Tradiciones argentinas · Unidad 20 de 252

Unidad 20 · EL GOBERNADOR «MANO DE PLATA»

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

EL GOBERNADOR «MANO DE PLATA»

¿Conocen ustedes al general Pata-Gallina?— nos preguntaba cierto día en la Biblioteca de Lima nuestro ilustrado amigo D. Ricardo Palma.

«Fué la de ese nombre la tradición que más sinsabores me ha proporcionado.

» Desde entonces, proseguía, en todas mis crónicas disimulo cuanto es posible nombres y sobrenombres históricos de personajes que no siempre lo fueron; pero como, al fin, crónica es lo que relato, tan parecidos suelen encontrarse los aparecidos, que con harta frecuencia la nativa malicia pone los puntos sobre las íes, que usar suelo sin puntos, y héteme provocado el conflicto.

»Pehagudo oficio se va haciendo el de meterse en atolladeros por exhumar antigüedades.

«Pierda usted trabajo, tiempo y paciencia en desenterrar empolvados señorones, llenos de telaraña, vestidos á la antigua y hablados á la misma, que no reportará honra ni provecho.

«Apenas habrá familia en Lima á quien no haya recordado alguno de sus ascendientes por ella misma ignorados, haciendo resaltar, en honor al país, á la historia y á la moral los méritos ó los medios méritos de abuelos tan olvidados, dejando á sombra sus sombras, por aquella piedad mal entendida de que, respecto á muertos, sólo se debe recordar lo bueno.

»¿Y creerán ustedes que se me ha demostrado mucho agradecimiento?

DOCTOR P. OBLIGADO 39

«Eso SÍ, no faltó quien me recordara. ¿Para darme las gracias?

»No, para darme una paliza literaria, haciendo cera y pábilo de

toda mi literatura, por no haber suprimido algún lunar, sin el cual faltaría el parecido (ó bellaquería tan sonada), que como eco del pasado repercute en la tradición.»

Todo esto contaba con su sal ática y gracia sin igual delante de Paz Soldán, Pardo, Gómez, Irigoyen, Guzmán, Calderón y otros periodistas, el poeta de las tradiciones, refiriéndonos la desazón que le causó cierto general de la Confederación Perú-Boliviana, llevándole ante el Jurado por encontrarse parecido á su general Pata-Gallina.

«Falsificador de la historia, que ambicionaba renombre, ultrajando el de muertos ó semimuertos, era de lo menos que se me tildara. ¡Chico pleito fué aquél !

» Pero, señor, me defendía, nada tiene que hacer usted con el general Pata- Gallina ¿e mi cuento. Usted es un general de mucho mérito, que ha dado largos días de gloria á la patria, cuya casaca militar cuajada se halla de medallas, cordones y veneras, que ha hecho sudar la prensa con elogios á sus hazañas, y los papeles públicos.

— «¿Qué? ¿Qué dice usted? Si en mi Departametno no hay papeles públicos, ni hazañas. Usted se ha querido mofar de mí, pintándome con defectos que no tengo, sin respetar mis canas, heridas y servicios, para costear, con la caricatura de mi figura histórica, la risa de sus lectores.

— «Semejanza alguna aparece entre un Vuecencia implume, en dos pies, y mi general Pata-Gallina, que nunca tomó el olor á la pólvora^

que en cien combates lució por su ausencia, como el señor no lo ha

hecho, cuyo nombre no se menciona en parte alguno

«Y, como tanto me fastidiara ese buen señor, cansado de sus majaderías, tuve que pedir al Presidente de la mesa que hiciera exhibir en la prueba algo así como el cuerpo del delito, cuando un chusco gritó desde la barra:

— «¡Eso es!, ¿á ver á ver? Que saque la pata el señor general, á ver si es de gallina.

«Aunque algo serril, el cuzqueño escondía la suya en bota fuerte. El público se echóá reir, contaminándose los miembros del Jurado de la hilaridad de la barra, y no sin gran brega salí absuelto y sin levita.»

Ni pariente lejano del general Pata-Gallina es el que en las siguientes páginas recordamos.