Tratado fisiológico y psicológico de la formación del lenguaje · Capítulo real 7 de 14

CAPITULO VI

Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 3 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.

CAPITULO VI

Del alfabeto en general como prueba d^ la misma proposición anterior. Elalfabeto, eterno en su origen, divino en su espresion, infinito en su estension,es el mismo Hijo de Dios, quien manifestándose al Estático de Pátmos se dio á conocer por solas dos letras alfa y aniega principio y fin; compen liando en estas dos cifras todo el albafeto griego en que fué escrita la Eetelaaott ó Apocalipsis de

S. Juan. En efecto la letra a es la primera en casi todos los alfabetos conocidos: en el etiópico sin embargo es la décima tercera, y la décima en el rúnico; mas la palabra aí/a fué tomada de laalef del alfabeto hebreo con la característica de apelativo 6 [determinativo ha que en hebreo, caldeo, árabe, persa y vascuence significa ely la^ Zo: y la palabra omega, que es ó larga, significa la última letra del alfabeto de que usan los griegos y que en su origen es el jayin de los hebreos compuesto de au como explicaremos mas adelante ; y de estas se valió Jesu-Cristo, Verbo eterno, principio y fin de todas las cosas para darnos á entender que Él es el alfabeto origínalo egemplar en el cual y por el cual el Padre eterno lee como en un compendio todo lo infinito de su saber; pues en este alfabeto está toda verdad, como dice el sabio ; JEs un vapor de la virtud de Dios ; es una sincera emanación de la claridad del Omnipotente^ y como tal no lleva mancha alguna, porque es candor de luz eterna y espejo sin mancilla de la divina magestad ¿imagen de su hondad. cap. 7. Con los caracteres de este alfabeto está escrito por dentro y fuera aquel libro que vio San Juan, sellado con siete sigilos y que nadie pudo abrir sino el cordero que fué crucificado. De donde se colige que la palabra es eterna como el mismo Dios, la cual fué manifestada i á los hombres cuando en la plenitud de los tiempos, vestida con el ropage de nuestra mortalidad, fué enviada al mundo para que fuese conocida. Siendo pues el Verbo eterno figura é imagen de la substancia divina, y la palabra que el Padre eterno engendra de si mismo, claro está que existe un alfabeto eterno en el cual nadie sabe ni puede leer sino se le revelase; mas porque las cosas invisibles de Dios pueden ser comprendidas de algún modo por la creatura racional por medio de las cosas criadas, como dice el Apóstol; de aqui decimos que todo el teatro de la creación no es otra cosa que un alfabeto universal para que el hombre en tantos geroglíficos lea

como estampados los caracteres de la divina sabiduría que está cifrada en ellos; pues, como dice el real profeta: Los cielos narran la gloria de Dios y él firmamento anuncia las obras de sus manos , . . no hay lenguas^ ni discursos en los cuales no sean oídas sus voces ; el sonido de ellas salió por toda la tierra y sus palabras alcanzaron los confines del orbe terráqueo. Por esto dijo San Agustín; Todas estas cosas son como ciertas palabras visibles. Y de aqui creemos haya tenido origen la escritura geroglífica, 'fundada sóbrela imitación de la naturaleza, la cual nacida con el hombre es tan antigua como el mundo.

Grande error ha sido el de algunos filósofos, que creyeron que la escritura geroglífica argilia mucha ignorancia en nuestros antepasados ; porque el hombre cuanto mas sabio, mas se complace en contemplar que en los largos discursos y en la prolija palabrería. ¿Quien no conoce la fuerza del laconismo y del epifonema? Los Santos Padres que supieron leer esta escritura nos han dicho, que la naturaleza es un libro lleno de sabiduría divina; que la mole inmensa de este mundo es como un libro grabado con caracteres; y los mismos gentiles usaron de este lenguage. Periandro, uno de los siete sabios de la Grecia, cortando las espigas sobresalientes enseñó la igualdad entre los hombres, y Tarquinio, queriendo destruir á los Gabinios, no hizo mas que sacudir unas cuantas dormideras para indicar su esterminio.

Convienen, pues, los divinos oráculos, los Santos Padres y los sabios en que todo género de criaturas son voces, caracteres, símbolos, palabras ú oraciones que notifican las cosas mas secretas y ooultas de la divina sabiduría; porque si Dios habló cuando crió todas las cosas, según la espresion de la Sagrada Escritura, como se lee en el Génesis: Dijo Dios: haya lus;y hubo luz; se hace patente que las criaturas son palabras : la mano que las escribe es el Verbo eterno: la pluma es la divina sabiduría: el libro es el mundo: la tinta es la mate-

ría prima, como dicen los filósofos: los caracteres sou las formas y cualidades específicas: la unión délas letras es el orden de las cosas: el punto j coma es la distinción de ellas: el punto final es el mismo Dios que todo lo crio para si; y toda la creación esplica la grandeza de la divina majestad. En este libro íi todos se permite ieer., sauios é i^tiurantes; hombres y mujeres; de dia .y de noche; de continuo ó con inícrrnpcion ; ligero ó despacio, como mas agradare: aquí el maestro es la naLuraleza: y el entendimiento es la luz para ver á todas li(jras y con todasiitisraccion las grandes maravillas de la divina sabiduría.

