Una excursión a los indios ranqueles · Capítulo real 4 de 4
EPILOGO
Texto completo de esta unidad literaria, reunido aunque el lector la divida en 3 tramos técnicos para mejorar el rendimiento.
EPILOGO
"¿No nos ordenan la religión y la humanidad "aliviar á los pacientes? ¿No son herman. 'Mos hombres? ¿No deben compartirse los bien "los males que deben á su autor común? ¿Ea lícito "mostrarse inexorable y sin piedad con alguno de "sus semejantes?"
(Comte.)
"El destino de la naturaleza organizada es la "perfectibilidad y ¿quién puede asignarle límites? "Al hombre le toca dominar el caos, desparramar en "todas partes, durante la vida, las simientes de "la ciencia y de la poesía, á fin de que los climas, "los cereales, los animales y los hombres.se suavicen "y para que los gérmenes del amor y del bien se "multipliquen."
(Emerson.)
El sol no comlebzaba aún a disipar el cristalino rocío, que una noche serena había depositado sobre la agreste alfombra de la Paniipa, y ya galopábamos aprovechando la fresca de una lindísima mañana de abril.
Era necesario hacerlo así para no pasar otra noche en el camino.
Yo no tenía que contemplar tanto las cabalgaduras, como los que habían seguido por el camino del Cuero.
El itinerario del Bagual está sembrado de hermosas lagunas de agua dulce y permanente; en sus bañados vastísimos, hay siembre excelente piasto1 y en las profundas sinuosi- r dades de un terreno quebrado y monstruoso, sombra y leña.
Dichas lagunas saliendo de Agustinillo hasta llegar frente a la Villa de Mercedes, sobre el Río 5o, son: Overamanca, el Chañar, Lomcomatro, la Seña; aquí se abren dos caminos uno para el 3, de Febrero y otro para las Totoritas, las Acollaradas, el Corralito, el Maciiomuerto, Santiago Pozo, la Hallada, el Tala, el Bajohomdo, el Guanaco, Sallape, Pozo de los avestruces y Pozo escondido. * v Todas ellas presentan más o míenos la misma fisonomía.
Aquellos campos desiertos e inhabitados, tienen un porvenir grandioso, y con la solemne majestad de su silencio, piden brazos y trabajo,
i Cuándo brillará para ellas esa aurora color de rosa 1
¡ Cuándo ! . . .
-¡ Ay ! cuando los Ranqueles hayan sido exterminados o red ácidos, cristianizados y civilizados.
¿ Y cuántos son los Ranqueles, de cuya vida, usos y costumbres he procurado dar una ligera idea en el transcurso de las páginas antecedentes?
De ocho a diez mil almas, inclusive unos seiscientos u ochocientos cautivos cristianos de ambos sexos, niños, adultos, jóvenes y viejos.
¿En qué me fundo para decirlo?
En ciertas observaciones oculares, en datos que he recogido y en un cálculo estadístico muy sencillo.
Las tres tribus de Mariano Rosas, de B<aigorrita y de Ramón, que constituyen la gran familia ranquelina, cuentan los tres cacique principales susodichos, dos caciques menores, Epumer y Yanquetruz y sesenta capitanejos, cuyos nombres son :
Caniupán, Melideo, Relmo, Mangbain, Chuwailau, Caiunao, Ignal, Tripailao, Millalaf, Quintunao, Nillacaóe, Peñaloza, Ancañao, Milanao, Pancho1, Carrmamón, Cristo, Naupai, Antengher, Nagüel, Lefín, Quentreú, Jacinto, Tuquinao, Tropa. Waehulco, Tapaio, Caiomuta, Quinchao*, Epuequé, Yanque, Antelelu, Licán, Millaqueo, Painé, Mariqueo, Caiupán, José, Manqué, Manuel, Achauentrú, Güeral, IsMí, Malatu, Lebín Guinal, Chañilao, Estanislao, Wiliner, Palfuleo, Cainecal, Coronel, Cuiqueo, Frangol, Yancaqueo, Yancaó, Gabriel, Buta y ÍL^ulo.
Cada uno de estos capitanejos acaudilla diez, quince, veinte, veinticinco y hasta treinta indios de pelea.
Por indio de pelea se entiende, el varón sano y robusto, de diez y seis hasta cincuenta años.
Tomando por término medio, que cada caudillo, cacique, o capitanejo pueda poner en armas veinte indios, resultarían mil trescientos.
