Una excursión a los indios ranqueles · Unidad 34 de 243
Unidad 34 · [O V. MANSTI.Í.Á
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
[O V. MANSTI.Í.Á
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¿No nos dice la civilización todos los días en grandes letras que el gobierno es para el pueblo?
¿Que en lugar de invertir los dineros públicos en torpes guerras debe aplicarlos a mejorar la condición del pueblo?
¿No hay inspectores de puentes y caminos, inspectores de aduanas, inspectores de fronteras, inspectores de escuelas, inspectores de todo, y así va ello?
Pues, ¿y por qué no ha de haber inspectores de hoteles?
¿Acaso no se relacionan estos establecimientos muy íntimamente con la salud pública?
¿No se albergan en ellos, — el cólera, la fiebre amarilla y tantas otras cosas que Dios crió, el quinto día, y que en su atraso inocente y primitivo, creyó que eran buenas y que así las legó en herencia a la desagradecida humanidad?
¿Se cree que faltarían inspectores de hoteles?
Provéase el cargo por oposición, previo examen de conocimientos, aptitudes, moralidad, estado fisiológico de los candidatos y se verá, sin tardanza, que sobra patriotismo en el país.
No digo pagando bien el empleo, que es el modo má.s eficaz de salvar la moral administrativa, y el medio más seguro, sobre todo, de que abunden impetrantes.
Cualquier remuneración que se ofreciese bastaría.
Hay en el país, felizmente, el convencimiento de que todos deben tributarle a la patria abnegación, tiempo, sangre, alma y vida.
Esta gran conquista, es debida a la educación oficial dada por los buenos gobiernos que hemos tenido, a la Guardia Nacional.
Ella ha hecho todo, — guerras interiores, guerras de frontera, guerras exteriores.
Decididamente la civilización es de todas las invenciones madernaa, una de las más útiles al bienestar y a los progresos del hombre.
Empero, mientras los gobiernos no pongan remedio a ciertos males, yo continuaré creyendo en nombre de mi escasa experiencia, que mejor se duerme en la calle o en la Pampa que en algunos hoteles.
Sonaban los cencerros de Jas tropillas; cada cual se preparaba para subir a caballo, habiendo olvidado sus nenas alrededor del fogón:
"Y en el oriente nuMoso "La luz apenas rayando, "Iba e! campo tapizando "He claro escuro verdor".
UNA KXCURRTÓN A LOS INDIOS RANQUF.T.PS 6$
Galopábamos, aprovechando la Presea de la mañana, y a la derecha en lontananza se veían ya los primeros montes de Tierra Adentro.
Me proponía llegar al Cuero temprano.
Apenas salimos de Coli-Mnla comprendí que no lo conseguiría.
El campo estaba cubierto de agua, y quebrándose en altos médanos, en cañadas profundas y guadalosas nos obligaba a marchar despacio.
Los caballos hubieran soportado bien una mancha acelerada ; las muías no.
Y, sin embargo, por muy despacio que anduve se quedaron atrás, porque a cada rato se caían con las cargas y había que perder tiempo en enderezarlas.
Más allá de un lugar en el que hay agua y leña, y cuyo nombre es Ralico, el terreno se dobla sensiblemente formando varios médanos elevados, y es de allí de donde se divisan ya los montes del Cuero.
Los campos comienzan a cambiar de fisonomía y la vista no se cansa tanto espaciándose por la sábana inmensa del desierto solitario, triste, imponente; pero monótona como el mar en calma.
Sin contrastes, hay existencia, no hay vida-.
Vivir es sufrir y gozar, aborrecer y amar, creer y dudar, cambiar de perspectiva física y moral.
Esta necesidad es tan grande, que cuando yo estaba en el Paraguay, Santiago amigo, voy a decirte lo que solía hacer, — cansado de contemplar desde mi reducto de Tuyutí todos los días la misma cosa; las mismas trincheras paraguayas, los mismos bosques, los mismos esteros, los mismos centinelas; ¿sabes lo que hacía?
Me subía al merlón de la batería, daba la espalda al enemigo, me abría de piernas, formaba una curva con el cuerpo y mirando al frente por entre aquéllas, me quedaba un instante contemplando los objetos al revés.
Es un efecto curioso para la visual, y un recurso al que te aconsejo recurras cuando te fastidies, o te canses de la igualdad de la vida, en esa vieja Europa que se cree joven, que se cree adelantada y vive en la ignorancia, siendo prueba incontestable de ello, como diría Teófilo Gauthier, que todavía no ha podido inventar un nuevo gas para reemplazar el Sol.
La América, o mejor dicho, los andericanes (del Norte), la van a dejar atrás si se descuida.
Por lo pronto, nosotros vamos resolviendo los problemas sociales más difíciles, — degollándonos, — y las teorías y