Versos, apenas versos · Unidad 11 de 73
Unidad 11 · LA MUJER 5 I
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LA MUJER 5 I
Templo de su hermosura, allí la encuentro, Que acude al fin á la anhelada cita, Acordes sonriendo ojos y labios Entre rubor, aurora de mi dicha.
O aparecer la miro soñadora, Al declinar la tarde en la ventana, Con sus ojos dos vésperos hermanos Que roban al del cielo las miradas.
Los lindos labios de coral desune, Cual si el espacio interpelar quisiera,
Y en los soplos, que al paso la recogen De su pecho y su amor viene la esencia. . . .
j Pero vana ilusión ! Fugaz instante Dura apenas la magia del recuerdo! Que el corazón de su invencible frío Implacable contagia al pensamiento.
Y se escapan y huyen las memorias, Como espantadas aves que, clamando, Tienden el vuelo sin querer posarse Ni en el florido arbusto ni en el árbol. . . .
Ya en vano me empinara porque viesen Mis ojos otjo instante esas visiones; Ellas huyendo siguen y se hunden
Y salvan para siempre el horizonte.
¡ Sin la estela siquier de la esperanza Desaparecen en el linde oscuro, Dejando ante mis ojos solamente El vacío y las sombras del sepulcro !
Versos, apenas Versos
Y como el ciego que en et alma guarda La idea de las tintas y tas formas, Así guardo en el turbio pensamiento, Fulgor de luz que muere, esas memorias.
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LA MUJER 53
PARA EL ÁLBUM DE LA SEÑORITA ELISA CARÍAS
l He de pedir á la olvidada lira Un canto del que seas musa y tema ? ¡ Tú, que eres ya de tí cabal poema De gracia, de pureza y discreción !
¿ Iré, necio, á ofrecer aroma al nardo
Y mejor tinta á la galana rosa ?
¿ Intentaría hacerte más hermosa
Y brindar luz al deslumbrante sol ?
I Qué á tí la poesía? Tú la llevas En tu ser todo, hasta en el nombre, Elióa, Bulle en los quiebros de tu alegre risa, Se escucha en tus plegarias murmurar ;
El profuso cabello agracia en crenchas, Triunfo^ suscita á tu mirar sereno, El compás rige del ondeante seno
Y pone en tu esbeltez aire real ;
Juega en las ondas de tu nivea falda, Tonos de cielo en su plegado anida
Y le presta la magia atribuida De Venus al radiante ceñidor ;
54 VERSOS, APENAS VERSOS
Suena como inefable melodía Cuando, para atraerte, se te nombra, Y, si atiendes, te sigue entre tu sombra, Del rítmico pisar con el rumor.
¿ Y luego dónde hallar bellas palabras De esas que á el alma dulce halago llevan, Y, halladas, cómo hacer que no se embeban Del negro hastío de la edad senil ?
Sí, que no curo ya de ver si grata A los rosados besos de la aurora De flores y diamantes se decora La esmeralda risueña del jardín ;
Ni sus aromas precio ya, ni miro Si en su redor la mariposa vuela, Si la esmalta la ardiente crisomela
Y aun la visita el colibrí fugaz.
Indiferente á todo, no me atraen Los aspectos magníficos del cielo, Ni satisface mi inconstante anhelo El vario panorama terrenal.
No apetezco ni gloria ni fortuna, Nada me inspira plácidos antojos, Muertos á la belleza están mis ojos
Y en mi pecho no anida la ilusión.
Enmudezco, por tanto ; la voz triste De la vejez, primero que homenaje, Pudiera aparecer como un ultraje á tu edad de esperanzas y de amor.