y con las uñas por la inmaculada huérfana. Lo que no se comprende es aquella lucha entre el oro y la virtud, cuando el oro no acaba de salir de la caja y es simple promesa. Y todavía se explica menos que los parientes del viejo, los que piensan heredarle, los que amargan los últimos años de su existencia, sean tan torpes que hacen simpática á la muchacha y ellos se convierten en odiosos. Los parientes de la Casándra de Galdós, obran más humanamente, cuidan y miman á la vieja marquesa, mientras que Casándra, cuando se acerca á ella en un momento de furor la mata.
— 274 -
Ello es que en Gentde béáQ Rusiflol, interviene el eterno Deus ex machina de los melodramas para lograr que triunfe la virtud. En las novelas del idílico Ohnet es por lo común un ingeniero bueno, guapo y talentudo; en el drama de Rusiñol, que pertenece á la misma antigua escuela, es un joven y simpático pintor, creo que sobrino del viejo avaro, el que desenlaza el drama tan romántico y tan falso que no hay por donde cogerlo.
El pintor vive como los pájaros y se alimenta casi del aire, de sus ilusiones. Y sin embargo, aquella huérfana, educada por un judío, en una atmósfera de avaricia, se escapa con el artista para ser feliz. Eso sucede en las novelas y en los dramas y alguna que otra vez en la vida, pero muy pocas. Rusiñol lo dice por boca de su personaje en parrafadas elocuentes, que provocaron delirios de entusiasmo.
Cuando se escapa el pintor con la huérfana, exclama:
— Me llevo la chica, pero no la robo, la desem* peño.,,
Y después, en el acto final, dos años después, al tener ya la venturosa pareja un mofletudo vastago, el pintor, desdeñando el oro de su tío, estalla en bella indignación :
— ¡Mi hijo no quiere onzas ni billetes del Banco; quiere sopasl
¡Admirable sencillez del público que aplaudió á rabiar! Eso es el teatro de Echegaray, de Leopoldo Cano, pero no debe ser el teatro de Rusiñol, del que escribió El mistic^ prodigiosa pintura de la realidad,
— 275 -
del abandono homicida en que esa misma gent de b¿ dejó al insigne cura y poeta Jacinto Verdaguer. No: el que escribió como un Ibsen y cómo unBjoernson y como un Maeterlinck y como un Sudermann^ no tiene derecho á caer en la gárrula oratoria dramática á io Echegaray. Las huérfanas y los pintores, por mucho amor que se tengan, de cien veces, perecerán noventa y nueve y media en la miseria. Y el drama está ahí en la mueca de la muerte de dos seres buenos é inocentes. En este siglo de los trusts y de los reyes del petróleo, del bacalao, del azúcar y de los ferrocarriles, pueden ser una de estas dos cosas los artistas: ó expropiadores y rebeldes, ó contemporizadores indig^ios con la riqueza, pero no ilusos pueriles, y en último resultado dañinos, que se abrazan al ideal de la Bokéme. La Bohéme pasó, in.signe Rusiñol, y estamos en los tiempos de Germinal, No hay que cantar endechas, ó hay que resignarse cobardemente á lo cristiano ó hay que sublevarse á lo Jean Grave y el príncipe Kropotkine. Lo demás es romance dramático, pero no literatura intensa y verdadera. Los avaros no acabarán jamás si se les deja el cojfre-fort en sus manos...
La Pardo Bazán ha tomado por senderos diametralmente opuestos, pero al fin por senderos melodramáticos. El error de la egregia doña Emilia ha estado en haberse propuesto como modelo á Gorki y á
- 276 —
Tolstoi sin tener la lógica de esos autores, ni su genio, ni su fuerza magnífica de expresión. Y luego, por añadidura, irse al Teatro con reminiscencias del Poder de las tinieblas ó de Les bas Fonds^ con procedimientos infantiles, sin reparar que ni el público está preparado para manjares tan fuertes, ni es lícito condimentarlos sin especies fortísimas para que se conserven.
