Tradiciones de América · Unidad 37 de 54
Unidad 37 · TRADICIONES DÉ AMÉRICA. 155
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
TRADICIONES DÉ AMÉRICA. 155
que cada dia ahondan y envenenan mas las desgracias.
Hay unos momentos tan supremos de cansancio y de dolor, unos momentos tan tormentosos, que se admira el alma de que haya paciencia...
; Qué misterio domina al espíritu valiente para no romper la delgada cadena que ata la vida, á la vida incrustable de la creación !
¡ Ay ! ese misterio enfrenaba la mano de Angelo Doria...
Tres años de martirios habían engendrado en su alma un tedio tan profundo como el pensamiento oscuro de la muerte.
Delante de Santa Clara vivia desconocido : apenas brillaron las llamas cuando se lanzó inquieto á la calle : corda buscando entrada en el convento, cuando tropezó con un cuerpo exánime apoyado en las tapias : Angelo reconoció á Izua privada de sentido...
El caballero la levantó en sus brazos : y aun estaba la calle desierta cuando la llevó á su casa sin ser visto de nadie.
vin
En la tierra no sucede lo que quiere el hombre, sino lo que tiene dispuesto la voluntad de Dios...
Cuando Izua abrió los ojos, á la cabecera de su cama estaba sentado Angelo Doria.
Izua le miró con asombro, alzó las manos suplicantes exclamando con religioso acento:
— ¡ Gracias, Dios mió. inefable y bondad infinita !... yo te adoro y te bendigo en tus altos juicios ; has oido mi voz... perdóname y ampárame... Angelo de mi vida, acabó diciendo, arrojándose entre los brazos del infeliz caballero.
TRADICIONES DE AMÉRICA. 157
Largo rato corrieron y se mezclaron sus lágrimas : los besos del alma tienen una elocuencia celestial : aquellas dos bocas que habían probado tantos años la hiél de la desgracia, estaban unidas apurando el infinito placer del amor santo, que solo es comparable á la grandeza de la luz, á la sublimidad de la noche cubierta de estrellas, y al estrago terrible de los huracanes.
Los pobres amantes , ignorados y escondidos en los espesos bosques que rodean el termino de Arequipa, vivieron tres años, como dos hermanos, como dos amigos, como dos ángeles de virtud y de inocencia.
Izua oraba : sobre el corazón tenia el escapulario de la orden : no habia abandonado su humilde hábito ; y en medio de la tristeza, la paz de Dios alentaba su alma; pero Angelo estaba siempre meditabundo : sus ojos miraban con dolor inexplicable...
Y su palidez, su amarga sonrisa, su concentracion tenebrosa, angustiaban á Izua... fé y esperanza eran para él palabras sin sentido...
Habia sufrido tres años queriendo arrancar á la tumba el ángel que creia encerrado en su os-