Sin euibargíj, el homlire constituido en sociedad desde la creaclou, y esparcido Ijor todo el universo, después de caido de aquel puesto elevado, cu qnele colocara la diestra del Ümnipoíente, tino que valerse djcl arte tauto para auxilio de su, flaqueza, como i-ara transmitir ú los ausentes y á la hJs(oi-¡a sus pnipios conceptos y los principales acoi.lecimicni:usdcla época de su ¡lei-egriiiacion. De aqni el origen y necesidad de la escritura silábica la cual, sc{;uü muchos y mny graves auiuixs, se cree ha.va existido antes del dilinjo universal; entre los cuales se numera S. AgnsLin, el cual dice: No 2^"'^oi¡ws net/ar qiuEenoh de la séptima generación de Adoin, haya escrito oJgimas cosas dicinas. Es también opinión de Orígenes, Teriuliano, Ireneo, Justino Mártir, Cipriano, Clemente Alejandrino, Atcnágora, Lactancio, Sulpicio Severo, Proclo, PscHo, Juan Amio con San Epifauio, el cual afirma que Seth., hijo tercero de Adam, escribió siete libros. Mas después del diluvio es mu3^ probable que Noc haya escrito libros, como refiere Beroso; y San Clemente Romano c(m Casiami conviene en que Ham, hijo de Noé, haya dejado escritos algunos libros; y Beroso dice, que el año cuarto de Niño, Quiscon Tuiscon Gigas enseñó letras y leyes á los Germanos ó Alemanes, Samithes á los Sellas y Túbal á los Celtiberos. Posteriormente se dice que

en las ruinaá de la torre de Babel, que existen hasta el dia de hoy, se han hallado varias inscripciones, que deben "j ser sin duda obra de sus fabricadores.

No nos interesa saber cual haya sido el alfabeto primiiivo; para nosetros todos los alfabetos son iguales: solo notamos que no obstante la estremada diversidad de lenguas y de escrituras la mayor y«arie de los alTabetos ofrecen en su númeio. nombre, orden, figui.'a ó forma de caracteres ciertas semejanzas que JMslilican uQ origen común. Los Egipcios, los (jaldeos y los Fenicios se dispntaion el honor de haber inventado la escritura alfabéiJca, lo cual da á entender que desde ab antiguo todas esas naciones ya sabían escribir, y la opinión mas coninn es que este honor perícnezca álos Fenicios, cuyo alMieto ofrece p(jr otra parte grandes analogías con los de los Caldeos, Hebreos, Siríacos, Árabes, Armenios y Persas.

Acerca úz la escritura hebraica, dice el Dr. D. Benedicto Blancuccio cb su gramática pag. 4.=^ «La figura de las lenas antiguas es diversa de las cuadradas. Como ai>arece de las monedas antiguas acuñadas en los tiempos de Moisés y de los sidos santos y profanos de aquel tiempo, como igualmente de los impresos por Salomf)n, leídos, consideradiisy csplicados con toda diligencia ptir iiosotrtis: ]"s que se conservan en Venccia y Roma en poder del R. D. Lelio Pascualiuo conónigo de la Basílica de Sania Mana la mayor, ya de piala, ya de bronce: mas en parlicular cousía de R. Azaria traducido por nosotros del hebreo al laün. Además se dice que fuese tandiieu diversa la forma de i escribir antes del pasage del rio, como \ se i>nede ver en la tabla en la cuarta j línea. » Y en seguida opina que tampo- i Cu estos serian los caracteres primitivos * inventados por Adam, Chem y sus sucesores ; y por último conviene con San Gerónimo citando el cai>itulo cuarto del Sanhedrin, que Yezrah vohiendo de la cautividad de Babilonia bailó otros cai-*c-

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teres, de loe cuales se hacia uso en tiempo del santo padre, para que los divinos oráculos no pereciesen enteramente. De manera qué lu que podemos asegurar en esta materia es que aquellos caracteres que inventó Adam y que enseño á Seth su hijo y á su posteridad ó cesaron, ó perecieron ó fueron cambiados por otros con el andar del tiempo y no hay documento alguno que pueda servir de norte para conocerlos en tanta variedad.

Cadrao Fenicio es quien debió introducir en Grecia el alfabeto y el arte de escribir, si se da crédito al poeta Luciano. Los griegos colonizando la Italia introdujeron las letras en Etrurla ó Toscana de donde las recibieron los romanos con alguna variación en la forma característica. tiOs romanos las esparcieron después por toda la Europa. Este alfabeto greco- fenicio no'tenia en su principio mas de diez v seis letras: A,B, Cr, D, E, I, Z, i, M, N, O, P, B, S, T,U; Palamédcs en el sitio de Troya inventó las TH, X, PH, KH: y por último Simonidcs añadió Z, H, PS^ Ó, mega cinco siglos después. El alfabeto grecoitaliano, introducido desde la Grecia por Evandro arcadlano, tuvo igualmente diez y seis letras, como aparece de, las inscvipciones etrurianas: A, B, (7, Z), E, F, I, L, 31, iV, O, P, ií, -S', T, ü: mas después se le añadieron las (r, jff, K, Q, X, Y, Z. Claudio quiso introducir otros tres signos en el alfabeto ; pero esta inovacion pereció con su reinado ; y la diferencia que se nota entre la 1 y la J"; la ü y la V, no pasa del siglo XVI. El Devauagari, que es el dialecto mas perfecto del sánscrito, tiene cincuenta caracteres dispuestos por orden íxlosófico, como dicen algunos, después de su analogía natural; pero habiéndolo examinado, nada hallamos de particular. El rúnico está repartido en el Norte de Europa, del cual no quedan sino pocos vestigios en ciertas inscripciones antiguas. Este aumento de letras en los alfabetos lejos de probar su antigüedad j perfección manifiestan su modernía

