Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España (2 de 3) · Unidad 59 de 75

CAPÍTULO CLVIII. — parte 2

Texto completo en español de una edición de dominio público con fuente y huella registradas.

Esta unidad sigue disponible para lectura, pero no se incluye en el índice de búsqueda porque forma parte de una continuación técnica, contiene metadatos editoriales, repite un título o no alcanza entidad suficiente como página independiente.

Una cosa tenian estos indios: que ya que los llevaban de vencida, se tornaban á rehacer, y aguardaron tres veces en la pelea, lo cual pocas veces se ha visto acaecer entre estas gentes; y viendo que los nuestros les herian y mataban, se acogieron á un rio caudaloso é corriente, y los de á caballo y peones sueltos fueron en pos dellos é hirieron muchos; é otro dia acordaron de correrles el campo é ir á otros pueblos que estaban despoblados, y en ellos hallaron muchas tinajas de vino de la tierra puestas en unos soterraños á manera de bodegas; y estuvieron en estas poblaciones cinco dias corriéndoles las tierras, y como todo estaba sin gentes y despoblados, se volvieron al rio de Chile; y Cortés tornó luego á enviar á llamar de paz á todos los mismos pueblos que estaban de guerra en aquella parte del rio, y como les habian muerto mucha gente, temieron que volverian otra vez sobre ellos, y á esta causa enviaron á decir que vendrian de ahí á cuatro dias, que buscaban joyas de oro para le presentar; y Cortés aguardó todos los cuatro dias que habian dicho que vendrian, y no vinieron por entónces; y luego mandó á un pueblo muy grande que estaba cabe una laguna, que era muy fuerte por sus ciénagas y rio, que de noche obscuro y medio lloviznando, que en muchas canoas que luego mandó buscar, atadas de dos en dos, y otras sueltas, y en barcas bien hechas, pasasen aquella laguna á una parte del pueblo en parte y paraje que no fuesen vistos ni sentidos de los de aquella poblacion, y pasaron muchos amigos mejicanos, y sin ser vistos, dan en el pueblo, el cual pueblo destruyeron, y hubo muy gran despojo y estrago en él; allí cargaron los amigos de todas las haciendas de los naturales que dél tenian; y desque aquello vieron, todos los más pueblos comarcanos dende á cinco dias acordaron de venir de paz, excepto otras poblaciones que estaban muy á trasmano, que los nuestros no pudieron ir á ellos en aquella sazon; y por no me detener en gastar más palabras en esta relacion de muchas cosas que pasaron, las dejaré de decir, sino que entónces pobló Cortés una villa con ciento y treinta vecinos, y entre ellos dejó veinte y siete de á caballo y treinta y seis escopeteros y ballesteros, por manera que todos fueron los ciento y treinta; llamábase esta villa Sant-Estéban del Puerto, y está obra de una legua de Chile; y en los vecinos que en aquella villa poblaron repartió y dió por encomienda todos los pueblos que habian venido de paz, y dejó por capitan dellos y por su teniente á un Pedro Vallejo; y estando en aquella villa de partida para Méjico, supo por cosa muy cierta que tres pueblos que fueron cabeceras para la rebelion de aquella provincia, y fueron en la muerte de muchos españoles, andaban de nuevo, despues de haber ya dado la obediencia á su majestad y haber venido de paz, convocando y atrayendo á los demás pueblos sus comarcanos, y decian que despues que Cortés se fuese á Méjico con los de á caballo y soldados, que á los que quedaban poblados que diesen un dia ó noche en ellos y que tendrian buenas hartazgas con ellos; y sabida por Cortés la verdad muy de raíz, les mandó quemar las casas; mas luego se tornaron á poblar.

Digamos que Cortés habia mandado ántes que partiese de Méjico para ir á aquella entrada, que dende la Veracruz le enviasen un barco cargado de vino y vituallas y conservas y bizcocho y herraje, porque en aquella sazon no habia trigo en Méjico para hacer pan; é yendo que iba el barco su viaje á la derrota de Pánuco, cargado de lo que fué mandado, parece ser que hubo muy recios Nortes y dió con él en parte que se perdió, que no se salvaron sino tres personas, que aportaron en unas tablas á una isleta donde habia unos muy grandes arenales, seria tres ó cuatro leguas de tierra, donde habia muchos lobos marinos, que salian de noche á dormir á los arenales, y mataron de los lobos, y con lumbre que sacaron con unos palillos como la sacan en todas las Indias las personas que saben cómo se ha de sacar, tuvieron lugar de asar la carne de los lobos, y cavaron en mitad de la isla é hicieron unos como pozos y sacaron agua algo salobre, y tambien habia una fruta que parecian higos, y con la carne de los lobos marinos y la fruta y agua salobre se mantuvieron más de dos meses; y como aguardaban en la villa de Sant-Estéban el refresco y bastimento y herraje, escribió Cortés á sus mayordomos á Méjico que cómo no enviaban el refresco; y cuando vieron la carta de Cortés, tuvieron por muy cierto que se habia perdido el barco, y enviaron luego los mayordomos de Cortés un navío chico de poco porte en busca del barco que se perdió, y quiso Dios que se toparon en la isleta donde estaban los tres españoles de los que se perdieron, con ahumadas que hacian de noche é de dia, é desque vieron el barco, se alegraron, y embarcados, vinieron á la villa, y llamábase el uno dellos Fulano Celiano, vecino que fué de Méjico.

Dejémonos desto, y digamos, como en aquella sazon nuestro capitan Cortés se venia ya para Méjico, tuvo noticia que en unos pueblos que estaban en unas sierras que eran muy agras se habian rebelado y hacian grande guerra á otros pueblos que estaban de paz, y acordó de ir allá ántes que entrase en Méjico; é yendo por su camino, los de aquella provincia lo supieron é aguardaron en un paso malo, y dieron en la rezaga del fardaje y le mataron ciertos tamemes y robaron lo que llevaban; y como era el camino malo, por defender el fardaje los de á caballos que los iban á socorrer reventaron dos caballos; y llegados á las poblaciones, muy bien se lo pagaron; que, como iban muchos mejicanos nuestros amigos, por se vengar de lo que les robaron en el puerto y camino malo, como dicho tengo, mataron y cautivaron muchos indios, y aun el cacique y su capitan murieron ahorcados despues que hubieron vuelto lo que habian robado; y esto hecho, Cortés mandó á los mejicanos que no hiciesen más daño, y luego envió á llamar de paz á todos los principales y papas de aquella poblacion, los cuales vinieron y dieron la obediencia á su majestad; y el cacicazgo mandó que lo tuviese un hermano del cacique que habian ahorcado, y los dejó en sus casas pacíficos y muy bien castigados, y entónces se volvió á Méjico.

Y ántes que pase adelante, quiero decir que en todas las provincias de la Nueva-España otra gente más sucia y mala y de peores costumbres no la hubo como esta de la provincia de Pánuco, y sacrificadores y crueles en demasía, y borrachos y sucios y malos, y tenian otras treinta torpezas; y si miramos en ello, fueron castigados á fuego y á sangre dos ó tres veces, y otros mayores males les vino en tener por gobernador á Nuño de Guzman, que desque le dieron la gobernacion, los hizo casi á todos esclavos y los envió á vender á las islas, segun más largamente lo diré en su tiempo y lugar.

Volvamos á nuestra relacion, y diré, despues que Cortés volvió á Méjico, en lo que entendió é hizo.