Una excursión a los indios ranqueles · Unidad 47 de 243

Unidad 47 · UNA EXCURSIÓN A LOS INDIOS RANQUELES 85

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UNA EXCURSIÓN A LOS INDIOS RANQUELES 85

Le había ya tomado la mano y ella iba a levantarse, cuando oímos ruido de plata y un grito: ¡Ah, picaro!

Era la voz del padre de Petrona.

Antonio tu\u la tentación de robarle, él lo sintió y le agarró del poncho.

Yo m> podía salir sino por donde había entrado; esconderme bajo de la cama, era peligroso.

El padre de Petrona gritaba con todas sus fuerzas, ¡ladrones! ¡ladrones!

La tía se levantó. Yo intenté escaparme. Pero no pude, delante de mí salía Antonio, me obstruyó el (paso, y el padre de Petrona me agarró.

Luché con él un rato inútilmente. ' #

La hermana le ayudaba.

Petrona estaba media muerta. El padre furioso, porque ella también no venía en su ayuda, encendiendo luz pronto. Le amenazó con matarla si no lo hacía. Tuvo que hacerlo.

Para esto Antonio se había ido con la plata.

Entre el padre de Petrona y la hermana, me amarraron bien.

A los gritos vinieron dos de la partida de policía, que estaba cerca de allí y me llevaron preso. Me pusieron en el cepo para que dijese dónde estaba la plata, y contesté siempre que no sabía, que yo no la había robado.

Me preguntaron que si tenía cómplices, teniéndome siempre en el cepo, y contesté que no.

— ¿Y por qué no decías que Antonio era el ladrón?

— ¡ Y cómo había de descubrir a mi amigo ! ¡ Y cómo la había de perder a Petrona cuando la quería tantísimo! Yo prefería pasar por ladrón a ser delator de mi amigo ; yo prefería pasar por ladrón y no que dijeran que Petrona era mi querida. Yo prefería ser soldado a todo eso.

Además, como todas las mujeres son iguales, falsas como la plata boliviana, sujpe esos días no más, antes que me echaran a las tropas de línea, que Petrona decía para salvarse del castigo de su padre, que algo andaba maliciando que yo era un picaro que le había solicitado a ella de mala fe, con sólo la intención de hacer el robo que había hecho.

Quién sabe si no hubiera sido eso, si no declaro al fin atormentado por el cepo que Antonio era el ladrón; éste ya se había ido para la sierra de Córdoba, y ¡ cuándo lo pescaban ! ¡ siendo, como era, un muchacho tan diantre ! Era mozo muy gaucho y alentado.

— ¿Y te acuerdas todavía de Petrona, Macario?

— ¡ Ay ! mi coronel, si las mujeres cuanto más malas son, más tardamos en olvidarlas.

—¿Y, nunca hubo nada con ella?