provenida no de la necesidad del alfabeto sino de la opinión de algunos filósoíbs que han creído que la lengua deba tener tantos signos cuantas . son las voces ó elementos de ellas en sus complicaciones: y asi dicen que la mayor parte de los alfabetos carece de caracteres necesarios; mas nosotros los hallamos aun demosiados, porque no admitimos mas de diez signos en cualquier idioma, y todo lo que sea demás no podrá ser sino complicación, reduplicación, o sostituclon de un signo por otro, como se probará mas adelante. Llevados de aquella opinión Wilkins Dnlgarn,Acdwick ingleses, y Leibnilz en Alemania, Debrosses y Volnéy en Francia han tentado formar un alfabeto completo y común a todas las lengnas sin resultado alguno, porque esto es lo mismo qne prescribir leyes á los músicos y á los poetas; y el Sabio ú'ice: Non ímpedias músicam; dejadlos hablar como les da la gana; pnes se haría ridículo el que afectara cecear en América.

Alfabeto liefireo.

n ií; 1 p tí h y

§eiis duplicadas.

Estas seis tienen igual valor y significación ideológica y sirven también para la numeración menos «■» que se pronuncia 8 a diferencia ^ de cJi francesa ó CHIN, esto es, Q francesa ó ^edilla.

V 1 ? a 1

Hablando con mas particularidad del alfabeto hebreo, cuya antigüedad no se puede desconocer, digo con San Gerónimo: que las letras del alfabeto hebreo, como igualmente las del siríaco, caldeo y samaritano son veinte y dos ; sin diS'

tinguir por ahora las sagradas de las profanas, porque hablamos tan solamente del número y no de la calidad de caracteres, y prescindiendo también de los puntos ó mociones que no son mas que un suplemento inventado precisamente para fijar la genuina pronunciación y valor fónico ideológico stricte smijpto de las palabras.

Mociones ó puntos liebreos

JLarg'as ó agudas

Nombre

Figura

Valor

Qaméz

Zere

Hireq-gadól

Wau-holem

Chureq

• >

Breves ú obtusas

Patáh

Sadgól

Hireq-qatón

Hatef-qaméz

Qibbúz

Existen varias opiniones sobre el orígen de dichas letras, como ya hemos insinuado; pues unos quieren que los Fenicios hayan sido los primeros inventores de la escritura silábica ; pero otros con mucha mas probabilidad pretenden probar que hayan sido inventadas por el primer hombre Adam, tanto para la lectura y el número, cnanto para la memoria. En efecto no es creíble que Adam, adornado de la ciencia infusa, fuese tan escaso que no haya sabido hacer diez signos para contar hasta diez y redoblarlos para decir diez y uno

hasta veinte, como consta haberse practicado en la antigüedad; y que estos mismos signos sirviesen á su vez para el lenguaje, como se usan hasta el dia de hoy, y cuya idea se hizo casi universal. Es muy probable que antes de la confusión de Babel la pronunciación de las letras alfabéticas, que no pasarían de diez en la lengua hebrea, sería la verdadera, simple é inalterada, como que manaba mas de cerca de la fuente del lenguaje primitivo; pero en el dia se ha alterado de tal manera que los mismos hebreos de distintos pai-ages apenas se entienden entre sí; lo cual no debe causar admii-acion si se atiende á que acontece lo mismo con los demás idiomas, v. gr: del awr hebreo de donde viene el aurum latino y el verbo uro que significa fuego, luz, resplandor ó cosa resplandeciente en fi-ancés, castellano é italiano se pronuncia or, oro, orearse, y de la radical harar verbo sordo ó cóncavo viene oros el monte de donde se tomó el nombre de orografía ó descripción de las montañas, cuyas dos radicales son puramente hebj-eas pero no las mismas ; y asi de otros muchos nombres y verbos que se toman con diversa asignación de objetos, cuya causa se esplicará cuando se trate de la significación de las letras.

Como la pronunciación de las letras alfabéticas en los idiomas ha sido diferente según el genio de cada época y nación ; fué preciso también que se hicieran alfabetos diversos ó signos particulares para espresar dicha pronunciación, y además puntos gramaticales ó acentos prosodíacos, retóricos y músicos para indicar el tiempo ó la existencia de ciertas letras suprimidas ó diptonguizadas, como acontece con mucha frecuencia en hebreo, las aspiraciones griegas y el acento circumflejo del francés y latin, como igualmente el de la ñ castellana que equivale á we, ni, íúi, que son una misma cosa ; de las que se tratará en su propio lugar.

