Tradiciones argentinas · Unidad 239 de 252
Unidad 239 · DOCTOR P. OBLIGADO 371
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DOCTOR P. OBLIGADO 371
rodeaba al cacique, y manoteando hablaba á gritos muy ligero sin interrumpirse, señalando con su lanza hacia el lugar donde se hallaba la víctima. Como si descendiera un consuelo en su última plegaria, le pareció observar que, entre alaridos y protestas, el tumulto de la indiada se apaciguaba un poco. Cual si se detuvieran en su avance, los círculos parecían dilatarse, y después de mucha algazara imponiéndose el cacique, la orden de mando hizo bajar á su voz lanzas que se blandían en el aire.
Entonces, arrodilLíndose, en la suprema oración de una agonía que se prolongaba, vio desprenderse al indio amigo, volviendo á todo galope, sofrenar su potro y gritarle con expresión de contento:
— ¡Salvado hermano! ¡Levantando!
Ni un Demóstenes pampa más convincente en su peroración que el verboso orador de la tribu, abogando por salvar al cristiano que le había salvado.
El reverendo padre Jorge María Salvaire, de la Congregación de Misiones que reconoce como Patrono á San Vicente de Paúl, en sus primeras excursiones á los toldos, fué encargado por el ministro de la Guerra Dr. Alsina de parlamento de paz, y en vísperas de caer cautivo, diversos socorros había llevado. Poco antes, al salir del Azul, consiguió del Jefe de la Frontera perdonara á un joven cuatrero que estaba en capilla para ser fusilado. Casualidad ó milagro fué que llegara éste al toldo del cacique su padre, el día señalado para lancear á su salvador.
El padre Salvaire, desde entonces popularmente conocido por el «Padre Salvado,» no retardó mucho tiempo en empezar el cumplimiento de su promesa, y en vez de un monumento, levantó dos á la Virgen de su devoción. Concluido que hubo la voluminosa Historia de la Virgen de Lujan, que es otro esfuerzo monumental, paciente obra de benedictino, propagando su culto se fué hasta el otro mundo, recolectando limosnas por todas partes. De Roma regresó con la espléndida corona exornada de perlas y brillantes, que el mismo Santo Padre (León XIII) bendijo por sus propias manos; la que robada luego del camarín de la Virgen, no fué chico milagro su recuperación. A este ilustrado y meritísimo sacerdote ejemplar, cuya actividad ha elevado la más hermosa basílica nacional, no escasearon émulos, envidias, rivalidades, y cuando la prensa denunció el robo de los brillantes de la Virgen, tampoco faltó gacetillero local anunciando no tener que caminar muy lejos de la Basílica que nunca se acaba, para encontrarse las arracadas de la imagen en apetitosa china, ama de la Casa rectoral, cuyas orejitas color pasa las lucían en el último bautismal del rancho tras la iglesia. ¡Calumnia, calumnia!, que de la calumnia algo queda. Pero