Tradiciones argentinas · Unidad 221 de 252

Unidad 221 · DOCTOR P. OBLIGADO 34I

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DOCTOR P. OBLIGADO 34I

en escasas fiestas estaba allí en los de sus dos ministros Arana é Insiarte, á los que seguía el edecán Erézcano á la cabeza de los sillones de respeto, el inspector general Pineda, y el general Rolón con todo su Estado Mayor de elásticos penachos y charreteras, y en la fila de enfrente los hermanos de la Cofradía del Socorro

En la postrera invocación á la Virgen, volviendo sus miradas á la del altar mayor, el orador que ocupaba la cátedra sagrada, militar en sus mocedades, recordamos con cuánta vehemencia exclamaba:

— ¡Aún me parece que siento sobre mis hombros el peso de tus andas. Virgen de las Mercedes, cuya imagen sacamos en procesión (1812) en la ciudad de Tucumán, hasta el campo de la gloria, donde por vuestra intercesión obtuvo el triunfo el ejército de la patria! —

Alguien notó que el perfumado pañuelo de Manuelita Rozas, arrodillada frente al altar de San Ramón, fué llevado á los ojos, pues lágrimas arrancaba el acento del elocuente predicador, implorando no retirara la Virgen su protección, tantas veces visible sobre este pueblo cristiano.

Hasta las campanas repicaron más fuerte en aquella solemnidad. El último campanero del convento, alma de ángel bajo la estampa del diablo (tal era de feo el cieguecito de la Merced, Manuel, directo descendiente del Cuasimodo de Nuestra Señora de París por su monstruosa cabeza, contrahecho, perniquebrado), como trasto olvidado en un rincón, anidaba en mechinal ó tugurio, á mitad de la escalera, trente á ventanillo que transparente talco tiene aún por vidrio. De lo alto de la torre, engalanada, con banderas, faroles y gallardetes, ensordecía á la concurrencia bullicioso repiqueteo incesante.

Y si alguna curiosa lectora hiciera impaciente la pregunta del día: «¿Quiénes estaban?,» el cronista, padre del que ayer anotaba los nombres de las jóvenes devotas entrando á la retraite del colegio de la Santa Unión, pudo contestar:

Notamos en la concurrencia que salía del templo, pisando el fragante hinojo y romero esparcido en el pretil, entre la crujiente seda de vestidos de raso negro, á las bellas devotas: Agustina Rozas de Mansilla, Carmen Zavaleta de Saavedra, Florentina Ituarte de Costa, María Antonia Beláustegui de Cazón, Manuela Machado. Y las familias no menos religiosas, en aquel barrio, de Anchorena, Llavallol, Puyrredón, Pinero, Garrigós, Frías, Ocampo, Pineda, Riglos, Peña, Obligado, Tejedor, Sáenz, Rozas, Dorrego, Acevedo, Mansilla, Qiiintana, Huergo, Gómez, Martínez, Benguria, Urribelarrea, Dozal, Lezica, Fernández, EHa, Molina, del Pino, Echevarría, Gallardo, Marín, Molina, Aramburu, Lamarque, Alvear, Es-