El público estuvo cruel, fiero, hosco y hasta grosero con la Pardo Bazán. No le perdonó nada, no tuvo siquiera en cuenta el bagaje literario de la escritora á la que se ha llamado algo irónicamente la eximia. Sucedió con ella lo que años antes con Cíarin. Se juntaron en el Teatro Español todos sus enemigos, dispuestos á devorarla, como en efecto hicieron de un modo implacable. Aquello no era público, era una jauría desatada. En los corredores se escuchaba á jóvenes y á ancianos críticos exclamar: ¡que se vaya á hacer calceta! Ya quisieran muchos de los que censuraban, tener la mitad del tálente de hombre^ no de mujer, que tiene la Pardo Bazán.
Ciertamente que se equivocó en muchas cosas, pero no merecía aquellos ultrajes y era digna de mayores respetos. Al cabo, doña Emilia es con Galdós, Blasco Ibáñez, Pereda, Picón, Palacio Valdés, la que completa la media docena de grandes novelistas con que contamos en España, y eso no se puede olvidar en una noche, para decirle que se vaya á hacer calceta. Además, el intento, el solo intento de imitar á Gorki y á Tolstoi ya es un empeño acreedor á todo género de consideraciones. Pero, en fin, el público
— 277 —
estaba de malas y la crítica también, y nadie pidió el nombre de la autora de Verdad y al caer el telón, gritó una voz: ¡La Guerrero, si! Como si fuera posible que una cómica, por ilustre que sea, aventaje en méritos mentales al creador de una obra, aun equivocándose. Este mismo público llamó al proscenio multitud de veces á los Quintero al estrenar días antes La musa loca y de la enjundia filosófica y social de la Pardo al verbo fácil y teatral de los hermanos Quintero, todavía hay mundos de diferencia.
La Pardo Bazán imaginó equivocadamente su obra aunque con atisbos propios de su gran talento. Suponed lo que pasó. Se levanta la cortina y aparece el galán, que es un soltero, un señor rico y noble de Galicia. Espera á su adorada, la condesa ó marquesa de Barcelos, la cual es mujer madura, aunque todavía fresca y guapa. Está casada con un diplomático portugués y se la pega al marido con el primero que llega. Carece de escrúpulos, ha venido al mundo á divertirse, á querer, á entregarse. Eso lo sabe todo el mundo, todos menos el galán del drama. El cual encontrándose de noche^ á las altas horas de la noche, solo, con la señora de sus pensamientos, la primera vez que va á rendírsele, se entretiene, en lugar de aprovechar las horas, en pedirle celos de sus amores pretéritos. ¿Qué más da, cuitado? ¿O es que se acostumbra en tierras de Galicia á creer que las mujeres de la aristocracia, casadas y hartas de vivir, que acuden á citas nocturnas con sus enamorados, son vírgenes castas y puras?
— 278 —
Añádase que ella, para despistar á la gente, dando pruebas de previsión, ha salido de su quinta de Portugal y se ha encaminado á la quinta gallega de so novio, haciéndose acompañar del caballero PortoAlegre, que ha sido, pero que ya no es su amante. De esta suerte si alguien la vio sospechará del antiguo, pero no del nuevo y todo será en beneficio de este último. Tendrá el regalo deamor sin sus peligros.
No lo entiende él de ese modo. Sus celos son tan terribles, fieros, calamitosos y extrahumanos, que en un acceso de furor, á las primeras de cambio, sin un beso, sin una caricia, sin recibir la ofrenda del amor que se da tan generosamente, la coge entre sus brazos, la ahoga, la mata. ¡Habráse visto crimen más irracional y más sin finalidad! Por bruto y fiera que sea un enamorado, jamás mata antes de gozar, sino después de haber gozado. Se explica que satisfechos los sentidos, con el rencor natural de la carne ya saciada, del hambre contenta, de la hartura, removidos los bajos fondos de la bestia humana, se perpetren toda clase de desatinos criminales. ¡Pero antes, antes! Eso es contrario á toda especie humana y aun diría mejor, á toda especie animal...