Aqui pudiéramos estendemos por todas las naciones pai^a Ter sus varliis

fovmaí de alftibetos y hacer un cotejo completo de todos ellos para poner como bajo un solo punto de vista la identidad de las letras, como lo hicieron ya varios hombres versados en esta materia; pero esto amas de ser inolestísimo, seria también inútil después de los esfuerzos hechos por tantos enciclopedistas ; y asi nos contentaremos con hacer el análisis de los alfabetos mas distinguidos como son el chino, el egipcio ó cófito, el etiópico, el samaritano, el caldeo, el griego y el latino del cual usamos nosotros.

Desde luego se hace manifiesto que la escritura china es una invención puramente humana y parto de un talento místico, si se considera que ella no es otra cosa en substancia que un Diccionario taquigráfico para auxilio de la memoria de su propio idioma compendiado bajo los símbolos de sus signos. Para cuya inteligencia conviene saber que la lengua china es toda monosilábica, y que cuando se hallan grupos de dos ó tres sílabas en esta lengua, no son ellas sino el conjunto de dos ó tres simples significaciones, y para indicar objetos diferentes con un mismo vocablo, como sucede en todas las lenguas, se le ha asignado diferente entonación en su modo de pronunciarlo, por cuyo motivo se han aumentado también los signos que hacen ""esta distinta pronunciación. Estos signos ó caracteres en la lengua de los sabios, ó diré mejor, en el primer Diccionario de esta lengua suben al crecido número de cuarenta mil entre simples y compuestos ; mas después de un prolijo estudio se ha llegado á poderlos reducir á cierto número de claves tales , que en la lengua no se encuentra palabra escrita que no conste de alguna de ellas y que no pasan de doscientas catorce, las que pueden considerarse como elementos primitivos de la lengua ó escritura china, como se pueden ver en la Enciclopedia de Mellado del 51. V. Escritura.

Este alfabeto simbólico-fonético no excede en número al francés con el cual

se pueden escrioir y marcar todas las cuarenta mil letras simbólicas ó palabras del Diccionario chino, como se puede ver en el lugar citado y que omitimos por brevedad.

La escritura egipcia se encuentra en los templos, sepulcros y demás monumentos del antiguo Egipto constituyendo inscripciones, unas veces en carácter egipcio y geroglífico puro ó ideográfico, y otras geroglífico fonético. Los geroglíficos puros mas notables se refieren, por lo general, como entre los chinos, á la determinación específica de objetos correspondientes' á un mismo género ; pero la mayoría inmensa de geroglíficos tiene un valor y empleo fonético, habiendo un variado número de signos afecto ala representación de cada letra; asi es, que constando este alfabete solo de diez y seis letras ó á la sumo de veinte y cinco, como quieren algunos peritos, el número de signosempleados en diferentes monumentos para espresarlos asciende á doscientos sesenta, según Champollion el joven ; y según Salvolini á trescientos tres: lo cual es indicio de que aquellos signos fueron acuñados por el capricho de los escritores ó recibidos de varios puntos inmediatos y adoptados por ellos como cosa ya conocida: pues que el alfabeto fonético general de los signos, que siempre y en todos los monumentos conservan un valor fónico y silábico propiamente dicho, dejando á un lado todos aquellos que solo ocasionalmente y como por capricho cumplen con igual objeto no pasa de diez y nueve letras que son : A, E, 7, O, ü, B, K, T, E, L, Jf, N, P, S, CH, T, PH, F, H. Y aquí hay que hacer una observación muy importante, según Lepsias, y es que los signos que representan las letras (e-i) {o-u) (r-l) (j>h-f) son relativamente los mismos ; de donde se colige que los signos alfabéticos egipcios no pasan de quince, y que reduciendo la ey A á la¿;la F, P, B, á la Z7;la o al diptongo au; la. F ó ph á la p ; la cJi á la Je, nos^ queda completo el alfabeto de Adam, que se

compone solamente de las diez letras fudamentales, á saber, tres Tócales simples y siete consonauícs rtavas que sun A, J, U, K, i, J/, N; iCs, T.

Entt-e los japoneses se introdujo el alfabeto llamado Kata-Kona, el phirakano, y el manyo-kaiía: SLi íiúmcro simplificado no pasa del anterior, aunque los signos sean cnarcnla y siele por las vocales que llevan consigo. La escritura geroglífica egíncia, reformada, simpliflcada, degenerada como la china y taquigraücamente abreviada en los libros sacerdotales dio lugar á un segundo elemento ó caráclcr de letra egipcia denominada bierálica 6 scicerdolal; y por último se baila nna tercera escriinra, usada comunmente en las relaciones mercantiles y comunes de los particulares llamada demóíica ó popular: estas dos últimas son casi del lodo alfabéticas y varias de sus formas recuerdan de una manera sorprendente los caracteres de los idiomas semíiicos primiüvos y en particular los del persa; relación muy digna de notarse pues escriben ambas de derecha h izquierda, al paso que los geroglíficos suelen variar; y en lo general la posición de ciertas figuras indica la dirección seguida. Los que llevan este alfabeto á veinte y cinco signos, los hacen equivalentes á otras lautas letras hebreas ó griegas. h las veinte y una del hierálico, y a las quince ó diez y seis del demoiico. Esta correspondencia y también la de varios otros alfabetos que no insertamos aqui por brevedad, puede verse por estenso en las colecciones de alfabetos publicadas en las Enciclopedias y en particular aquella de WaUíorn en Leip.5Ík cuarta edición de 1850. En ella se hallan colocados en correspondencia con los mencionados, el alfabeto fenicio de veinte y dos letras, el mal llamado hebraico de diez y nueve signos, el arameo de otros tantos, el numídico de quince, el griego primitivo de veinte y cinco, el itálico de veinte y cuatro, el palmirénico de veinte y dos, y el cúfico de veinte y cinco.

