Un verdadero hombre de bien · Unidad 19 de 27

Unidad 19 · ESCENA XV.

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ESCENA XV.

(Al irse á marchar don Miguel Laredo, le dalione don Tiburcio.)

DON TIDUnClO. DON MIGUEL LAREDO.

(Todo lo comprendo yo.)

Una palabra.

¿A mí'^

Pues :

¿con que se casa?

Asi es.

Es que yo digo que no.

¡ Ah ! ; usted? * (Con burlona sonrisa

A risa mueve...

Aunque al oirlo se ría ,

no se casará á íé Uiia ;

que hay obstáculo, y no leve.

(Sería acaso. ..^ ¿Que ha dicho?

¿ hay un obstáculo grave?

; Y tanto ! Mas si lo sabe ,

¿á qué pregunta? Es capricho. ¡Digo; pretende forzar su voluntad...)

Lareilo. (¡ Oh ! Si él fuera,

y nrrcpt'iUido... jjiidicra mis |)laiK's (Icsharalar.) Y dice usted... Tihuvílü. Lo (juo d¡;ío :

que os en vano el nioleslarsc, por que ella no ha de rasarse , y á conseguiílo me ohligo. Laredo. ¿Qué interés... Tiburcio. No es de su cuenta.

Larcdi). ¿ Sabe usted (jue liahla... Tiburcio. Lo sé.

¿ Con un niinisiro' ; Y hien , qué? ;\n miiiislro uie amedrenta? Cuando ¡a iüjusticia siento, y defiendo !a razón, no teme mi corazón <á \u) ministro , ni aun á ciento. Ijircdo. rrej^nnlo á usted... Tiburrio. Y respondo

soy capaz, pese á mi estrella, (le casarme yo con ella. Lnrcdo. ¡Usted!...

Tibnrri'i. Y punto redondo.

[Marchándose hacia el salón , y dejando á Laredo asoniliradu.)

FL\ mil ACTO SEGUNDO.

iiMBiiiiíi ■■ vmkwmmímwmt\m\t4^ \\\w^/\ — '^<:^^

'^^^^.

(^cfo tcrccnn

¿><//rt clrgonlcmcntc awuchluda en la casa de la marquesa. Puerta al fuvdo y laterales que conducen d tin gabinete y d las habitaciones interiores.

ESCENA PRIMERA.

voy TIBÜRCIO. DOMINGO.

Domingo, (iraciiis r» Dios, amo mió,

que se onciienlra Ijiiciio y sano:

estuvo en cama oclio (lias...

no tome otra vez un pasmo

como la noche de marras. Tihurcio. Fue una atrocidad quitarnos

las levitas; y la noche

era tan fria... ¡qué diablos!

Y ademas haher salido

del salón tan soíocado ;

¡ que halda de suceder!

pero si he de haldarte claro

d(i la enlViinedad suíVida

te di^^o que me lie alegrado. Domingo. ^; Es posible''' Tihurcio. ' Como lo oyes.

Mi piima, ese an^ííd huniano ,

ya couqireníles, la marquesa,

ni un instante se ha apartado

' >4* **- ^>^ \^ r X xe t^^^.k^

ílfi mi cabecera^ Ihmtimjo. Es cierto.

¿Qué iikmIíco vale liiiitoy Tibiircio. Dices Itieii: tierii;» y amable iiic prodigí» mil ciiidadus, delicadas atenciones ; conlioso que me ha hechizado su conducta. Ihminijü. ¡Y su genial

es tan bueno! Y lo mas raro es que siempre triste, trata con buen modo á los criados , y no hay un solo infeliz que no se acoja á su amparo sin (pie le socorra al punto. Tiburcio. ¡0"¿ corazón tan hidalgo! IVo creía que en la corle j)udiera haber encontrado un alma coiuo la suya , y me voy desengañando de (pie pueden existir en Madrid como en el can)po personas de sentimientos muy generosos y honrados. Kn cuanto á mi prima, es mona, y tengo mi ahna en mi armario, y pudiera suceder que me enamorase ; al cal)o ¡ ella es tan guapa ! y por cierto yo no soy de cal y cauto. Thiningo. Cuando yo á usted le decia... Tiburcio. Pues creo que has acertado. Pero ahoi'a ([ue me acuerdo... ayer recibí un desi)aclio , (') como se llame... en cd resulta soy diputado por Asturias ; en segundas elecciones me nombraron sin saber yo nada , y pienso renunciar: ¡si yo no valgo para ser representante del país!

Domingo. ¡ Ay ! ¡nii nnio ! (luáiitos valen ummios , y ((ulirian rso piii'slo sin cmluir^'o. Se me olvidaba decirle que lia venido don Fernando á saber de sn salud.

Tihurcio. \ Mi padrino ! ¡buen nnirliacho! Aína á Isabel, y esa bo<la de realizarla me encar^'o. Pero entra aíjni un eabailero: déjame solo.

Domingo. Me mai'cbo.

¡ ()b ! de esta liecba don Tib á Asturias vuelve casado.