Efectivamente esta cifra está en concordancia con lo que parece fuera de duda, a saber: que Mariano Rosas y Ramón tienen cerca de seiscientos indios de pelea y Baigorrita un poco más.
Esas ocho o diez mil almas ocupan una zona de tierra aproximadamente de dos mil leguas cuadradas, entre los 63' y 66' de latitud Sud ; y los 35' y 37' de longitud Este, cuyos límites naturales pueden determinarse así:
yvi Norte la laguna del Cuero ; al Sud, la punta del Río Salado ; al Oeste, este imásmo río, y al Este, la Pampia.
En ese vasto perímetro se hallan diseminados unos cuatrocientos o seiscientos toldos.
Cada toldo constituye una familia, que no baia. nunca Hp
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diez ipesonas, y no hay toldo en el que do so encuentre un cautivo o cautiva grande o chico.
Según este dato resultaría una población do cuatro a sois mil almas;.
Pero nótese que el cálculo se basa en e] mínimun de Personas que forma la familia.
De consiguiente, suponiendo que el punto de partida de cuatrocientos o seiscientos toldos fuese exagerado, siempre resultaría una población más o menos de cuatro a seis mil aln des-de que la cifra de diez personas por familia, es reducida.
Todos los toldos que yo lie visito tenían de veinte personas arriba.
Ahora, siendo un principio estadístico, que cada diez mil almas suministran sin esfuerzo, ¡mil útiles para el servicio de las armas, resulta que la cifra de mil trecientos indios de p'4- lea es una hipótecis racional para determinar la población de los Ranqueles.
Sea de esto lo que fuere, la triste realidad es, que los indios están ahí amenazando constantemente la propiedad, el hogiar y la vida de los cristianos.
•Y que han hecho éstos, qué han hecho los Gobiernos, qué ha hecho la civilización en bien de una raza desheredada, que roba, mata y destruye, forzada a ello por la dura ley de la necesidad ?
Á Qué ha hecho?
Oigamos discurrir a los bárbaros.
Conversando un día con Mariano Rosas yo hablé así :
— Hermano, los cristianos han hecho hasta ahora lo qu'é han podido, y harán en adelante cuanto ipuedan, por los indios.
Su contestación fué con visible expresión de ironía :
— Hermano, cuando los cristianos han podido nos han muerto; y si mañana pueden matarnos a todos, nos matarán.
Nos han enseñado a usar ponchos finos, a tomar ¡mate, a fumar, a comer azúcar, a beber- vino, a usar bota fuerte. Pero no nos han enseñado ni a trabajar, ni nos han hecho conocer a su Dios. Y entonces, hermano, ¿qué servicios les debemos?
Yo habría deseado que Sócrates hubiese estado dentro de mí en aquel momento a ver qué contestaba con toda su sabiduría.
Por mi parte, hice acto de conciencia y callé. . .
Hasta entonces había cumplido con mi deber, en mi humilde esfera, según lo entendía,
Pero mi conducta personal ni podía ni debía ser un argumento contra las humillantes objeciones del bárbaro.
No ÍUC cansaré de repetirlo;
No hay ¡p'efor mal que la civilización sin clemencia.
Es el gran reproche que un historiador famoso le ha di rígido a su propio país, censurando su política en la India co mo conquistador
Los Ranqueles derivan de los Araucanos, con los que mantienen relaciones de (parentesco y amistad.
Tienen la frente algo estrecha, los juanetes salientes, la nariz corta y achatada, la boca grande, los labios gruesos, los ojos sensiblemente deprimidos en el ángulo externo, los cabellos abundantes y cerdosos, la barba y el bigote ralos, los órganos del oído y de la vista más desarrollados quíe los núes tros, la tez cobriza, a veces blancoamarillenta, la talla mediana, las espaldas anchas, los miembros fornidos.
Pero estos caracteres físicos van desapareciendo a medida que se cruzan con nuestra raza, ganando en estatura, en elegancia de formas, en blancura y hasta en sagacidad y actividad.
En una palabra, los Ranqueles son una raza sólida, sana, bien constituida, sin esa per sisteme i a semítica, que aleja a otras nazas de toda tendencia a cruzarse y mezclarse, como lo prueba su predilección por nuestras mujeres, en las que hallan más belleza que en las indias, observación que (podría inducir a tener, que el sentimiento estético es universal.
