Una excursión a los indios ranqueles · Unidad 19 de 243

Unidad 19 · "ONA EXCURSIÓN A LOS INDIOS RANQUELEB 31

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"ONA EXCURSIÓN A LOS INDIOS RANQUELEB 31

tian, y que en ese estado lo mejor era tratarlo con dulzura, iue así lo había hecho él, siempre con el mejor éxito.

En una palabra, Garmendia me lo recomendó con esa vehemencia propia de los corazones calientas, que así es el luyo, y por eso cuantos le tratan con intimidad le quieren.

La varonil figura de Gómez y las recomendaciones- de jrarmendia predispusieron desde luego mi ánimo en favor del nuevo destinado.

A mi turno, pues se lo recomendé al capitán de la compañía de granaderos, diciéndole todo lo que me había prevenido Garmendia.

El tiempo corrió. . .

Gómez cumplía estrictamente sus obligaciones, circunspecto y callado, con nadie se metía, a nadie incomodaba. Los oficiales lie estimaban y los soldados le respetaban por su porte. De vez en cuando le buscaban para tirarle la lengua y arrancarle tal cual agudeza correntina.

En ese tiempo yo era mayor y jefe interino del batallón 12 de línea. Todos los sáibados pasaba personalmente una revista general.

Me parece que lo es'toy viendo a Gome/, en las filas cuadrado a plomo, inmóvil como una estatua, serio, melancólico, con su fusil reluciente, con su correaje lustroso, con todo su equipo tan aseado que daba gusto.

Gómez no tardó en volver a ser cabo.

Habrían pasado cinco meses.

Un día, paseábame yo a lo largo de la sombra que proyectaba mi alojamiento, que era una hermosa carreta.

Esto era en el célebre campamento de Tuyutí, allá por el mes de Agosto.

En qué pensaba, cómo saberlo ahora. Pensaría en lo que amaba o en la gloria; que son los dos grandes pensamientos que dominan al soldado. Recuerdo tan sólo que en una de las vueltas que di una voz conocida me sacó de la abstracción en que estaba sumergido.

Di media vuelta, y como a unos seis pasos de retaguardia, vi al cabo Gómez, cuadrado, haciendo la venia militar, doblándose para adelante, para atrás, a derecha e izquierda así como amenazando perder su centro de gravedad.

.Sutí ojos brillaban con un fuego que no les había visto jamás.

En el acto conocí que estaba ebrio.

Era la primera vez desde que había entrado >en el batallón.

Por cariño y por las prevenciones que me había hecho Garmendia, le dirigí la palabra así; — ¿Qué quiere, amigo?