Una excursión a los indios ranqueles · Unidad 142 de 243

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eho hacerles entender a Jos otros indios eso que Vd. me lia estado explicando.

—Haremos, continuó, una junta (rrande, y en ella entre Vd. y yo, diremos lo que hay.

— Mientras tanto, hermano, cuente conmigo para ayudarlo en lodo.

^ — Yo cuento con Vd., porque veo que si no quisiera a ]<>ci indios no habría venido a esta tierra.

Le contesté, como era de esperarse, asegurándole que el Presidente de la República era un hombre muy bueno; que se había envejecido trabajando porque se educaran todos los niños chicos de mi tierra; que no les había de abandonar a su ignorancia, que por carácter y por tendencias era hombre manso, que no amaba la guerra y que por di ¡•arte, la Constitución le mandaba al Congreso conservar ¡rato pacífico con los indios y prontover la conversión de ellos al catolicismo; que el Congreso le había de dar al Presidente toda la plata que necesitase para esas cosas, y que como eran muy amigos no se habían de pelear si pensaban de distinto modo, porque los dos juntos gobernaban el país.

— Y dígame, hermano, me preguntó, — ¿cómo se llama el Presidente?

— Domingo F. Sarmiento.

— ¿Y es amigo suyo?

— Muy amigo.

— Y si dejan de ser amigos, ¿cómo andarán las paces con nosotros que ha¡ hecho Vd?

— Pero bien, no más, hermano, porque yo no puedo pelearme con el Presidente, aunque me castigue. Yo no soy más que un triste coronel y mi obligación es obedecer-

El Presidente tiene mucho poder, él manda todo el ejército. Además, si yo me voy, vendrá otro jefe y ese jefe tendrá que hacer lo que le mande el ¡General Arredondo, que de quien dependo yo.

— '¿Y Arredondo es amigo del Presidente?

— Muy amigo.

— ¿Más amigo que Vd.?

— Eso no le puedo decir, hermano, porque, como Vd. sabe, la amistad no se mide, se prueba.

— Y dígame, hermano, ¿cómo se llama la Constitución?

Aquí se me quemaron los libros- Y, sin embargo, si el Presidente podía llamarse D. F. Sarmiento, ¿por qué para aquel bárbaro, la Constitución, no se había de llamar de algún otro modo también?

Me vi en figurillas.

— La Constitución, hermano... La Constitución... s« llama así no más, pues, Constitución

LUCIO V. MAN SILLA

— ¿Entonces, no tiene nombre? — Ese es el nombre.

— ¿ Entonces no tiene más que un . nombre, y el Presidente tiene dos?

— >¿Y es buena o mala la Constitución? — Hermano, los unos dicen que sí, y los otros dicen que no-

—¿Y Vd. es amigo de la Constitución? — Muy amigo, por supuesto, —¿Y Arredondo? —También .

- — i Y cuál de los das es más amigo de la Constitución ? —Los dos somos muy amigos de ella. —¿Y el Congreso, cómo se llama? —El Congreso... el Congreso... se llama Congreso, —¿Entonces no tiene más que un solo nombre lo mismo que la otra? — Uno solo, sí.

— ¿Y es bueno 10 malo el Congreso —•(Huía!)

Confieso que esta pregunta me dejó perplejo- Pero había que contestar. Hice mis cálculos para responder en conciencia, y cuando iba a hacerlo, dos perros que andaban por allí se echaron sobre un hueso y armaron una singuizarra infernal, interrumpiendo el diálogo.

Mariano se levantó para espantarlos gritando "¡fuera! ¡ fuera S ' '

Yo aproveché la coyuntura para retirarme. Entré en mi rancho, me senté en la cama, apoyé los codos en los muslos, la cara en las manos y me quedé por largo rato sumido en profunda meditación.

"He perdido el tiempo, me decía, con los ecos del espíritu. No es tan fácil explicar lo que es una Constitución, lo que es un Congreso' ;.

Mariano Rosas, había entendido perfectamente lo que es un Presidente, primero, porque tenía otro nombre, porque se llamaba Domingo lo mismo que habría podido llamarse Bartolo; segundo, porque mandaba el ejército-

Por consiguiente, resulta de mi estudio sobre las entendederas de un indio, que el pueblo comprenderá siempre mejor lo que es la vara de la ley, que la ley.

Los símbolos impresionan más la imaginación de las multitudes, que .las alegorías.

De ahí, que en todas partes del mundo donde hay una Constitución y un -Congreso, le teman más al Presidente Alpinas horas después volví a verme con Mariano,