Diodoro y Heliodoro entre los autores antiguos hablan de cierta escrihira geroglífica semejante á la egipcia y con pretensiuncs de original usada antiguamente en la Etiopia; pero el no haber quedado casi vestigio, nos hace creer fuese una imilacion de la primera: y mas posteriormente se ha conocido en Etiopia una escritura, cuyos signos monosilábicos, aunque algunos los hacen subir hasía el número de ciento ochenta y dos, realmente no son sino veinte y ocho, ciertamente tomados de la misma fuente y por la misma razón que los del árabe actual de los sabios ó corduico, combinando todos y cada uno de estos con las vocales, que materialmente enlazadas á los signos consonantes no hacen mas que modificarlos. Esta escritura es mas moderna, como es fácil comprenderlo; pues aunque desculare la influencia oriental directa por sus veinte y ocho leíras arábigas y la separación de las vocales que no modifican alas letras; no obslante es posterior ala gi icga reformada por su número de siete vocales y su escritura de izquierda á derecha, y parece mas bien nna imperfección del alfabeto ambárico que en Eiiopia ha remplazado aquella en los usos civiles y vulgares: y asi concluyo (|ue todos los alfabetos arriba mencionados coinciden en una misma cosa por la parte que tienen de monosilábicos unos y de egipcio ó chino los otros ; mas después demostraremos que ningún alfabeto del mundo ha tenido, ni puede tener mas de diez letras fundamentales únicas precisas para espresar por ellas toda la filosofiadel universo compendiada en el lenguage.

No se sabe que en parte alguna de la América haya existido alfabeto fonético cutre tantas naciones que la habitaron desde muchos siglos; lo cual seria para nosotros de grande estorvo sino supiéramos las lenguas de ellas, y por consi" guíente las letras ó signos necesarios para poderlas escribir: escribimos en América y pam los americanos, cuyas lenguas hemos aprendido j examina-

do detenidamente, y asi podemos asegurar que el alí'abcto árabe ó persa puede muy bien ser empleado en las dos lenguas hermanas khéchua y aymaríi, como el griego para la lengua huaraní que ocupan casi toda la América del Sud. Las lenguas que se hablan en toda la América del Sud pueden reducirse h quince las que, ya puras, ya mezcladas entre si, dan materia de conversación á mas de trescientas naciones de indíge- .nas, como se puede ver en la historia del P. Machoni.

Como el hombre que anda de noche en medio de oscuras tinieblas por tierra desconocida piensa que á cada paso se le ofrece un obstáculo á su camino, y ya le parece rer espectros terribles, ya fieras encarnizadas, ya cuadrillas de salteadores que le azechan y ya cree haber puesto el pié sobre el borde del precipicio que se despeña a lo mas profunde del abismo ; asi sucede con el que no tiene conocimiento de las lenguas que se dicen vulgarmente bárbaras porque generalmente son desconocidas; pero nosotros que hemos vuelto el cabo de Hornos y cruzado las cordilleras de los Andes penetrando hasta la espesura de las mas espinosas montañas y conversado en su propio idioma con los indígenas del Collao y del Chaco, podemos asegurar que no son menos filosóficas, dulces y espresivas las lenguas huaraní, khéchua y aymará con las demás sus derivadas, de lo que puedan serlo la vascongada, árabe, caldea y hebrea, que son las primeras del mundo ; y cuyos alfabetos no se diferenciarían en un punto si aquellas los tuvieran ; mas ya que no los han tenido, pasaremos á hablar de los alfabetos hebreo, árabe y persa sobre aquella parte que * tienen de común, reservándonos hablar en particular del alfabeto hebreo que ponemos como modelo de todos los demás. En el alfabeto de la lengua árabe y persa se hallan tres signos ó letras que se llaman enfermas, estas son a, i^tt: y se llaman enfermas porque no suenan como vocales, sino como acentos ó aspiracio-

