Tratado de la razón humana en estado de enfermedad · Unidad 105 de 129
Unidad 105 · LECCIÓN XXII.
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LECCIÓN XXII.
DiaüdelbrüdelSSS.
Estados fisiológicos capaces de alterar la razón en especial en la mnJer.—Embara' zo.— Casos práclicos.— Parto y lactancia.— Caso^ prácticos.— Enfermedades agudas y locura consecutiva de las mismas.— Enfermedades nerviosas. — Epilepsia. — Histérico.— Calalépsia.—Hipoí^ondrfa.— Corea.— Otras enfermedades.— Cretinismo — Albinismo. — Enfermedades crónicas. — Espeimatorrea. — Casos prácticos.—Pelagra.— CodcIusíod de luis lecciones sobre la locura.
Además de las bebidas alcohólicas y otras sustancias, entre ellas algunas venenosas, capaces de trastornar la razón de una manera sintomática y pasajera, hay ciertos estados fisiológicos, sobre todo de la mujer, de los cuales hemos hablado al tratar de las causas físicas de la locura, capaces de producir lo mismo; tales son , el embarazo, el parto y la lactancia. Vamos á decir cuatro palabraá sobr» cada uno de estos estados.
EMBARAZO.
Guando la locura sintomática es producida por el embarazo, suele dar lugar á cuestiones médico-legales suscitadas por los jueces, que dudan si la persona loca, solo por estar embarazada, haya perdido la razón. No se necesita mas que esta indicación para dará conocer la importancia que adquiere el estudio sobre esa locura. Importa conocer prácticamente, si, en efecto, una mujer puede perderla cabeza por su embarazo, porque conociendo hechos prácticos, siquiera no supiéramos darnos razón del por qué ha de trastornar el juicio de la mujer su preñez, tendriamos una base y la principal para afirmar la existencia de esa locura.
Se citan diferentes hechos de esa naturaleza; ya hemos referido, en una de las lecciones anteriores , el caso de Baudelocque de una embarazada que no pedia comer mas que lo que robaba. También pode«ios reproducir algunos que tenemos expuestos en nuestra
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obra de Medicina legal^ tomo I, al tratar precisamente de esta cuestioa relativa al embarazo.
El tribunal de Paris^ en 1818, absolvió á una mujer en cinta, la que confesó que habia robado por un vivísimo deseo de robar.
Alarcli cita el caso de una señora que no pudo resistir á la tentación de robar un pájaro.
Rodrigo de Castro cita el de una preñada, la que quería absolutamente comerse el nombro de un panadero, á quien habia visto desnudo.
Luis F¿ü55,.en sus comentarios sobre la ciudad de Dios de San Agustín, dice, que cierta mujer en cinta mordió el cuello de un joven, el que, paia no privarla de este gusto, convino en ello, suírientlo mucho por el mord.sco que le tiró.
Lanfjio trae otro caso mas notable: una embarazada do las corcanias de Colonia, deseando vivamente comerse la carne de su pobre marido, le asesinó; y después de haberse tragado una bueoa porción, para prolongar su placer feroz y satisfacer su diabólico capricho, saló lo restante y lo guardó.
Hablan también los autores de mujeres embarazadas que están locas mientras eslán en cinta, y vuelven á recobrar la razón en cuanto se ha verificado el parto, y de otras en las cuales sucede precisamente lo contrario.
Esquirol se pregunta, si el emoarazo puedo ser causa de la locura y la complica alguna vez. No hablo, dice este profesor, de los antojos de las mujeres embarazadas y de las perversiones morales observadas algunas voces en ellas. Los autores de Medicina legal refieren muchos ejemplos de esta naturaleza. Yo he visto una joven muy nerviosa que habia tenido por primera vez un acceso de manía desde la primera noche de boda, y que tuvo el segundo el primer dia de la concepción; lo mismo sacedlo en su segundo embarazo. Esos accesos no duraban mas que unos quince minutos. Eñ la Salitrería hemos también visto muchas mujeres volverse locas durante la preñez. Si esta causa debe ser colocada entre las causas físicas de la locura en algún caso, hay otros muchos en los que la perdióla de la razón es producida por causas morales. La vorgü3nza, el pes:ir, el miedo, son las verdaderas causas de la enfermedad.
Esquirol no dice mas que lo que acabo de exponer respecto del embarazo como causa de la locura.
Morel,ámas de repetir algunos hechos que hemos tomado de Esquirol, añade que Burrow ha observado algunos hechos análogos, y que algunas embarazadas no han parado hasta el suicidio (*).
El mismo autor cita un caso tomado de sus estudios clínicos relativo á una señora de diez y nueve años, que la primera noche de
(«) Morel, Tratado de las enfermedades mentales^ pág. 199.
