Una excursión a los indios ranqueles · Unidad 228 de 243

Unidad 228 · UNA EXCURSIÓN A LOS INDIOS RANQUELE8 427

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UNA EXCURSIÓN A LOS INDIOS RANQUELE8 427

— Por allí debe ir Rufino Pereyra, — que era uno de mis asistentes de confianza que faltaba, — con su tropilla, dijo Camilo al oirlo.

Un momento después oyéronse con más fuerza los lamidos de Brasil y de otros de su jaez.

A no dudarlo, íbamos a llegar al toldo d¡e Ramón o a otro.

Seguimos la dirección de los ladridos, y al llegar a un gran corral, apareció Rufino Pereyra con su tropilla.

La madrina había perdido el cencerro en el carquejal del bañado salitroso.

Estábamos en donde queríamos.

Me aproximé al toldo.

Salió un indio, me dijo que Ramón había estado en pie, con toda la familia, esperándome, hasta media noche con la cena pronta ; que no se levantaba porque estaba medio indispuesto, que me apeara que aquella era mi casa, que me acomodase como gustara. -*

Eché, pues, pie a tierra, me instalé en un espacioso galpón, donde Ramón tenía la fragua de su platería, se acomodaron los caballos, se recogieron de la huerta zapallos y choclos en abundancia, se hizo fuego; cenamos y nos acostamos a dormir alegres y contentos, como si hubiéramos llegado al palacio de un príncipe y estuviéramos haciendo noche en él.

¡ Cuan cierto es que el arte de la felicidad consiste en saber conformar los deseos a los medios y en desear solamente los placeres posibles !

El sueño no tiene amo. — El toldo de Ramón nada dejaba que desear.

— Una fragua primitiva. — Diálogo entre la civilización y la barbarie. — Tengo que humillarme. — Se presenta Ramón. — Doña Fermina Zarate. — Una lección de filosofía práctica. — Petrona Jofré y los cordones de Nuestro Padre San Francisco. — Veinte yeguas, sesenta pesos, un poncho y cinco chiripaes por una mujer.

— Rasgo generoso de Crisóstomo. — El hombre ni es un ángel ni una bestia.

Un proverbio- negro dice : el sueño no tiene amo. Todos dormimos perfectamente bien.

El cansancio nos hizo hallar deliciosa la morada del cacique Kamón

Cuando yo me desperté eran las ocho de la mañana; mis compañeros roncaban aún con una expansión pulmonar envidiable.

Llamé un asistente, pedí mate y me quedé un rato más en cama gozando del placer de no hacer nada, placer tan combatido y censurado cuanto generalmente codiciado.

Según un amigo, pensador no vulgar y egregio poeta, no hacer nada es descansar. Así él sostiene que el día es hecho para eso y la noche para dormir.

¡Lástima que un mortal de gustos tan patriarcales, que sería dichoso con muy poca cosa, se vea condenado como tanto hijo de vecino, a la dura ley del trabajo, cuando innumerables prójimos desperdician lo supérfluo y aun lo necesario !

¡Qué hacer! el mundo íestá organizado así y el Eelesiastes, que sabe más que mi amigo y yo juntos, dice :

"El insensato tiene los brazos cruzados y se consume diviendo :

" Lleno el hueco de una mano, con reposo, vale más que 'as dns llenas con trabajo y mortificación de espíritu".

Con la luz del día examiné* el lecho en que había dormido ;an cómodamente, como en elástica cama a la Balzac provista (. sus correspondientes accesorios, aimohadoneü de rinísimjas plumas y sedosos cobertores. Eran unos cueros de potro mal estaqueados y unas pieles de carnero, la cabecera un mortero cubierto con mis coginillos.