Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España (1 de 3) · Unidad 86 de 116
CAPÍTULO LXXXIII. — parte 2
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Entónces les dijo Cortés que tales traiciones como aquellas, que mandan las leyes reales que no queden sin castigo, é que por su delito que han de morir; é luego mandó soltar una escopeta, que era la señal que teniamos apercebida para aquel efecto, y se les dió una mano que se les acordara para siempre, porque matamos muchos dellos, y otros se quemaron vivos, que no les aprovechó las promesas de sus falsos ídolos; y no tardaron dos horas que no llegaron allí nuestros amigos los tlascaltecas que dejamos en el campo, como ya he dicho otra vez, y peleaban muy fuertemente en las calles, donde los cholultecas tenian otras capitanías defendiéndolas porque no les entrásemos, y de presto fueron desbaratadas, y iban por la ciudad robando y cautivando, que no los podiamos detener; y otro dia vinieron otras capitanías de las poblaciones de Tlascala, y les hacian grandes daños, porque estaban muy mal con los de Cholula; y como aquello vimos, así Cortés como los demás capitanes y soldados, por mancilla que hubimos dellos, detuvimos á los tlascaltecas que no hiciesen más mal; y Cortés mandó á Pedro de Albarado y á Cristóbal de Olí que le trujesen todas las capitanías de Tlascala para les hablar, y no tardaron de venir, y les mandó que recogiesen toda su gente y se estuviesen en el campo, y así lo hicieron, que no quedó con nosotros sino los de Cempoal; y en aquel instante vinieron ciertos caciques y papas cholultecas que eran de otros barrios, que no se hallaron en las traiciones, segun ellos decian (que, como es gran ciudad, era bando y parcialidad por sí), y rogaron á Cortés y á todos nosotros que perdonásemos el enojo de las traiciones que nos tenian ordenadas, pues los traidores habian pagado con las vidas; y luego vinieron los dos papas amigos nuestros que nos descubrieron el secreto, y la vieja mujer del capitan que queria ser suegra de doña Marina (como ya he dicho otra vez), y todos rogaron á Cortés fuesen perdonados.
Y Cortés cuando se lo decian mostró tener grande enojo, y mandó llamar á los embajadores de Montezuma que estaban detenidos en nuestra compañía, y dijo que, puesto que toda aquella ciudad merecia ser asolada y que pagaran con las vidas, que teniendo respeto á su señor Montezuma, cuyos vasallos son, los perdona, é que de allí adelante que sean buenos, é no les acontezca otra como la pasada, que morirán por ello.
Y luego mandó llamar los caciques de Tlascala que estaban en el campo, é les dijo que volviesen los hombres y mujeres que habian cautivado, que bastaban los males que habian hecho.
Y puesto que se les hacia de mal de volvello, é decian que de muchos más daños eran merecedores por las traiciones que siempre de aquella ciudad han recibido, por mandallo Cortés volvieron muchas personas; mas ellos quedaron desta vez ricos así de oro é mantas, é algodon y sal é esclavos.
Y demás desto, Cortés los hizo amigos con los de Cholula, que á lo que despues vi é entendí, jamás quebraron las amistades; é más les mandó á todos los papas é caciques cholultecas que poblasen su ciudad é que hiciesen tiangues é mercados, é que no hubiesen temor, que no se les haria enojo ninguno; y respondieron que dentro en cinco dias harian poblar toda la ciudad, porque en aquella sazon todos los más vecinos estaban amontados, é dijeron que temian que Cortés les nombrase cacique, porque el que solia mandar fué uno de los que murieron en el patio.
É luego preguntó que á quién le venia el cacicazgo, é dijeron que á un su hermano; al cual luego le señaló por gobernador, hasta que otra cosa fuese mandada.