Conversando con un indio, cambiamos estas palabras:
— ¿ Qué te gusta más, una china o una cristiana?
— Una cristiana, pues.
— ¿Y por qué?
—Ese cristiana, más blanco, más alto, más pelo fino, ese cristiana más lindo
La conquista pacífica de los Ranqueles, cuya fisonomía física y moral conocemos ya, para absorberlos y refundirlos, por decirlo así, en el molde criollo, ¿ sería un bien o un tnaU
En el día parece ser un punto fuera de disputa, que la Cisión de las razas mejora las condiciones de la humanidad.
Cuando nuestros primeros padres los españoles llegaron a América, i qué mujeres traían?
El Gobierno de la Metrópoli hizo con sus colonias lo que los Gobiernos de Francia e Inglaterra hicieron con las suyas?
¿Mandó a ellas cargamentos de prostitutas?
¿No tuvieron los conquistadores que casarse con mujeres
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indígenas, entroncando recién entre sí, pasada la prime
generación?
¿V entonces, .si es así, todos los americanos tenemos sangre de indio en las venas, por qué ese grito constanlte <1<1 exterminio contra los bárbaros?
Los hechos que se lian observado sobre fia constitución física y las facultades intelectuales y morales de ciertas razas, son demasiado aislados para sacar de ellos consecuencias generales, cuando se trata de condenar poblaciones culeras a la MUERTE o
la BARBARIE.
¿Quién puede decir cuál es el punto dónde se ha de detener una raza por efecto de su propia naturaleza?
¿Cuál es el orden de verdades al alcance de ciertas razas vedadas piara otras .'
¿ Cuál es la clase de operaciones practicables para los órganos de tal pueblo, que no conseguirá jamás practicar otro ?
¿ Cuáles son las virtudes propias de tal o cual organización?
/La frenología ha pronunciado acaso su última palabra?
¿Entre las razas reputadas más perfectibles, no se hallan naciones tan bárbaras, tan esclavas y viciosas como en las demás?
Nos horrorizamos de que entre los Ranqueles se vendan las mujeres, y de que nos traigan terribles malones para cautivar jr apropiarse las nuestras.
¿ Y entre los hebreos, en tiempo de los Patriarcas, el esposo no le pagaba al padre el mohar o precio de la hija?
¿Y entre los árabes la viuda no constituía parte de la herencia! o de los bienes que dejaba el difunto?
¿Y en Roma, no existía el coemptio, es decir, la compra y el usus, o. sea la posesión de la mujer?
¿Y en Germania, como lo muestra la ley Sajona), no existían el mundhim, y costumbres análogas?
Y los visigodos, no tenían las arras, especie de precio nupcial, que reemplazaba la compra pura y simple, recordando la vieja usanza?
I Y los Francos, no pagaban el valor de las esposas a los padres que éstos dividían con aquéllas?
Si hay algo imposible de determinar, es el grado de civilización a que llegará cada raza; y si hay alguna teoría calculada para justifear el despotismo, es la teoría de la fatalidad histórica.
Las grandes calamidades que afligen a la humanidad, nacen de los odios de razas, de las preocupaciones inveteradas, de la falta de benevolencia y de amor. Por eso el medio más eficaz de extinguir la antipatía que suele observarse en ciertas razas en los países donde los privilegios han creado dos clases
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sociales, una de opresores y otra de oprimidos, es la justicia. Pero esta palabra seguirá siendo un nombre en vano, mientras al lado de la declaración de que todos los hombres son iguales, se produzca el hecho irritante, de que los mismos servicios y las mismas virtudes no merecen las mismas recompensas, que los mismos vicios y los mismos delitos no son igualmente castigados.
Por más que galopé tuve que dormir otra noche en el camino. (
Al día siguiente temprano llegaba a orillas del Río 5.°.
Había andado doscientas .cincuenta leguas, había visto un mundo desconocido y había soñado . . .
L'as galas de Abril embellecían el verde panorama de la Villa de Mercedes, donde los esbeltos álamos y los melancólica s sauces llorones crecen frondosos a millares.
El día estaba en calma, mi alma alegre.
Reíamos sin inquietud cuando debiéramos estar taciturnas a gemir.
¡ Somos unos insensatos !
Y cuando tenemos un momento lúcido es para exclamar amargamente, ¡ ay ! . . .
Yo amo sin embargo el dolor, y hasta el remordimiento, porque me devuelve la conciencia de mí mismo.
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