Tradiciones argentinas · Unidad 196 de 252
Unidad 196 · DOCTOR P. OBLIGADO 3O3
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DOCTOR P. OBLIGADO 3O3
Un día asomó el jefe de policía al contiguo balcón, y extático cayó de rodillas. Como el gallardo general no era flojo de piernas ni padecía mareos, creyóse fuera por adorar las imágenes que en procesión desfilaban. Muy joven, había sido uno de los más activos chisperos de la revolución, y en la mañana de mayo, de los que en la plaza más grupos populares uniformara bajo ese mismo balcón. Después de llevar la bandera azul y blanca á las mayores alturas de la tierra, diestro jinete, antes de regresar coronado con los laureles de Ituzaingó, ganó en unas célebres carreras el gobierno de la provincia de Entre Ríos. No porque el Gobierno de aquella provincia estuviera sobre el tapete ó se echara á los dados, cual túnica del Salvador, sino porque con los mismos carrerinos, concluido el juego, derrocó al gobernador, substituyéndole por su majestuosa persona. No padecía, pues, de nervios ó vértigos, y atribuyóse tal vez el mareo ó deslumbramiento á vividos reflejos del sol poniente, á tiempo de atravesar la bocacalle de las Torres el señor obispo Medrano, llevando la custodia exornada de brillantes, cuyos resplandores enceguecían. Pero Su Ilustrísima llegó á ponerla en el altar de la plaza; y aun después que entre cantos é inciensos, salmodias y músicas de violines, seguían los faroles, el general no salía de su abstracción hasta que el deslumbramiento vecino se eclipsó, entrándose Agustina Rozas, en cuyas miradas prendado quedaba por largo tiempo el viejo general Mansilla.
Acaso fué el de esa hermosa Agustina el que inauguró los noviazgos en los anales de esta sala, cuando el compromiso salió afuera ó se hizo público, ó salieron los novios al balcón, cuyas puertas cerráronse treinta años después al casamiento de la niña de la casa con el más grave de nuestros abogados, entre los discípulos del inolvidable Dr. Alcorta, obteniendo la mano de la gentil señorita cuya genealogía de cuatrocientos años compendiamos.
Fuera de otros tantos compromisos que fracasaron, cuyos azahares no llegaron á florecer sobre él ó á su pie, mirando á pasantes que no acababan de pasar_, nacieron ó prosperaron en ese nido de amores los de las señoritas Rozas, Lastra, Beláustegui, Garmendia, Carranza, Terreros, Saavedra, Castellanos, Plaza Montero, Rubio, Fernández, la Carmencita y otras, á cuyo alrededor revolotearon Mansilla, Lezica, Cazón, Armstrong, Villanueva, Saavedra, Suárez, Yáñez, Vivar, Carranza, Drago, Basualdo_, Oromí, Carreras, EHzalde, Llavallol, Pineda, Herrero, Larrazábal, Velázquez, Gowland, Rolón, Guido, Rubio, Elortondo, Halbach, Roque Pérez, Arana, Bilbao, Monasterio, Gutiérrez, Frías, Ocampo, Rodríguez, Lezama, Martínez de Hoz, Molina, Alvear, Arrotea, Llambí, Escalada, Pacheco, Haedo, Boneo, Senillosa, el paquete Urioste, Juan Martín Estrada, Jimmema, Pérez del Cerro y tantos otros.