Y demás desto, desque vió la ciudad poblada y estaban seguros en sus mercados, mandó que se juntasen los papas y capitanes con los demás principales de aquella ciudad, y se les dió á entender muy claramente todas las cosas tocantes á nuestra santa fe, é que dejasen de adorar ídolos, y no sacrificasen ni comiesen carne humana, ni se robasen unos á otros, ni usasen las torpedades que solian usar, y que mirasen que sus ídolos los traen engañados, y que son malos y no dicen verdad, é que tuviesen memoria que cinco dias habia de las mentiras que les prometieron que les darian vitoria cuando sacrificaron las siete personas, é cómo todo cuanto dicen á los papas é á ellos es todo malo, é que les rogaba que luego los derrocasen é hiciesen pedazos, y si ellos no querian, que nosotros los quitariamos, é que hiciesen encalar uno como humilladero, donde pusimos una cruz.
Lo de la cruz luego lo hicieron, y respondieron que quitarian los ídolos; y puesto que se lo mandó muchas veces que los quitasen, lo dilataban.
Y entónces dijo el Padre de la Merced á Cortés que era por demás á los principios quitalles sus ídolos, hasta que vayan entendiendo más las cosas, y ver en qué paraba nuestra entrada en Méjico, y el tiempo nos diria lo que habiamos de hacer, que al presente bastaba las amonestaciones que se les habia hecho, y ponelles la cruz.
Dejaré de hablar desto, y diré cómo aquella ciudad está asentada en un llano y en parte é sitio donde están muchas poblaciones cercanas, que es Tepeaca, Tlascala, Chalco, Tecamachalco, Guaxocingo é otros muchos pueblos, que por ser tantos, aquí no los nombro; y es tierra de maíz é otras legumbres, é de mucho ají, y toda llena de maijales, que es de lo que hacen el vino, é hacen en ella muy buena loza de barro colorado é prieto é blanco, de diversas pinturas, é se bastece della Méjico y todas las provincias comarcanas, digamos ahora como en Castilla lo de Talavera é Palencia.
Tenia aquella ciudad en aquel tiempo sobre cien torres muy altas, que eran cues é adoratorios donde estaban sus ídolos, especial el cu mayor era de más altor que el de Méjico, puesto que era muy suntuoso y alto el cu mejicano, y tenia otros cien patios para el servicio de los cues; y segun entendimos, habia allí un ídolo muy grande, el nombre dél no me acuerdo, más entre ellos tenian gran devocion y venian de muchas partes á le sacrificar, en tener como á manera de novenas, y le presentaban de las haciendas que tenian.
Acuérdome que cuando en aquella ciudad entramos, que cuando vimos tan altas torres y blanquear, nos pareció al propio Valladolid.
Dejemos de hablar desta ciudad y todo lo acaecido en ella, y digamos cómo los escuadrones que habia enviado el gran Montezuma, que estaban ya presos entre los arcabuezos que están cabe Cholula, y tenian hechos mamparos y callejones para que no pudiesen correr los caballos, como lo tenian concertado, como ya otra vez he dicho; é como supieron lo acaecido, se vuelven más que de paso para Méjico, y dan relacion á su Montezuma segun y de la manera que todo pasó; y por presto que fueron, ya teniamos la nueva de dos principales que con nosotros estaban, que fueron en posta; y supimos muy de cierto que cuando lo supo Montezuma que sintió gran dolor y enojo, é que luego sacrificó ciertos indios á su ídolo Huichilóbos, que le tenian por dios de la guerra, porque les dijese en qué habia de parar nuestra ida á Méjico, ó si nos dejaria entrar en su ciudad; y aun supimos que estuvo encerrado en sus devociones y sacrificios dos dias, juntamente con diez papas los más principales, y hubo respuesta de aquellos ídolos que tenian por dioses, y fué que le aconsejaron que nos enviase mensajeros á disculpar de lo de Cholula, y que con muestras de paz nos deje entrar en Méjico, y que estando dentro, con quitarnos la comida é agua, ó alzar cualquiera de las puentes, nos mataria, y que en un dia, si nos daba guerra, no quedaria uno de nosotros á vida, y que allí podria hacer sus sacrificios, así al Huichilóbos, que les dió esta respuesta, como á Tezcatecupa, que tenian por dios del infierno, é se hartarian de nuestros muslos y piernas y brazos, y de las tripas y el cuerpo y todo lo demás hartarian las culebras y serpientes é tigres que tenian en unas casas de madera, como adelante diré en su tiempo y lugar.