= 502 = sus bodas cayó en un estado de exaltación seguido inmediatamente de otro de depresión considerable. Quince días después de la aparición de la locura se hallaba en una semi-estupidez, reia de una manera boba, descuidaba su pudor hasta el punto de volverse indiscretamente cariñosa.
El mismo autor refiere en una nota (ibidem), que en una memoria titulada De la mania de las paridas^ leida por él mismo en la Sociedad médico-práctica en 1842, citó el caso de una joven Jiistérica, á la cual se la habia aconsejado el matrimonio, y que en medio de la ceremonia nupcial se entregó á divagaciones las mas alarmantes. Diferentes embarazos que se fueron sucediendo so complicaron con la locura , y esa señora terminó por caer en la demencia.
Morel hace algunas reflexiones muy atinadas sobre la ligereza con que algunos médicos aconsejan á ciertas mujeres el matrimonio y el embarazo, creyendo que las nupcias modificarán el estada nervioso y singular do esas mujeres.
Creo que he dado á conocer bastante número de casos prácticos con los cuales se puede comprobar la existencia de la locura sintomática que nos ocupa. Bueno será ahora tratar de la misma cuestión de una manera teórica, que nos acabará de dar á comprender, cómo sucede tan comunmente que las mujeres embarazadas pierdan su juicio. Aquí no podemos menos de copiar una página preciosa de Morel sobre este asunto.
«Independientemente, dice este autor, de las predisposiciones hereditarias y de ciertas enfermedades nerviosas preexistentes que es necesario tener, en cuenta, es lo cierto que los cambios profundos que la concepción imprime en el sistema nervioso de muchas mujeres, las predispone á enfermedades que son propias de este período. Durante el embarazo, la eclampsia está en cierto modo preparada para el trabajo de cada dia, y el útero ó la matriz se hace el sitio do una irritación demasiado viva para no influir en todo el sistema nervioso. De aquí los vómitos, las convulsiones y las perversiones del gusto tan raras, que se llaman antojos de las embarazadas. Hacia el fin del embarazo, las presiones que resienten los gruesos troncos vasculares del bacinete, así como la aorta, producen tales cambios en la circulación y en la inervación, que las congestiones cerebrales y las convulsiones no tienen nada de sorprendente.
»Ya el aspecto exterior, dice el doctor WesU, revela suficientemente los cambios profundos que se operan en el organismo y que acompañan á la gestación. Así no es raro observar desde los primeros tiempo?, ojeras, mirada lánguida, alteración en las facciones,, palidez, falta de apetito, náuseas, vómitos y aberraciones de algunos sentidos especiales; al mismo tiempo se pueden observar extravagancias hasta entonces desconocidas en el carácter, en las afecciones y hasta en la inteligencia de las mujeres en cinta. Las unas-
se vuelven irascibles, serias, algunas veces melancólicas y buscan la Holedad. En otras la imaginación se exalta, se extravía en las regiones de un mundo desconocido, ó bien el juicio se falsea^ la voluntad se debilita, la memoria se altera hasta el punto de producir una verdadera incubación de la enfermedad meatal. Se las ve cambiar de un momento á otro los objetos de su predilección, ceder á antipatías singulares y entregarse á actos extraños, algunas veces criminados (*).»
En fin , la excesiva impresionabilidad del sistema nervioso en algunas mujeres embarazadas, así como también en al g4imas recien paridas, es un hecho bien probado, y no es raro encontrar en los órganos de los sentidos perversiones extrañas que indican una disposición enfermiza general. M. Velpeau refiere haber visto una señora de su clientela caer sin conocimiento y sufrir convulsiones por haber entrado en un cuarto en que habia habido llores de reseda.
Dice Morel que podria citar otros ejemplos mas extraordinarios todavía, entre ellos el de la influencia ejercida en las mujeres en cinta por el sexo de la criatura. Pero sin coatar con que algunos de ^tos hechos no están bien probados, pertenecen á la clase de esas anomalías extrañas del sistema nervioso que no se pueden hacer entrar en ninguna ley general, y que no son mas que la expresión de innumerables predisposiciones neuropáticas que se observan en ios individuos. Estas predisposiciones son tan variables corno la diversidad de temperamentos y de causas.
Debo, sin embargo, hacer obser-var, que la enajenación mental en las mujores en cinta debe ser examinada hajo un doble punto de vista. O bien la gestación es por sí misma la causa de la locura, ó bien la embarazada concibe durante el curso de la locura. Se concibe que el pronóstico debe ser diferente en cada caso: el asunto es demasiado importante para que le examine, sobre todo bajo el punto ájd vista lie las indicaciones terapéuticas que comprende.
