Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España (2 de 3) · Unidad 62 de 75

CAPÍTULO CLX. — parte 2

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Y estando que estábamos en una entrada con el capitan Luis Marin é un alcalde ordinario y todos los regidores de nuestra villa, viniéronnos cartas que habia venido al puerto un navío, y que en él venia Juan Bono de Quexo, vizcaino, é que habia subido el rio arriba con el navío, que era pequeño, hasta la villa, é que decia que traia cartas é provisiones de su majestad para nos notificar que luego fuésemos á la villa é dejásemos la pacificacion de la provincia; y como aquella nueva supimos, y estábamos con el teniente Luis Marin, así alcaldes y regidores fuimos á ver qué queria.

Y despues de nos abrazar y dar el parabien-venidos los unos y los otros, porque el Juan Bono era muy conocido de cuando vino con Narvaez, dijo que nos pedia por merced que nos juntásemos en cabildo que nos queria notificar ciertas provisiones de su majestad y de D. Juan Rodriguez de Fonseca, Obispo de Búrgos; que traia muchas cartas para todos.

Y segun pareció, traia el Juan Bono cartas en blanco con la firma del Obispo; y entre tanto que nos fueron á llamar en la pacificacion donde estábamos, se informó el Juan Bono quién éramos los regidores, y las cartas que traia en blanco escribió en ellas palabras de ofrecimientos que el Obispo nos enviaba si dábamos la tierra á Cristóbal de Tapia, que el Juan Bono no creyó que era vuelto para la isla de Santo Domingo; y el Obispo tenia por cierto que no le recebiriamos, é á aquel efeto envió á Juan Bono con aquellos recaudos; é traia para mí, como regidor, una carta del mismo Obispo, que escribió el Juan Bono.

Pues ya que habiamos entrado en cabildo y vimos sus despachos y provisiones, que nunca nos habia querido decir lo que era hasta entónces, de presto le despachamos con decir que ya el Tapia era vuelto á Castilla, é que fuese á Méjico, adonde estaba Cortés, é allá le diria lo que le conviniese; é cuando aquello oyó el Juan Bono, que el Tapia no estaba en la tierra, se puso muy triste, y otro dia se embarcó, é fué á la Villa-Rica, é desde allí á Méjico, y lo que allá pasó yo no lo sé; salvo que oí decir que Cortés le ayudó para la costa y se volvió á Castilla.

Y dejemos de contar más cosas, que habia bien que decir cómo siempre que en aquella villa estuvimos nunca nos faltaron trabajos y conquistas de las provincias que se habian levantado; y volvamos á decir de Pedro de Albarado cómo le fué en lo de Tutepeque y en su poblacion.