Versos, apenas versos · Unidad 36 de 73
Unidad 36 · MORALES I49
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MORALES I49
Ya que todo mi reposo Va contigo y mi ventura, En el regazo amoroso De tu sonreído esposo No olvides, no, mi ternura!
Y tú que, para gozarlo, Me has robado mi tesoro, Tente, al querer disiparlo, Ve que al sólo imaginarlo Tiemblo y despechada lloro.»
Y ansiando todo consuelo, Los ojos enrojecidos Puso un instante en el cielo, Y estas palabras de duelo. Dirigióle entre gemidos :
«Por qué, buen Dios, si tuviste El designio de arrancarla A mi vejez negra y triste, Por qué Señor, me la diste, Por qué me dejaste amarla?»
Confiada, los movimientos Del lecho con ojos fijos, Espía largos momentos, Y al fin prorrumpe en lamentos Que atraen á sus otros hijos,
5o VERSOS, APENAS -VERSOS
Y en vano, niña garrida Aún en la aurora ríente De una lisonjera vida, La abrazaba sonreída, E interpelaba inocente ;
Que ella en la estancia vacía Solo hallaba desengaños, Y el corazón le decía Que esotra también huiría, Al cumplir más bellos años.
Ah ! mísera : no imagina En su angustioso dolor, Que el árbol, por ley divina, A buscar la luz inclina A su renuevo y su flor.
Ni ve que toda mujer, De ley análoga en nombre, Siente el seno estremecer, Y la luz de su querer Busca en el amor del hombre.
Óyeme, madre cristiana, Y, al oír, más no te aflijas : Ya te vengará de Juana El tiempo : cual tú mañana Verá huir sus caras hijas. ■
MORALES
Que esa pena agobiadora, Óyelo, aunque mal te cuadre, Es una herencia, señora: Ayer la cogió tu madre, Tú la recoges ahora.
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I 52 VERSOS, APENAS VERSOS
ELEGÍA
¿Por qué llorarle, amigo, si muriendo Fué más feliz que atado á la existencia Próxima á declinar? Ah! si, le envidio: No miró decrecer los días fulgentes Del abrigado otoño hasta tornarse En larga noche nebulosa y fría, Sin luz para los ojos y sin fuego Para el amante corazón aún vivo.
Y murió, al cielo levantando iluso, Para después llevarla al riente labio, La copa del placer ornada en mirtos
Y rosas inmortales del Pierio.
« Murió cuando la musa cariñosa Venía por la noche á su almohada, Besábale en la frente y, ya despierto, Le mostraba, pasando en las cortinas De su lecho y en vividos colores, Escenas inefables, que él creía
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Aspectos de la dicha con que el Hado Su amor iba á premiar y sus virtudes. Murió oyendo los plácidos requiebros
Y la lisonja siempre verosímil
De la esperanza enamorada eterna Del rostro sonrosado que coronan Aún negros y abundosos los cabellos.
Su vida se extinguió, como en tas naves Del templo la plegaria de una virgen ; Como aroma de vino bendecido En el cáliz dejado sobre el ara: Como esplendor de cielo que se hunde En el tenue vapor del horizonte,
Y deja que la noche lentamente Borre la esteta que pintó de oro Sobre el azul plomizo de la tarde.
Fué el cisne que, encontrando su pureza Digna de otra región, las alas tiende, Prorrumpe en dulce canto nunca oído^ Piérdese, inmaculado, entre las nubes,
Y deja en las pupilas que lo siguen
Todo el deslumbramiento de su albura. . . .
Ah ! cómo, en los instantes en que vaga Sin rumbo S pensamiento, es atraído Por su memoria, y á mis ojos vienen Las páginas serenas de su vida ! . . . .
Ya sin padre nació ; mas no in felice : Fué tu gemelo, y dividió contigo La viril enseñanza, el sano afecto