Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España (2 de 3) · Unidad 18 de 75
CAPÍTULO CXXVI. — parte 2
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Y allí le nombró cómo se llamaba, que se decia Coadlauaca, señor de Iztapalapa, que no fué Guatemuz, el cual desde á dos meses fué señor.
Y más dijeron, que la guerra que la habian de acabar, y que tenian prometido á sus ídolos de no lo dejar hasta que todos nosotros muriésemos; y que rogaban cada dia á su Huichilóbos y á Tezcatepuca que le guardase libre y sano de nuestro poder, é como saliese como deseaban, que no lo dejarian de tener muy mejor que de ántes por señor, y que les perdonase.
Y no hubieron bien acabado el razonamiento, cuando en aquella sazon tiran tanta piedra y vara, que los nuestros le arrodelaban; y como vieron que entre tanto que hablaba con ellos no daban guerra, se descuidaron un momento del rodelar, y le dieron tres pedradas é un flechazo, una en la cabeza y otra en un brazo y otra en una pierna; y puesto que le rogaban que se curase y comiese, y le decian sobre ello buenas palabras, no quiso; ántes cuando no nos catamos, vinieron á decir que era muerto, y Cortés lloró por él, y todos nuestros capitanes y soldados: é hombres hubo entre nosotros, de los que le conociamos y tratábamos, que tan llorado fué como si fuera nuestro padre; y no nos hemos de maravillar dello viendo que tan bueno era; y decian que habia diez y siete años que reinaba, y que fué el mejor Rey que en Méjico habia habido, y que por su persona habia vencido tres desafios que tuvo sobre las tierras que sojuzgó.