Ello es que el primer acto, á los quince minutos de haber comenzado el drama, termina con un bárbaro asesinato. Cae el telón del primer acto dejando en la escena el cadáver de la protagonista. Ya no hay obra posible. Todo lo demás que sucede en los tres actos restantes entra en el dominio de la locura. Nada está justificado y la Pardo Bazán caminó entre tinieblas hasta el desenlace final.
— 279 —
Todavía habría un drama, el drama del remordimiento, del que lleva como en ú Poder de las tinieblas el peso de un delito y concluye por confesarlo. El se arrepiente, sí, y quiere entregarse á la justicia; pero después de haberse casado con la hermana de la muerta y á los seis años del crimen y del matrimonio, cuando tiene una hija de su mujer Irene de Ourente. Se casa porque su esposa tiene una semejanza extraordinaria, de hermana gemela, con la difunta, con la que asesinó sin poseerla. Y á los seis años se descubre el crimen— que no ha dejado rastro ninguno, el cadáver de la Barcelos lo quemó el criado del matador y arrojó sus cenizas al río— porque Porto- Alegre surge y cuéntala verdad, la terrible verdad.
Entonces el asesino, que ha vivido seis años sin confesarse, se lo quiere contar todo á la justicia, porque la justicia busca en su casa, donde se refugió, á Sangre Negra, un bandido de la peor especie, sólo comparable al celebre Mamed Casanova, de triste fama en Galicia. El protagonista no se saldrá con la suya. En el momento que se le va á escapar su secreto ante la Guardia civil, su fiel criado que prefiere contemplarle muerto á deshonrado, le descerraja un tiro, un traidor tiro que acaba con tantas y tantas locuras. Irene se declara cómplice del nuevo asesinato. La guardia civil hace una redada y la inocente hija de ese matrimonio infeliz se queda sin padre ni madre.
En el intermedio entre el criminal atentado del primer acto y el tiro criminal del último acto, ocurren otras desgracias. El criado fiel, sumiso y obediente, tiene una madre, una buena viejecita que
— 280 -
husmea la sangre y adivina el delito del amo. Entonces el criado encierra á su madre, la incomunica con todo bicho viviente y le da á comer por un agujero. La madre sucumbre á los dos años. Y van tres asesinatos. ¿Para qué continuar la cuenta? ¡Lástima de drama!
La señora Pardo Bazán busca el desquite inmediato. El lunes próximo la compañía de la Tubau, en el Gran Teatro, antiguo Teatro Lírico, estrenará un nuevo drama de la Pardo titulado Cuesta abafo. No hay que fiarse de títulos ni de símbolos. La Verdad se hundió, Cuesta abajo puede ir Cuesta arriba. Yo lo deseo, porque no estamos sobrados de autores dramáticos. Quitando á Galdós y á Benavente...
Quitando á Galdós y á Benavente, quedan Iglesias, el autor de Las Urracas, de Los Viejos, de La madre eterna ;^\xúfío\ el autor de El mistic y L^ Héroe; Adrián Gual, el autor de Misteri de dolor y de La fl de Tomás Reynald, y luego Echegafay, Dicenta, Guimera, los Quintero, Linares Rivas, etc^ etc. No me propongo ahora discutir los méritos de unos y de otros; lejos de mí en este momento la idea de reproducir las censuras al teatro Echegaray que se va.
De un salto paso del 4rama á la ópera, á una ópera para Madrid nueva, enteramente nueva: La dati" naztone di Faust^ del gran maestro Berlioz. Ya era
— -281 -
hora que se estrenasen en el Real óperas. Ya era hora de salir de Hugonotes, La africana, Roberto^ Lucia, Linda^ El Trovador^ Rtgoletto, et ejusdein furfuru El buen empresario Arana, inteligente, muy inteligente en toros, nos condenaba á la eterna música italiana. Hoy se decide á desenterrar maravillas. ¡Loado sea el Santo Graal de Lohengrin y la calavera de Fausto en su Dannazione! Por fin entramos en Europa, la víspera de la Conferencia de Algeciras.