nes, que tanto vale como decir que son consonantes ó diptongus al modo de los signos hebreos a i u que son las tres vocales fundamentales de toda lengua^ según el triángulo oral de Orchell. Mas la alef árabe a so llama también hamm palabra hebrea que significa refuerzo, robiü\ que toma tal nombre de una señal que la acompaña y que muchas veces suple por ella: dicha señal es propia solamente de esta letra, y se compone de tres maneras, á saber, una ■* echada y muy pequeña con un patah ó fcítaha, como dicen los árabes, por enma - y entonces, si se coloca en la punta de alef, suena á larga há ó doble aa una consonaute y otra vocal ; mas si se pone dicho signo -^ con patah por debajo -^ y se coloca bajo de alef, suena é larga hé ; por último si se pone dicha señal con un van, igualmente pequeño y casi imperceptible ^ echado ó derecho ho por encima de la alef entonces suena ó, hó. La prÍQiera de estas tres figuras corresponde á qamez — hebreo; la segunda á zere •• que es el diptongo francés ai; la tercera á vau-hólem 5 que es el diptongo francés au; la primera es a con fátaha ó doble aa ; la segunda es a con kesra ó ai diptongo ; la tercera es a con damma ó atí diptongo francés ; y asi fátaha, kesra y damma son simples a, i, u. La letra alef suele también pintarse con una especie de acento circumflejo griego como se pinta sobre la ñ castellana y tiene valor de acento largo como si fueran dos ati ; mas cuando no tiene ninguna de estas señales la a en principio y medio de palabra tiene valor de simple acento tónico, ó mejor diremos, de simple aspiración y en fin de palabra vale siempre a breve. Estos signos corresponden á los hebreos llamados puntos masoréticos o mociones, como queda dicho, porque sin ellas las letras no suenan con sonido de vocal alguna, sino como simples consonantes. Sobre la a suelen también poner una especie de apostrofe como usamos en italiano por la parte inversa para poder elidir allí

guiia Tocal, la cual se llama Uaussel ó Wassél que significa a5'-untainiento, unión ; y se divide en verbal, nominal y articular, cuyo oficio es indicar que aquella a inicial sobre que se pone dicho signo queda absorbida por la letra final de la palabra antecedente v. gr : Mamlo elbahri, arena del mar; se pronuncia rmnlo 'Ibahri, cuya diferencia no nos importa saber para llenar nuestro objeto: solo advierto que esta última señal es el acento circumflejo griego tanto en su figura, cuanto en su valor, de donde vino la ñ castellana ; pues en vez de escribir nía, nie^ nio^ 6 como los Portugueses, nha, nhe^ nlio; por medio del Wassel árabe han escrito «a, ííe, ño; lo cual se puede comprobar con muchos ejemplos tomados del latin, italiano y francés que prueban contra Astarloa que la letra ñ no es csclusive vascongada, sino al contrario posterior al griego y árabe de donde la tomaron, pues lleva la misma é idéntica figura

Hacemos estas menudas observaciones del alfabeto árabe y persa, porque ellas nos servirán de esclarecimiento para el análisis del alfabeto hebreo ; pues que las lenguas caldea, árabe y persa, hijas todas de la hebrea, han heredado todo el dote de su madre, y en ellas se ha de buscar lo que aquella ha perdido. Decimos, pues, que la alef árabe es una verdadera a radical como la hebrea, y cuando después de la radical viene una a de las movibles ó mociones, aquella hamza equivale á doble aa, la primera radical, consonante ó diptongada, y la segunda vocalizada ha; y en éste sentido equivale al qamez hebreo á; cuando después de la a radical viene una i movible, lo cual se indica por el hamza puesto debajo de alef con el signo patáh por debajo de la '^ que está echada, entonces se úv forma el diptongo latin ae ó francés a/\ ■ como usaban los latinos antiguos y griegos, y que pronunciaban como e; y en tal caso la primera a queda consonante ó vocal en diptongo que no se hace

sentir, y equivale á he^ que es el saegól hebreo compuesto de ai; mas cuando después de a radical viene una í(, entonces la hamza toma el vau sobre la ^ que está echada, é indica un diptongo francés, au que se pronuncia 7?o; y equivale al Vau-holem hebreo ó como en francés éliapeau. El maddo, que se pone sobre la a siempre que' concurren dos aa seguidas, es una pura abreviatura en el modo de escribir, pues indica que la a debe ser doble, y por con- . siguiente larga y un poco gutural como sucede con el hebreo aaman afirmó, creyó ; y no tiene nada de particular.

Después de estos, el árabe tiene otros, tres signos simples, que son fátalia^ que es el mismo 2)atali hebreo, el que puesto sobre cualquier letra del alfabeto la hace sonar con sonido de a v. gr; V s' y' h' m' n' t' lee la, sa, ra, ka, ma, na, ta ; y no tiene m.as diferencia del patáh hebreo, que la de ponerse por encima de la consonante, cuando el patáh se pone por debajo en hebreo y vale una a simple y estrecha tirante á la pronunciación inglesa v. gr : hahe lee hébi: ]cesraes el segundo signo que corresponde al liireq hebreo con sonido de e simple tirando á í; cuya pronunciación y hasta la palabra tienen los ingleses en hCf hem, the, tliem, que son pronombres hebreos: damma -es el tercero, que significa apretamiento y vale una o simple, apretada y estrecha que tira á la « toscana, como que es la misma ti simple, que en hebreo se llama chtreq. De manera que estos tres últimos son precisamente signos de vocales simples por naturaleza o, ¿, u: y los tres ó cuatro primeros, si se cuenta el maddo^ son verdaderos diptongos o vocales compuestas aa, ai, au: y por consiguiente largas por naturaleza por que se componen de un doble elemento, como se verá tratando de las mociones hebreas.

