Tratado teórico-práctico de frenopatología · Unidad 163 de 422

Unidad 163 · 818 CIVILIZACIÓN.

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818 CIVILIZACIÓN.

material^ influye de uo modo pernicioso en la población, resolviéndose en causa de alienación mental? ^Es verdad que:^ ¿ medida que la civilización avanza^ son mas numerosas las éa-i fermedades mentales? ¿E&, por consiguiente, cierto que los pne^ blos que viven mas apartados del movimiento progrresivo de laa ciencias j de las artes, son los que tienen mayores garantías de preservación contra las enfermedades . mentales? ^ Gonfesamoa que un estudio superficial de los hechos, conduce á responder ooa unadolorosa afirmación ¿ estas preguntas ; mas, desde ei mo^ mentó en que, con ánimo desprevenido, se examina la cuefiti^ desde un riguroso punto de vista científico, se llega á demoatcaT: que, no solamente el progreso moral, político y material. no agrava las predisposiciones k las enfermedades mentales , siM que , en el desarrollo de la civilización bien entendida oncuieur tra la humanidad el mejor de los preservativos contra las :ea^ail^ de la alienación mental.

En favor de la influencia perniciosa de la civilización, se hm aducido las siguientes pruebas:

1/ Que á medida que la cultura avanza entre los pueblios. europeos , se acrecienta el número de alienados: asi, al paso q^e en Francia, en 1836 , ha.bia 1 enajenado por 3,024 habitun^es, en 1851 contábanse 1 por 1,676.

2/ Que en los pueblos incultos de África y Asia, apenas es conocida la locura; así que Desgenettes, en el hospital daljGaicQ, no encontró mas que 12 orates ; Moreau vio un corto número .4et alienados en las diversas regiones de Oriente que recorrió y ni^ uno solo en la Nubia; Aubert, en toda la Abisinia, solo encoi^t]»¿ dos idiotas, y Williams, que residió, doce años en China, afirma que en el Celeste Imperio es muy rara la locura.

3/ Que las poblaciones que mas apartadas están de las grandes ciudad^, ofrecen un contingente mucho menor de enajenados que los^rrandes centros urbanos; asi que, según Guislaiip^ mientras que en Gante hay 1 loco por cada 302 moradores, en Jfi población rural de esta provincia, solo se cuenta 1 por cada 1^47^^ y según Benaudin , en la ciudad de Nancy, hay 1 loco por o^da 500 habitantes , mientras que en el departamento del Mearte solo se halla 1 por cada 1,468-

Estas conclusiones adolecen del gran defecto de vaguedad é indeterminación que es propio de todos los principios que no tienen mas fundamentos que la estadística. Confundir la verd,f« dera civilización, que fomenta el desarrollo de todas las virtud^, modera los impulsos de las pasiones y enseña á usar hjgiánica-^

onriLiZACiON. dl9

Hiente de las cosas de la vida, con la cr&pula y el libertinaje que» preeisamente por falta de civilización higiénica ^ se ceban en la población de las ¿rrandes ciudades; considerar como hijos de la eiidlizBCiony la embriaguez, el juego y loa lupanares, cuando precíBainente el yerdadero progreso está representado por las soeiedadw de templanza, por las c^jas de ahorros, por la laboriosidad jnódacti va y por la honestidad de las costumbres; tales es desde un primer punto de vista, el escollo en que han tropezado lod^que, haciéndose eco de una opinión vulgar, aparentemente legitimada por los hechos, han sostenido que la locura y el pro^ gfCfio social están en proporción directa.

¿Qué diremos de las estadísticas como medio de que se ha echado mano para dilucidar la cuestión que aquí ventilamos? Guando se ha contado el número de locos de una nación en dos ó mtir épocas distintas, á fin de establecer la diferencia proporcional, se ha olvidado que, si el número de asilos aumenta de diá en dia, y si es cada vez mas numerosa la población de estos, se debe á que la civilizadora idea de fundar manicomios y de conducir á estos á los alienados, arraiga mas y mas en la opinión péíblica, en beneficio de los enfermos de esta ciase; lo cual, en otros términos significa que, como á proporción que los pueblos adelantan en cultura, sienten mas intensamente la necesidad de oHlar y aislar á los orates, resulta que estos se ponen mas de manMesto á medida que la civilización cunde, y por consiguiente, que ni el incremento de la población de los manicomios, ni la multiplicación de estos j significa aumento real de número de alienados, sino qae estas cifras traducen simplemente el eredente desarrollo de una de las instituciones que mas enaltecen la civilización moderna. Si el recurso mas ^caz contra las en* feñbedades mentales, es el aislamiento manicómico, claro está qtÉe nuestra civilización, que tiende á crearlos y á albergar en tíSoB á los locos, es el mejor antídoto contra la ena^nacion men^ ttií, ya que, por otra parte, es el mejor de los preservativos contra ésta enfermedad.

