Tradiciones argentinas · Unidad 117 de 252

Unidad 117 · DOCTOR P. OBLIGADO 1 79

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

DOCTOR P. OBLIGADO 1 79

al mundo. Al nombre del santo del día en que naciera cada uno de sus hijos agregaba el de Lujan, á punto que las vecinas más llamaban á Escobar por el sobrenombre de ño Ltiján, el de los Lujancitos.

Ccn viva fe confiaba todas sus empresas poniéndolas bajo el amparo de la Virgen, y lloviera ó tronara, en las tormentosas noches de tempestad sobre el Plata ó á la plácida luz de la hermosa luna llena reflejando en sus serenas aguas, tras el frugal puchero, infaltable era el rosario, todas las noches rezado con toda devoción bajo el techo pajizo del humilde rancho avanzado sobre las toscas en la bajada de la histórica ruina. A él hacían coro todos sus hijos, hasta el más chiquitín, gritando desde la batea suspendida como improvisada cuna aerea, asustado por las olas que mugían tan cerca.

Con la del alba, hora era en que iba á recoger la red echada hacia el Arroyo de las Canoas, en la tarde anterior, frente al Fuerte. Al regresar del mercado con su desportillada carreta de pescado (codeándose con donde hoy se hacen leyes: Congreso), volvía á sus cangrejales. Ya carpiendo su estrecha huerta en declive, componiendo las redes ó calafateando su canoa, en incesante trabajo todo el día, acompañado de su buena mujer y rodeado de sus hijitos en camisa, era feliz en aquel pedacito de paraíso, anublado sólo por el temor que llegara á faltar el pan para tantos seres queridos.

Y así transcurrieron los últimos años del pasado siglo y los primeros del que fenece, hasta que en su primer lustro, un día que cierta división inglesa vagaba sin rumbo por esos mares de Dios^ tentó fortuna, ensayando probar si era horchata lo que corría por las venas de este pacífico vecindario.

Y aunque les salió el tiro por la culata, resultando cara la fiesta, fácil fué por de pronto, sorprender una ciudad sin soldados, abierta y de largas siestas, entrándose muy orondo en la hora que el virrey tomaba el chocolate, aplaudiendo desde su palco las figuras coreográficas de la primera mulata bailarina que subió á hacer piruetas en el Teatro Argentino.

Como en ocasiones avanzaba Escobar en su pesca más lejana hasta cerca de la Punta de los Quilmes, fué el primero que vino con el aviso de estar desembarcándose en aquella playa petos colorados, cual hormigas del mismo color, y á la señal desde su bote explorador se disparó el primer cañonazo de alarma de aquel mismo fuerte dentro del que el viejo virrey no creía en ingleses ni aparecidos.