El deseo de abreviar cuanto sea posible la escritura ha hecho que se aumentasen mas los signos de la misma: y asi después de las vocales menciona-

8:i

das se hallan otras tres figuras en las cuales se cifran las dos arriba indicadas, esto es, largas y breves, como lo demuestra su figura y lo espresa su nombre. Haraza y fíitaha es la primera, á saber, hd-a: Hamza y kesra es la segunda y vale hé-e: Hamza y Damma es la tercera., y vale hó-o; esta señal regularmente so piuta sobre laalef; mas también se pinta algunas veces sobre jod y van que se pronuncia como queda dicho. El verdadero valor de dichas señales son para hamza y fátaha juntas aa-a: para hamza y kesra juntas a¿-e: para hainza y damma reunidas eu un signo aii-o: pero la primera a, como queda dicho, es. algo gutural como el acento suave de los griegos. Por último se hallan otros tres signos para indicar que las tres vocales «, a¿, atí, llevan nun al fin íim, m, on ; y se llaman tanuin élfátalia ó nunaciones de la vocal patáh;- tanuin éllcesraii ü nunaciones del kesra: tanuin eddámmati 6 nunaciones del damma y sirven particularmante para indicar las casos de la declinación; pues an sirve para acusativo; v. gr: Bábban^ dominum; en para genitivo y dativo v. gr: Rabhen^ domini, ó domino: on para nominativo V. gr: Bábhon dominus; cuya razón la , daremos cuando se trate del nvn paragógico y epentético déla lengua hebrea; y solo advertimos aqui que los latinos al recibir muchas palabras de los hebreos, árabes ypersas que llevan esta aw, en, o?i la omiten en nominativo v. gr: sermó sermoiiis por sermón^ sermonis, como se dice 3n castellanOj'lo cual arguye que la lengua . latina es posterior á la árabe, y hebrea de donde procede con la mezcla de slavo ó griego y teutón.

Como el maddo duplica la a ; asi el scédde ó tescdid duplica todas las demás consonantes y equivale al dáguech hebreo que tiene igual oficio cuando es fuerte^ como dicen los gramáticos : su figura es tomada del scin hebreo, que es la misma sin diferencia alguna, como se puede ver en el alfabeto hebreo

antiguo post trdnsiium ; lo cual nos hace creer que todas estas señales en la escritura sean muy modernas en compa- ■ ración al alfabeto primitivo. Lo mismo decimos del socun 6 giasmo^ cuyas cuatro figuras, que no son mas que una sola en diferente posición ó forma, tomadas también del hebreo indican su modernía. Socun significa descanso ó quiete y giaznio tronchamiento ; equivale al ceiva de los hebreos, y su oficio es el de indicar que la letra sobre la que se pinta está privada de vocal, y asi no se pronuncia sino como una simple consonante, como el cewa de los hebx-eos, v. gr: en vez de Nassaráto giazmando el resc se pronuncia Nassarto ; pero el mayor giazmo que yo hallo en la Sagrada Escritura ó Biblia hebrea y que algunos no saben que cosa sea, es aquella o pequeña que se encuentra sobre la B de Brescit, la cual por cti-a parte lleva también cewa por debajo para indicar que á aquella B le falta alguna vocal ; pues que es el hay ó ly de los ingleses ín; y asi tronchado dice B'rescit. Y este socuu ó giazmo tomado de la puntuación hebraica es el verdadero círculo inasorético, no el que Torjó Antonio M. García. Blando en su tercera parte del Análisis filosófico de la lengua y escritura hebraica pag. 82. sino aquel que se halla en los códices hebreos y del que los masorctas ü tradicionistas se han valido simpre que hicieron alguna observación tradicional sobre el testo hebreo sagrado, poniendo encima de la palabra que comantaban un círculo pequeño (o); el cual servia de indicación á la nota marginal en que consignaban su doctrina : y esto con tal tenacidad y estudiado aferramiento, que jamás se encontrarán ni una sola vez, ni en un solo pasage, indicadas las acotaciones y citas masoréticas con ningún otro signo o llamada . ¿ Que mérito, pues, que carácter especial y previlegiado, que símbolo, que emblema vieron reflejar en el círculo, para preferirlo absuluta y constantemente á todo otro signo en sus acó-

taciones y citas? Es porque en el socan o giazmo vieron aquella suspensión que llamamos paréntesis^ ó aquel tronchamiento de discurso que llamamos nota y cuj^o signo no puede ser mejor representado que por medio del círculo que encierra dentro de si todas las demás proporciones geométricas y pone como una valla ó barrera entre los de adentro y fuera; pues que al abarcar á unos escluye a los otros, y es la misma que usamos el dia de hoy sin ningún misterio, como ya lo hemos dicho: hele aqui ().

