Venganza y remordimiento · Unidad 261 de 280
Unidad 261 · 590 TSNOAHU
Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.
590 TSNOAHU
de que podamos disponer, con <$rden de apoderane de <1 á toda
costa.
— »Es muy justo, respondieron Tarios.
— Conducido despnes á la ciudad, tos, seflor anobispo, le «konerareis segon nuestros ritos sagrados, y tornado otra voi en secular, le pondréis en manos de la jnstieia ordinaria,
— ¡Bien! exelamaron diversas voces.
— Nuestros jaeces le condenarán como traidor á 8. M. y < pirador contra su gobierno, á morir en horca vil y á ser su cuerpo, cuyas cenizas se esparcirán al viento.
— ] Seflor t opuso el anobispo levantando su voi sobre el anrmullo de aprobación con que babia sido recibida la sentencia pronunciada por Don Martin contra el frsneisoano; no trataié de negar la gran justicia que os asiste para condenar al impraéeiite comisario; pero por tercera vez vuelvo á sui^aroe, iaq^lonndo vuestra bondad, os digneis concederme su perdón absoluto.
— ¡Qué decfsl
— Seflor, 08 lo repito, demando su perdón.
— ¡La impunidad de su crimen! jamas!
— ^Seflor, vuestra determinación puede importar la pai <{ ri levantamiento de estos reinos.
— Seflor arzobispo, alguna vez hemos de principiar á haeer ver al digno clero que representáis, la rectitud de la justicia de 8. M. Hartas veces la impunidad autorizó los delitos de abonos eUrigos indignos que desprestigian la totalidad de sus kistitueionei* Vos, dotado de recto y claro juicio, lo confinareis así. MuqIiob beneficios debe indudablemente la Nueva Espafia á las instituciones monásticas; pero por desgracia comienzan á insolentarse en extremo apegándose excesivamente á lo terrenal con peijuido de su espiritual misión. Los santos varones, mártires de su cristiana caridad, comienzan á hacerse escasos; y los que, modelo de virtudes, ^^arecen, claman contra la desmoraliaaeion que comieaia á eundv en las órdenes establecidas en* México, y salen de la ciudad sacudiendo, como San Vicente, hasta el polvo de sus sandalias, pan k á
Y REMORDIMIENTO. 591
eBContrur el martirio y la gloria eterna en las misiones del interic^. Esto se le oculta á la masa del pueblo, no sé yo con qué intención; pero desde luego puedo aseguraros que no es buena.
^-^efior !
— ^Permitidme continuar. Pjrotejan en buen hora á la clase in> dígena contra la sárdida avaricia de los encomenderos, yo lo apruebo, y hartas disposiciones he dado durante mi gobierno para cooperar por mi parte á tan buen fin; pero en yez de trabajar para el mayor lustre de la corte de Boma, creándole productiros prosélitos, pvedicadles la obediencia y el amor & su rey natural, el de Espafia, de tan reconocida piedad, que ha merecido el dictado de católico. Cese ya el clero de desprestigiar en las Indias al gobierno espafiol, declamando contra su crueldad y avaricia, pues sin cesar la corte de Madrid expide leyes que ampliamente favorecen á los indios, cortando los abusos.
--Sefforl
— Comprendo el amor de estos hacia sus protectores los monjes, pero impidamos el abuso que de él puede hacerse; nada hay que temer mientras el clero no traspase los limites de su conciliadora misión, mas impidamos con todas nuestras fuerzas, y en servicio de S. M., que de ese amor lleguen los eclesiásticos á formarse un arma contra el gobierno: comprendedme, quiero hablar del fimatismo.
— Señor, no confundáis con él la religiosidad de las masas.
— Don Pedro Moya de Contreras, no vistáis la verdad con ropajes que la desfiguren.
— ^Me acusáis injustamente.
— Trato únicamente de dilucidar las cuestiones. Nadie se hace mas daBo con su conducta, que el clero mismo. El fanatismo y la impiedad son hermanos, porque todos los extremos se tocan. Haced fanática á Nueva Espafia, y la tomareis impía. Quiera el cielo que mis temores no se realicen; pero continuando bajo la misma norma de conducta, ella comenzará proclamando la muerte y la sangrienta matanza en nombre de la sagrada imájen de María
692 TnailIZA
sin maiichAi y vendrá á conoloir por convertir en esoombroa 808 templos, arraneando de su ooraion los dogmas santos de mm religión de «mor y caridad, par» entregarse al cios dd ateismo mas bco y desenfrenado. No desprestigiemos la colosal y santa obra de Cristo, fnente de moralidad é ilustración.
— Seflor, el Dios cayos altares Uncios de impnreía y cubiertos de incienso, han hallado salido oimiento sobre los escombros de nna sangrienta idolatría, no permitirá jamas desgracia semqante.
— ^Mis mas sinceros votos hago por ello, y tal es la raion qne me obliga á hacer respetar la autoridad soberana del monarca á quien represento.
-~En nombre del cielo vuelvo á solicitar vuestra clemencia.
— Don Pedro, ^*aos en las razones en que apoyo mi justicia. Hace tiempo que fiJsos apóstoles se emplean en sembrar la semilla del mal que prevemos. De la lucha de lo espiritual con lo ton* poral, no habrán de resultar sino males á estos reinos. Marchemos de mancomún; sed vosotros en buena hora el alma de la nación, pero no impidáis el desarrollo del cuerpo, ambos son elementos de su existencia: el espíritu sin el cuerpo es una incomprensible utopia; el cuerpo sin el espíritu un bruto despreciable.
— SeBor, ¿c<$mo negaros la razón que os asiste?
— Comprended entonces que la hora de dar el golpe ha llegado; recordad en tiempo de Zumárraga y la primera audiencia la lucha escandalosa de ambos poderes; más adelante, en mi mismo gobierno, contemplad los odios entre eclesiásticos y regalares, llegando á vias de hechos en medio de plazas y calles, y por último la actual rebelión de la Orden ma8 autorizada contra el poder establecido. Respondedme entonces con franqueza, ¿es decoroso ni digno del gobierno de S. M. manifestarse cobarde, temeroso é impotente ante tamaBo escándalo, únicamente porque le autoriza el clero?
— Señor, de nuevo vuelvo á confesar la justicia que os asiste; ¿pero quién no se ha horrorizado ante el hecho del monarca Carlos y, mandando ahorcar de las rejas de su prisión en Simancas, al obispo de Zamora Don Antonio de Acufia?