Dice Morel, que en diez y ocho embarazadas, cuya preñez se complicaba con enajenación, doce hablan degenerado desde el estado de imbecilidad al de idiocia, de epilepsia; en tales circunstancia», .que el embarazo no era mas que un accidente que no podia tener ninguna influencia sobre la marcha de un e§tado mental incurable. La mayor parte de esas desdichadas, las unas parieron con la mas completa indiferencia; las otras, sin tener, por decirlo así, conciencia de su situación.
En otr;is diez y ocho, la locura que apareció durante el embarazo no fué un fenómeno aislado; estaba relacionado tanto con trasmita) Veill, amor de una buena 4lsertacioo titulada: Consideraciones generaleM sobre la fiebre puerperal, Slrasbourg, 1851 .
= 504 = sionea hereditarias de mala naturaleza, como con disposiciones neuropáticas anteriores ai estado de embarazo, y que constituian ya en osas enfermas situaciones mentales alarmantes. Habíanse notado en ellas tendencias á la melancolía, y siempre una grande irritabilidad de carácter y todos los atributos de un temperamento nervioso con propensiones á actos extraños y aislados; otras veces predominaba el elemento histérico. En tres casos, el embarazo habia sido aconsejado para curar una neurosis histórica, pero sin que^l resultado respondiese á las esperanzas concebidas. Algunas de ellas habian parido dos ó tres veces y noládpse después de cada parto una predisposición mayor á contraer una enfermedad mental.
Esto se compreniie fácilmente, y la observación va á demostrarnos en un instante que la enajenación es tanto mas inminente, cuanto mas hayan estado las mujeres gastadas por partos anteriores.
Por último , en otras locuras que ha tenido el autor ocasión de ver en mujeres embarazadas, pudo convencerse de que, cuando el trastorno de facultades era el resultado do la perturbación demasiado grande, causada por el embarazo en las funciones flsiológicas, el parto pudo producir una crisis favorable y la razón recobrar su plenitud. Pero cada vez que existían complicaciones en las causas, las cosas no marchaban con tanta facilidad, y la curación se hizo esperar durante mucho tiempo.
El doctor Mareé, citado por Morel, en una memoria titu-adaZ)<J la influencia del embarazo y del parto sobre la enajenación mental (Anales méMco-psicológicos , t. XXÍ, pág. 317) dice, que en diez casos el embarazo y el parto no tuvieron ninguna influencia favorable en la curación de la enajenación mental, y que mas bien le pareció que aceleraron la marcha de la enfermedad hacia la demencia.
En otros dos casos, el embarazo produjo una cura pasajera que desapareció con el parto. Por último, en otros cuatro casos, al embarazo ha seguido una mejoría que ha persistido y que ha terminado al cabo de mas ó menos tiempo en una completa curación.
Hay que notar que eáas curaciones se han verificado en el estado de melancolía simple, en mujeres que habian abortado y contraído una pena profunda por haber perdido el niño. Existen también en otras mujeres, como la hace notar Mareé, violentos deseos eróticos antes de estar embarazadas, y es probable que, contenidos los deseos venéreos, la preñez no ha sido mas que un paliativo de su situación. Pero las conclusiones mas importantes son las que deduce el autor citado por Morel, de la comparación de un gran número de hechos, conclusiones que los médicos debian siempre tener presentes cuando son consultados acerca de la influencia favorable que el em- ' barazo pueáe ejercer sobre las mujeres enajenadas. Hé aquí esas conclusiones :
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aNo sena nunca bastante alzarse contra la práctica de los médicos que aconsejan ó permiten el embarazo á mujeres enajenadas, porque resulta de la observación de los hechos, que en la mayor parte do los casos, el embarazo y el parto, lejos de ejercer una influencia favorable sobre la enajenación mental, parecen al contrario acelerar la marcha de la enfermedad hacia la demencia; si en ciertos casos excepcionales (dos por seis) el embarazo ha detenido la marcha de la enfermedad, esta modificación ha sido pasajera, y la locura ha reaparecido después del parto.
En algunos casos poco numerosos (cuatro por diez y seis) y notables sobre todo por el predominio de manifestaciones eróticas, el embarazo ha influido de una manera feliz sobre la curación.
Guando la locura se desarrolla durante el embarazo, resulta incurable muy á menudo, aun después del parto, ó se cura mucho tiempo después, tle modo que no puede atribuirse á este último una influencia real y positiva sobre el término de la afección ncrTiosa.
Algunas veces, sin embargo, el parto se lleva consigo la enfermedad, y entonces es cuando puede considerársele como simpático.
Pasemos ahora al parto y la lactancia.