Algunos gramáticos y filólogos son de parecer que estos trece signos con otros cuatro mas, de que hablaremos en su lugar, fuera de las veinte y ocho letras alfabéticas, hayan sido introducidos en la escritura árabe á mediados del siglo VIL cuando los Árabes reconocieron el ]¿orán como su propio código de leyes divinas y civiles y empezaron á dilatarse con las conquistas por las varias partes del Oriente y Occidente fundados sobre el dicho de Scech Jáhia antiguo y famoso comentador del korán, el cual dejo escrito que, antes de parecer el Islamismo, la lengua árabe mas pura se hablaba en las tribus de Kís, de Tamim, de Asad, de Hozáil y de Thai; que después de dicho tiempo Maaz-Elharrái, fue el primero que se aplicó á ordenar el sarfo^ esto es, la recta pronunciación de las palabras en cuanto á las vocales internas ; y que Aáli-ben-abu-Táleb se aplicó á ordenar el nalio , esto es, aquella parte de ¡a lengua que respecta á la final do las palabras, según la diversidad de sus relaciones ; que Aaii consignó su trabajo á Abú-Alasáuad para que le perfeccionase, y de aqui la palabra no/io tuvo su origen: que Abu-Alasáuad, después de perfeccionar dicho trabajo, se aplicó á >disponer la parte que mira al adjetivo, la conjunción é interjección con el auxilio de sus discípulos ; entre los cuales Sabáuye descolló mas que todos, pues compiló toda la obra que comentó Essirafi en seguida, y que vino á llamar-

se el Imán del naho por antonomasia. Pero, k decir la verdad, la escritura y mocioites árabes datan una fecha muy anterior á la dicha ; pues estos no hicieron mas que sistemar las reglas existentes en cuanto á la g>-amktica, y en cuanto á la escritura no hicieron mas que aplicarlas al Korán que antes no las tenia; no fueron pues ellos los inventores de las mociones de la escritura árabe, cu3'a circunstancia no hubiera callado Scech Jáhia al decir Aali á Abú- Alasáuad: ónho, esto es, perfecciónalo; pues que para perfeccionar un libro no se necesita ser inventor de las letras ni de los puntos de ellas ; masantes se suponen.

Por conclusión de esta materia diremos algo del alfabeto siríaco, hebreo y árabe en cuanto sirven para la numeración. Ya 56 sabe que las veinte y dos letras siríacas y hebreas no alcanzan sino hasta el número 400 y que para su complemento hasta 1000 se ha hecho uso de las cinco prolungadas puestas arriba, asi como se usó de las dilatadas para llenar el renglón y que no ponemos aqui por no hacer á nuestro proposito. Estas diez últimas letras no tienen otro oficio, ni otro destino que suplir la numeración y los espacios finales respectivamente; y por consiguiente son muy antiguas; pues quede ellas ya usó YezTcih en la Biblia que mandó escribir y copiar en el gran Concilio de Jerusalem; ni tampoco fué él su inventor, como pensaron Pico la Mirándula y Reuchlin ; porque dichas letras á mas de no tener oficio en la escritura que las termine á alguna particularidad, no podrán tampoco llenar las exigencias del caso^ como es fácil conocer. A imitación pues de estas, los . Árabes subieron el número de sus letras á veinte y ocho para llegar á mil : y sobre este sistema están dispuestos casi todos los alfabetos orientales en cuanto á la numeración, como también el griego y ciriliano, dejando solo alguna letra sin aquel valor i)Or no tener su pronunciación. Los latinos se apartaron de este

sistema liaciendo uso tan solamente de doce letras combinadas de varios modos como se puede ver en la i'uimeracion romana; sin embargo se nota cierta afinidad en el 1. qne es la alcf árabe, en la h que vale dos: las demás parecen iniciales de otras palabras que se perderían con el tiempo, como la v. cinco; pues se ha de notar que los Árabes y Pei'sas usan de la figura v con dos puntos para la q que vale ciento q3ntum 6 cuentmn^ el contó de los Portugueses.

Fuera de las letras alfabéticas, los Árabes usan, como los Persas y Turcos, otra numeración decimal que no représenla letra alguna, pero que ha sido tomada de las letras, como se ve claramente desde uno hasta nueve, y de la cual ha pasado á nosotros la numeración llamada árabe, á diferencia de la romana, que fué adoptada por todos los occidentales y también por los Griegos y Armenos ; y se llama árabe por la semejanza de las figuras mudada la o en t para el número cinco, el vau árabe paraseis; el zain hebreo para siete ; la h para ocho, ssad para nueve, el cero ó cinco árabe para diez, del cual también usa el árabe; pero reducido á un punto cerrado lúreq-qaton que es el hebreo y vale también diez como el jod á quien suple. Estos dos alfabetos introducidos por los Árabes en nuestras tierras fueron primero hallados en la India y de allá pasaron á los Persas y de estos á los Árabes según grabes autores. Lo cierto es que los Indostanes, Tibetanes, Grandones- Malabares y los Birmanes tienen números parecidos, aunque difeferentes de sus alfabetos. Todas las lenguas marcan sus números por este estilo, excepto la Etiopia, que conserva la unidad de figura hasta ciento; de 100 hasta 10,000 usa de figura doble ; de 10,000 hasta 100,000 de figura triple ; y el millón con cuatro figuras &.