El estreno de La dannazione di Faust ha sido un acontecimiento que no llega á España del todo tarde. En 1903 se estrenó en París arreglada la ópera de Berlioz por Gunsbourg. Otras novedades emplearán más tiempo en recorrer el camino que nos separa de París, ó de Berlín, ó de Bayreuth ó de Milán. No hay por qué estar descontentos de Arana.
A Berlioz el grande y soberano maestro le aconteció lo que á Stheñdal. Dijo Sthendal, el fundador del naturalismo, el precursor de los Goncourt, Balzac, Flaubert, Daudet, Zola, Maupassant, que sus obras tardarían cincuenta ó sesenta años en ser leídas y comprendidas y que acaso jamás fueran populares. Pues cotilo Sthendal, Berlioz no pudo ver sus dramas musicales representados. En 1846, si no recuerdo mal, compuso su partitura; en 1903 en París se representó por primera vez cuando se celebraba el centenario de su nacimiento. ¡La gloria es verdaderamente avara y cruel con muchos genios!
Popular acaso no lo sea nunca Berlioz. Fragmentos de sus óperas se oyen en conciertos y la gente ya se ha acostumbrado á fallar que esa es música de ca*
meruy pero no música representable. La Marcha húngara át\ primer acto á^ La dannaztone di JFaust se tararea por todos los aficionados, por todos los dilettanti y no se aplaude apenas en la ópera. ¿Por qué? Porque el oído se habituó á escucharla como pieza de concierto y se desconcierta oyéndola como parte integrante de un hermoso poema musical.
En honor del público madrileño, sobre todo del público de las alturas, hay que decir que aplaudió con entusiasmo á Berlioz en el estreno de La dannazione di Faust No se puede afirmar lo mismo de los espectadores de palcos y butacas, que admiraron el acto tercero, el de las sílfidos, extasiándose con las bailarinas que vuelan por los aires suspendidas de cables eléctricos y se aburrieron lindamente en el resto de la ópera. jQué de cosas se dijerpn el domingo por la noche, al estrenarse La dannazione di Faust! Recuerdo que un artista laureado,^ uno de los primeros artistas de España, estaba en su palco bostezando durante la marcha al abismo de Mefistófeles y de Faust. Le reprendí cariñosamente y me replicó: «No rae gusta, prefiero á Gounod. Ya se ve que Berlioz copió mucho y copió mal de Gounod.» ¡Y para esto se escriben óperas! |Para no saber siquiera que Berlioz fué anterior, mucho tiempo anterior!
A bien que hubo muchos señoritos de la high-life que abandonaron el Teatro Real entregado á Berlioz que les aburría para irse al Central Kursaal, la imvención feliz del empresario Berriatúa. Ello es qlue en Madrid triunfa el teatro canaille^ el espectácJilo de los music-hall y á estas fechas tenemos chanteMises J
danseuses en Novedades, en Romea, en Actualidades y en el Kursaal. Sí, ha sido una invención feliz de Berriatúa. En su frontón se juega por la tarde á la pelota, y al llegar la noche se transforma en teatro, arman un piso, unos palcos, unas butacas, un promenoir^ un escenario y unos tapices que tapan, envuelven y adornan la cancha. El cambio rápido, maravilloso, cosa feérica, es el grandclou de Madrid en toda esta temporada. En una hora cátate el Frontón convertido en music-hall^ y donde jugaban los pelotaris se aplaude á bailarinas españolas con sus tangos, á cantantes francesas con sus couplets^ á indias como la Mata-Hary con sus danzas sagradas, que acaban en una hermosísima desnudez.
El arte está en moda; el arte de la Otero, la Guerrerito, la Chavita, la Cavallieri, la Tortajada, María la Bella, Sagrario Alvarez, Amalia Molina, la Fomarina... La Otero, la Guerrerito, triunfan en París, María la Bella y Sagrario Alvarez, sobre todo Sagrario, triunfan en Rusia, y la india Mata-Hary triunfa en España. Se revelan verdaderas personalidades, cual la Amalia Molina, creadora de la famosa cuanto impía canción de San Pedro.