Dejemos de hablar de lo que Montezuma sintió de lo sobredicho, y digamos cómo esta cosa ó castigo de Cholula fué sabido en todas las provincias de la Nueva-España.
Y si de ántes teniamos fama de esforzados, y habian sabido de las guerras de Potonchan y Tabasco y de Cingapacinga y lo de Tlascala, y nos llamaban teules, que es nombre como sus dioses ó cosas malas, desde allí adelante nos tenian por adivinos, y decian que no se nos podria encubrir cosa ninguna mala que contra nosotros tratasen, que no lo supiésemos, y á esta causa nos mostraban buena voluntad.
Y creo que estarán hartos los curiosos letores de oir esta relacion de Cholula, é ya quisiera habella acabado de escribir.
Y no puedo dejar de traer aquí á la memoria las redes de maderos gruesos que en ella hallamos; las cuales tenian llenas de indios y muchachos á cebo, para sacrificar y comer sus carnes; las cuales redes quebramos, y los indios que en ellas estaban presos les mandó Cortés que se fuesen adonde eran naturales, y con amenazas mandó á los capitanes y papas de aquella ciudad que no tuviesen más indios de aquella manera ni comiesen carne humana, y así lo prometieron.
Mas, ¿qué aprovechaban aquellos prometimientos, que no lo cumplian? Pasemos ya adelante, y digamos que aquestas fueron las grandes crueldades que escribe y nunca acaba de decir el señor obispo de Chiapa, don fray Bartolomé de las Casas; porque afirma y dice que sin causa ninguna, sino por nuestro pasatiempo y porque se nos antojó, se hizo aquel castigo.
Y tambien quiero decir que unos buenos religiosos franciscos, que fueron los primeros frailes que su majestad envió á esta Nueva-España despues de ganado Méjico, segun adelante diré, fueron á Cholula para saber y pesquisar é inquirir cómo y de qué manera pasó aquel castigo, é por qué causa, é la pesquisa que hicieron fué con los mismos papas é viejos de aquella ciudad; y despues de bien sabido dellos mismos, hallaron ser ni más ni ménos que en esta mi relacion escribo; y si no se hiciera aquel castigo, nuestras vidas estaban en harto peligro, segun los escuadrones y capitanías tenian de guerreros mejicanos y de los naturales de Cholula, é albarradas é pertrechos; que si allí por nuestra desdicha nos mataran, esta Nueva-España no se ganara tan presto ni se atreviera á venir otra armada, é ya que viniera, fuera con gran trabajo, porque les defendieran los puertos, y se estuvieran siempre en sus idolatrías.
Yo he oido decir á un fraile francisco de buena vida, que se decia fray Toribio Montelmea, que si se pudiera excusar aquel castigo, y ellos no dieran causa á que se hiciese, que mejor fuera; mas ya que se hizo, que fué bueno para que todos los indios de todas las provincias de la Nueva-España viesen y conociesen que aquellos ídolos y los demás son malos y mentirosos, y que viendo que lo que les habia prometido salió al revés, que perdiesen la devocion que ántes tenian con ellos, y que desde allí en adelante no le sacrificaban ni venian en romería de otras partes, como solian; y desde entónces no curaron más dél, y le quitaron del alto cu donde estaba, y lo escondieron ó quebraron, que no pareció más, y en su lugar habian puesto otro ídolo.
Dejémoslo ya, y diré lo que más adelante hicimos.