Tradiciones de América · Unidad 32 de 54
Unidad 32 · 134 TRADICIONES DE AMÉRICA.
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
134 TRADICIONES DE AMÉRICA.
Habia soñado en el paraíso : buscaba en el mundo un alma de fuego ; un alma generosa como la suya.
Iba á cumplir diez y ocho años; y aunque tan bella, nadie habia llegado á su puerta.
Una tarde, al esconderse el sol en el horizonte , la vio un caballero llamado Angelo Doria : era descendiente de Andrea Doria y estaba proscripto de la patria.
Debajo las anchas alas de^ su sombrero le brillaban los ojos que van derechos al corazón revelando la energía de un espíritu valiente.
La doncella lo miró, y desde aquel momento sintió tristeza : ¡ tristeza que en las candidas vírgenes es amor en el alma ! . . .
Angelo dejó en Izua su memoria, como ciertas flores que envenenan el aire que las besa.
Dos dias después se sentó á la puerta de la tímida doncella, de la tímida doncella que oyó conmovida su voz, que era dulce.
El proscripto meditabundo le dijo con ternura :
— Izua, te amo.
Izua no pudo responder; ¡quién no compa-
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dece al que vive en el destierro ! Bajó candorosamente los ojos; se puso como el carmín, huyendo luego avergonzada.
Muchos dias duró el suspirar y la lucha ; por fin la niña respondió al corazón que la enamoraba.
Aquellas dos almas buenas se juraron amor eterno, ¡amor eterno!... martirio infinito de dudas, de lágrimas.
¡ Cómo sacude este dulce sentimiento las fibras delicadas donde el dolor latente se desarrolla, consume y agita la materia de la vida !
Angelo tenia virtud , valor , grande inteligencia ; pero era pobre; ; muy pobre !...
La madre de Izua tenia resuelto cambiar por oro la mano de su hija.
La empedernida anciana, entre las garras de la miseria, habia aprendido que solo en los bienes de la fortuna se encontraba la felicidad.
Angustias, hastío, desesperación ; con oro, eran palabras huecas ; realidades espantosas á la desnudez y el hambre.
Y por eso, en su desengaño, habia decidido
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que Izua no se casara sino con un hombre de dinero.
Habia olvidado o que es mas fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el reino de los cielos. »
Y que « si quieres ser perfecto , ancla y vende lo que tienes, y dalo á los pobres ¿ y tendrás un tesoro en el cielo... »
Sin embargo , la vieja ofrecía velas á los santos; no cerraba los ojos sin besar el escapulario ; oia misa ; se confesaba ; estaba siempre en la iglesia. Y con este sistema esperaba salvarse engañándose y creyendo engañar á los santos, como si los santos fueran bobos...
Pero en tratándose de su hija, fuera ó no desgraciada , era irrevocable su resolución ; casarla con un hombre rico ó encerrarla en un convento.
La doncella ignoraba este pensamiento, y un dia que la inquietud le apretaba el alma, llegó á su madre buscando amparo.
— Madre, le dijo, amo al Sr. Angelo, y el Sr. Angelo me ama.
— Hija, respondió la anciana, es necesario olvidar á ese desgraciado que vendría á aumentar nuestra miseria...
— Pobres, viviremos felices, dijo temerosamente la hija...
— Primero quiero verte muerta, respondió enfurecida la madre.