Tradiciones argentinas · Unidad 142 de 252

Unidad 142 · 220 TRADICIONES ARGENTINAS

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220 TRADICIONES ARGENTINAS

la espada, en la misma hora misteriosa del corazón levantaron el velo nupcial sobre la frente virginal de sus prometidas.

Gómez desposó á una de las más hermosas doncellas del virreinato, doña Juana Rospillosi, cuj'a estirpe ha dado dos papas al Vaticano y un Santo al cielo, y el Sr. de Rozas á doña Catalina de la Cuadra.

Y lo que poco acontece en estos tiempos del telégrafo y del vapor, en que todo pasa rápido, y ni caudal ni amistades duran tres generaciones, los hijos de ambos siguieron hasta la tumba la amistad que heredaran de sus padres.

Venidos á la vida en corta diferencia sus primogénitos, como á hijos de capitanes del rey, á un tiempo les llegaron de la corte los cordones de cadete; juntos entraron en la escuela del rey D. Lázaro Gómez y D. León Ortiz, menos porque vivieran en un barrio, que por ser la única en muchos años. Más tarde ingresaron al batallón en que sus padres habían seguido su carrera. 'En un mismo buque se embarcaron para su primera campaña; una era la fecha de sus despachos; juntos arrollaron con sus valientes soldados del Fijo á los veteranos ingleses de la plaza de toros, en la tarde del ii de agosto de 1806. Cuando el capitán Rozas supo que Gó mez había caído muerto en la brecha de Montevideo^ el 3 de febrero del año siguiente, tan gran sentimiento le apesadumbró, que antes de concluir ese año, y después de haber vengado á su hermano de armas, matando ingleses el año vii, colgó su espada.

Tales antecedentes explican la clase de íntima y sincera amistad que estrechaba á los dos alféreces del Fijo.

¡Cuál sería, pues, la sorpresa de Gómez al tener la primera noticia de su amigo! No sólo vivía Rozas, sino bueno y sano se encontraba á poca distancia de su campamento.

Como la desgracia le había hecho desconfiado, poco creía en promesa de indio; pedía mayores pruebas, algo como una muestrita, que le dejaran ver de lejos siquiera la punta de la nariz de tan deseado cautivo.

En esos parlamentos, chasques y mensajes se estaban, cuando un buen día se le presentó de cuerpo' entero, y tan entero de alma como de cuerpo, el mismo Rozas: el tan llorado compañero

Abrazándose entre lágrimas, y pasados los primeros momentos de efusión, le dijo Gómez: