Una excursión a los indios ranqueles · Unidad 163 de 243

Unidad 163 · UNA EXCURSIÓN A LOS INDIOS RANQUELES 291

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UNA EXCURSIÓN A LOS INDIOS RANQUELES 291

caminaban ciertos animjalitos de mil pies, me puse a espulgarlo.

Comprendo, Santiago amigo, que estos detalles son poco filosóíicos e instructivos; pero hijo mío. ya que no puedo cantar las glorias de mi espada, permíteme describirte sin rodeos cuanto hice y vi entre los Banquetes.

El pulcro y respetable público tendrá la bondad de ser indulgente, a no ser que prefiera, lo que no suele ser raro, la mentira a la verdad.

Bien n'est beau que le vrai.

Tomo el dicho por los cabellos y continúoMi ahijado estaba acostumbrado a la operación. Los indios se la hacen unos a otros, al rayar el sol, con un apémdice que dejo a tu perspicacia adivinar.

De gustos no hay nada escrito.

Una ostra cruda es para algunos el bocado más sabroso. Y Helio se comía, para abrir el apetito, cuarenta docenas de una sentada.

Algunos buscan el queso hediondo, y prefieren el que crimina-

Mientras tanto, otros nc> pueden pasar ni lo uno ni lo otro. c

No nos admiremos de la costumbre de los indios.

He de repetir hasta el cansancio que nuestra civilizacin no tiene el derecho de ser tan orguüosa.

En Santiago del Estero, donde lengua y costumbres tienen un sabor primitivo, los pobres hacen lo mismo que los indios.

El que quiere verlo, no tiene más que tomar la mensajería del Norte y dar un paseo por aquella provinjcia argentina-

Y en la sierra de Córdoba hacen igual cosa. E¡stá máa ceroa y la excursión sería más pintoresca.

Mi ahijado se quedó dormido.

Le acomodé la cabecita sobre uno de mis muslos y le dejé quieto.

Las visitas se fueron retirando.

Algunas se echaron, quedándose dormidas-

Y, siguiendo mi plan de hacernfo interesante, las imité. ¡Qué había de dormir! Era imposible. Cuerpos extraños al mío, me tenían en una agitación indescriptible.

Me quedé no obstante en el toldo haciendo que dormía.

Ronqué.

Mi compadre impuso silencio- Debía mirarme con placo-.

De repente llamé con voz trémula y débil a Rufino P - reirá.

No contestó; no podía oírme. Lo calculaba.

'¿d'¿ LUCIO V. MANSILLA

Entonces, fingiendo un enojo terrible, me incorporé su bito y grité con todas mis fuerzas:

i Rufino ! ¡ Rufino !

Rufino contestó de lejos: — Voy, señor; y entró volando en el toldo.

—¿Por qué no venías?

— No había oído.

Le apostroféMi compadre fumaba tranquilamente su pipa, rodeado de sus tres hijos menores dormidos.

, Me miró como diciendo para sus adentros : Este hombre, es un hombre.

Mis contrastes le seducían. La dulzura, la aspereza, la calma y la irascibilidad hablan muy alto a la imaginación de un salvaje.

— T ráeme mi navaja de barba, le dije a Rufino.

Salió-

— Compadre, continué, dirigiéndo'mie a mi huésped, le voy a hacer un regalo; veo que Vd se afeita.

No contestó, porque no entendía. Los lenguaraces se habían retirado. Llamó a Juan de Dios San Martín. Entró éste y junto con él Rufino, trayendo la navaja y el asentador, que tenía cuatro faces, una con piedra.

Tómelo, y haciéndole ver a mi compadre cómo se asen taba la navaja, le di ambas cosasLas tomó, y viendo primero si se adaptaban al bolsillo de su tirador, las colocó en seguida en él.

Salí del toldo. Me mudé la ropa, después que Oarmen me ayudó a eliminar los intrusos que se habían guarecido en mis cabellos; di un paseo porque tenía necesidad de respirar el aire libre y puro del campo, haciendo fuego con el revólver sobre algunos caranchos y teruteros; y al rato volví al fogón par)a\ acabar de disipar con café los efectos del aguardiente.

De regreso de la caminata, pasé por detrás del toldo de mi compadre y volví a ver la cara patibularia del día antes, apoyada con aire sombrío en la costanera del ranchito, que servía de cocina, y que sobresalía media vara.

Junto con ella estaba otra juvenil, de aspecto extraño y marcadamente de cristiano

La curiosidad me acercó a ellos.

Les dirigí la palabra, callaron.

¿No entienden? les dije, con cierta acritud. Me contestaron en lengua de indio.

Comprendí que no querían hablar conmigo-

El hecho acabó de despertar mi curiosidad.