^lié valen, por otro lado, las aserciones fundadas eu la apre* ciaéion superficial de la frecuencia de la locura en los pueblos Domadas y eñ' aquellos, como la China, cuya civilización se mantiene siempre én un mismo nivel? Aquí hasta se ha debido prescindir de datos estadísticos, pues no los poseen estas nacióraiy ^ fodo el apoyo de la opinión que combatimos consiste en eligéMo de algunos viajeros, que, á buen seguro no ^nprendieron^ ^«bajos especiales para averiguar científicamente los he-

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ehos. De que Desg^nettes no eocoatrase mas que catoroe Ictoñ en el hospital del Cairo, ¿se podría inferir que no habla mas alier nados en Egipto? :♦

Ideas religiosas, — La exaltación del sentimiento idigioso. Ueg» frecuentemente & adquirir grados frenopáticos. Ajou. i^k nuestros días el delirio místico es el mas común en. las enfemí^ dades mentales. El influjo de las guerras de religión, de las predicaciones y de todo género de actos públicos de carácter Ir^ligioso^ no puede ponerse en duda, pues si no se manifiesta |K)r aumento numérico de enajenados , se traduce por el fondp ó índole del delirio. Todas las religiones pueden obrar en el. mismo sentido: el indio, exaltado por su fanatismo místico, se embadurna el cuerpo de excrementos de vaca y se hace quemar vivo; los sacerdotes de Gíbeles no cesaban de danzar ante su ídolo; las sibilas y las pitonisas eran presa de delirios convulsivos; el misticismo católico de la Edad media produjo número extraordinario de casos de demonolatría y demonofobia, etc.

Se ha preguntado, cuál de las dos ramas del cristianismo, el catolicismo ó el protestantismo, ejerce acción mas poderosa como predisponente á la enajenación mental. Hoy dia no hay dettos bastante positivos para decidirse. Por mas que se haya di<^haqae ' el catolicismo, por el hecho de fundar el dogma en la fe, y no ení' la razón, es menos ocasionado á hacer enfermar la mente que el protestantismo, que admite el libre examen en materias religiosas^ creemos, con Mareé, que lo único que resulta demostrado es que, asi como los delirios místicos de los católicos son de ca« rácter melancólico y consisten en el temor del infierno por malas confesiones, por falta de penitencia, de oracioxies, ele., los de los protestantes tienen por objeto las controversias religiosas, las interpretaciones de la Biblia, etc.

Acontecimientos politicos. — ^Bl vulgo cree que los trastorttos políticos ejerce uy^a influencia muy decidida en el aumento 4e la población de los manicomios. La estadística no confirma opi-* nion tan generalizada.

Por mas que sea de observación que, á consecuen<;ia de las perturbaciones políticas, las enfermedades mentales pre^entai^ un delirio concerniente á las ideas reinantes ó que son objeto de controversia entre los partidos, no se puede inferir de esto ^ue^ la política influya sensiblemente en el acrecentamiento numérico de los alienados. Diríase que las revoluciones, las agitaciones sociales, los cambios de gobierno, etc., dan el color de la locum; " pero no la causan. Si, en una población, en tiempos nOTmale^^

CaÜSJ^ PRBDía?0RBNTBS INXttVlBlTilLBS, HBSBÍICIA. 821

haMü, por ejemplo, den locos cada año, al siguiente á un trastemo púbimoy se encontrará, coa corta diferencia, el mismo nú^ mero de alienados, pero entre estos muchos cuyo delirio hará rrfdfmcia ár ios acontecimientos políticos ntias recientes. Bn conirmaeión de lo dicho, tenemos las siguientes estadísticas sacaámñe los establecimientos de Francia; desde 1847 á 1854?

»' ••'

» I

Ajenados.

Í947 19,023

1848 ;. 19,570

1849.... 20.231

-1850 20,061

Afios. Alienadoe.

18&1 21,353

1852.. 22,495

1853 23,795

1854 24,524

i . El pequeño aumento que se observa de uno á otro año en esta estadística, corresponde al incremento gradual de ],a población ^J'rancia.

Ccmsas predisponentes individuales, — Entre estas debemos estudiar: la Aerenda, la edad^ el sexo, el cliMa, el esUuio dvil, la ff0fesi4m y l9k educacum.

. Sfrenda. — Yapas son las aptitudes morbosas trasmisibles poil? .herencia^ pero en ninguna el influjo hereditario es tan coi9«n como en la ensijenacion mental. Sin aducir pruebas estadistijcas qiie tiendan á probar el traspaso hereditario de las vesaniaar-^pnes este punto ya no admite discusion—y tratando tan solOidB degar consignadas las diferentes condiciones bajo las cua« lea^ puede manifestar, diremos:

ili¿ Que la herencia puede proceder del padre, de la madre, ó de ^Qtrambos progenitores á la vez.

. 2¿" Que en el ca^o de provenir la predisposición de uno solo de los cónyuges, es mucho mas frecuente el traspaso de la herencia frenepátíea de la madre que la del padre.

V Que la predisposición frenopática de laj^role es mucho ma^or si reconoce origen á la vez paterno y mmemo que si solo procede de uno de los progenitores.

^i* .Que, aun cuando es mas segura la trasmisión de la herencia ii^opática cuando la prole ha sido engendrada durante ó dos>aes de haber padecido los padres alguna enfermedad ment^ no son raros los casos en que el sello morboso se encuentra CB líyos nacidos mucho antes de que los padres estuviesen alienados; por lo cual tampoco es raro observar que estos enloquezca^d^ues que sus hijos, ^*\:.^^ uoa larga experiencia ha demostrado que la herencia